Donald Trump, JD Vance y Elon Musk, en el partido de fútbol americano Army-Navy, en Landover, Maryland, hace un año.

Donald Trump, JD Vance y Elon Musk, en el partido de fútbol americano Army-Navy, en Landover, Maryland, hace un año. Brian Snyder Reuters

EEUU

JD Vance recompone la relación entre Trump y Musk para colocarse a la cabeza de la línea sucesoria de los republicanos

Tras meses de maniobras internas, el vicepresidente de Estados Unidos ha logrado que el hombre más poderoso del mundo y el hombre más rico del mundo firmen una tregua que, no obstante, destila fragilidad.

Más información: La incursión política de Elon Musk lleva a Tesla a cerrar su segundo año consecutivo con recortes en las ventas

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Las claves

JD Vance ha mediado con éxito para recomponer la relación entre Donald Trump y Elon Musk, tras varios enfrentamientos públicos y políticos.

Elon Musk, inicialmente clave en el proyecto de recortes federales de Trump, se volvió impopular dentro del equipo republicano y consideró fundar su propio partido.

Gracias a las gestiones de Vance, Musk ha suavizado su postura, se ha reincorporado al entorno republicano y ha reconsiderado sus donaciones políticas.

Se rumorea que Vance busca posicionarse como potencial candidato presidencial en 2028, contando con el apoyo del magnate sudafricano.

Hace ahora un año, pocas semanas después de obtener su segunda gran victoria electoral, Donald Trump decidió que era más entretenido contar los días que le quedaban para regresar a la Casa Blanca en compañía de su mejor donante: Elon Musk.

El magnate sudafricano, considerado el hombre más rico del mundo en todas las listas imaginables, había invertido más de 288 millones de dólares a favor del Partido Republicano durante el ciclo electoral de 2024 y ahora llegaba el premio: compadrear con el próximo presidente de Estados Unidos en su casa de Palm Beach. Ese famoso resort llamado Mar-a-Lago.

Las últimas semanas de 2024 sirvieron, también, para perfilar lo que Trump definió como el "Proyecto Manhattan de nuestro tiempo"; una alusión a la labor investigadora llevada a cabo por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial que dio como resultado las primeras armas nucleares.

En esta ocasión no se trataba de armamento bélico, aclaró Trump, sino de una gigantesca motosierra (metafórica) bautizada como Departamento de Eficiencia Gubernamental y que pasará a la historia por su acrónimo: DOGE. ¿Su objetivo? Recortar la masa de trabajadores federales –o sea: funcionarios– hasta dejarla en mínimos y tratar de mejorar, así, el dinamismo y la eficiencia de los distintos aparatos del Gobierno.

Para ello Musk y Trump acordaron sumar al empresario del sector biotecnológico Vivek Ramaswamy a la aventura. También acordaron que ambos –Musk y Ramaswamy– informarían periódicamente al nuevo director de la Oficina de Presupuesto, Russell Vought, de sus logros. Vought, cabe aclarar, era una persona que llevaba mucho tiempo abogando por recortes radicales en el entramado federal. Era, en fin, un simpatizante.

Caída de popularidad

Siguiendo la lógica aplicada previamente a muchas de sus empresas, en cuanto Trump regresó a la Casa Blanca el multimillonario sudafricano comenzó a pasar la tijera sin un atisbo de moderación.

DOGE inició una ofensiva sin precedentes en las agencias federales, eliminando fuerza laboral y desmantelando organizaciones enteras. Incluida la famosa Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, o USAID, vista por el trumpismo como un gasto innecesario y, sobre todo, absurdo para los estadounidenses pese a su potencial como herramienta diplomática.

Semejante ola de recortes, sumada a las performances del propio Musk, que se presentaba en saraos del Partido Republicano blandiendo motosierras de verdad, no tardó en convertirle en alguien bastante impopular también dentro del equipo de Trump.

Hubo quien sintió, en fin, que estaba yendo demasiado lejos y en el propio Congreso empezó a ser recibido con enorme rechazo. También por los legisladores del Partido Republicano.

"Él estaba acostumbrado a comportarse como un emperador", le comentaba hace unos días al Washington Post un colaborador de Musk (que habló con el periódico capitalino a condición de que no saliese su nombre). Precisamente por eso, añade esta persona, nunca se dio a la "intriga política" y, consecuentemente, "en el Congreso no se le respetó".

Esto último, sumado a cómo su imagen pública estaba afectando negativamente a una de sus empresas, Tesla, contribuyó a su retirada de la primera línea política a finales del pasado mes de mayo. Mucho antes de lo acordado inicialmente con Trump.

Para entonces sus enfrentamientos con varios primeros espadas del equipo de Trump –Scott Bessent, secretario del Tesoro; Marco Rubio, secretario de Estado; un poderoso asesor de la Casa Blanca llamado Sergio Gor…– ya se habían convertido en un asunto de interés público (y en la comidilla de un sinfín de corresponsales políticos).

Donald Trump y su vicepresidente, JD Vance, este martes en la Casa Blanca.

Donald Trump y su vicepresidente, JD Vance, este martes en la Casa Blanca. Reuters

El affaire Isaacman

El enfrentamiento entre Musk y Gor no fue el más llamativo desde un punto de vista mediático, pero sí fue el que más consecuencias tuvo. Principalmente porque el último día de Musk como empleado especial del gobierno Gor proporcionó a Trump documentos que demostraban que un multimillonario llamado Jared Isaacman –vinculado a SpaceX, otra de las empresas de Musk, y el elegido de este para dirigir la NASA– había donado dinero al Partido Demócrata.

Gor sabía que Trump no impulsaría la carrera de alguien que no compartiese su ideología y por eso no sorprendió a nadie –salvo a Musk– que al enterarse de esas donaciones decidiese retirar la nominación de Isaacman a la NASA. Algo que Trump anunció a través de su propia red social: Truth Social.

Tres días después, Musk arremetió públicamente –en una entrevista concedida a la cadena CBS y también a través de su propia red social: X– contra la legislación fiscal y de inmigración acuñada por Trump conocida como One Big Beautiful Bill y un poco más tarde, ya en junio, acusó al presidente de figurar en los archivos vinculados al fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein.

El enfrentamiento entre ambos llegó a tal punto que un mes después, en julio, Musk anunció que fundaría un nuevo partido político con el fin de "devolver la libertad" a los ciudadanos de Estados Unidos. Dijo que lo llamaría Partido de América.

Al saber del anuncio una parte del ecosistema MAGA –es decir: del trumpismo– se quedó petrificado. A esas alturas del mandato era bien sabido que Musk no era un buen activo en términos políticos dada la impopularidad que arrastraba. Su dinero, en cambio, seguía siendo útil. Muy útil. Además: fundar un partido con intención de disputar el terreno del Partido Republicano prometía fragmentar a la derecha estadounidense.

Vance al rescate

Para entonces J.D. Vance ya llevaba tiempo intentando rebajar la tensión entre Musk y Trump. En parte por amistad –el vicepresidente y el magnate sudafricano son viejos amigos gracias a compartir conocidos en Silicon Valley– y en parte porque Vance tiene aspiraciones políticas dentro del Partido Republicano que van mucho más allá del propio Trump.

Se rumorea, de hecho, que podría postularse como candidato presidencial en 2028. Y para eso vendría muy bien tener al hombre más rico del mundo de su lado.

El caso es que, según ha desvelado una investigación llevada a cabo por tres periodistas del Washington Post, ahora sabemos que Vance se ha pasado meses al teléfono contactando, por un lado, con gente cercana a Musk y, por el otro, con figuras prominentes del Partido Republicano. El objetivo: calmar las aguas, recuperar la cordialidad y, sobre todo, enterrar el proyecto político de Musk en el último cajón posible.

No ha sido tarea fácil. "Cuando Elon habla hay dos posibilidades", declaró a los periodistas del diario capitalino un antiguo colaborador suyo. "O te dice lo que va a hacer o está intentando hacerse el gracioso". Lo del Partido de América, añade esta persona, "no sonaba como una gracieta".

Sin embargo, a base de llamadas y reuniones, Vance consiguió que se volviese a nominar a Isaacman para comandar la NASA (acaba de ser nombrado oficialmente para el puesto). Además, logró que Sergio Gor fuese alejado de la Casa Blanca y enviado a cubrir un puesto en el exterior. Ambas cosas suavizaron la postura de Musk.

Con todo, a la hora de conseguir que Musk vuelva al redil Vance ha tenido a su favor dos circunstancias totalmente ajenas a sus maniobras. Por un lado, la gente a la que el magnate sudafricano tanteó dentro del Partido Republicano para diseñar su propio proyecto político no quiso entrar al juego. En segundo lugar, y sobre todo, está el asesinato, el pasado 10 de septiembre, del activista conservador Charlie Kirk durante un acto celebrado en una universidad de Utah.

Es más: durante el acto celebrado en memoria de Kirk los periodistas observaron a Trump y Musk conversando y estrechándose la mano. Musk publicó posteriormente una foto de la interacción en sus redes sociales con el siguiente texto: "Por Charlie". La Casa Blanca retuiteó el mensaje.

Según personas de su entorno, aquella tragedia fue el último empujón a la hora de estrechar lazos de nuevo con gente importante dentro del Partido Republicano.

A lo largo de esas semanas incluso llegó a expresar su deseo de volver a participar activamente en política, aunque asumiendo un rol más discreto. A finales del 2026, recordemos, Estados Unidos celebrará las elecciones de medio mandato –las famosas midterms– que determinarán qué partido controlará el Senado y la Cámara de Representantes, o sea el Congreso, durante los dos últimos años del mandato de Trump. Su dinero podría venir muy bien.

"El esfuerzo realizado por Vance y otros funcionarios de la Casa Blanca durante meses ha dado resultado", sentenciaba la investigación del Post. "Tras descartar lo de montar un tercer partido, Musk reapareció en la Casa Blanca el pasado noviembre para asistir a la cena celebrada en honor del príncipe heredero Mohamed bin Salmán de Arabia Saudí".

Poco después de aquel convite Musk deslizó, en privado, que está considerando reprogramar sus donaciones al Partido Republicano no solo de cara a las midterms sino también de cara a las presidenciales del 2028… y a las presidenciales del 2032. En ambas, según cuenta la revista Politico tras acceder a conversaciones que ha mantenido con varios colaboradores, quiere ver ganar a su amigo Vance.