Una residente de La Habana rellena una botella de agua potable en pleno apagón.
Los cubanos estallan contra el castrismo entre apagones, carestía y represión: "Esto ya pasaba antes de Trump”
La vida en la isla es cada vez más difícil. El pueblo lleva casi 70 años luchando contra la escasez. Después de Maduro, sueña con que los estadounidenses se lleven también a los Castro.
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El pasado sábado 21 de marzo, a las 18:38 hora local de Cuba, la red eléctrica de la isla sufría la segunda desconexión total en menos de una semana. Faltaban pocos minutos para que el sol se ocultara, dejando que la oscuridad cubriera de nuevo la miserable existencia del pueblo cubano.
El apagón nacional del lunes anterior duró 30 horas. En cuanto se restableció el servicio, Yadira, de 47 años, llevó a su hija Odalys al Hospital Dr. Ernesto Guevara de Las Tunas, su pueblo natal. No quería que otro corte del servicio complicara el parto de su cuarta nieta.
La niña nació en la madrugada del jueves 19 de marzo. Aunque llegó prematura, no fue necesario meterla en la incubadora. "¡Menos mal! No me fío de que la electricidad funcione. "Le echan la culpa a Trump. Pero esto ya pasaba antes del bloqueo", añade.
Como la niña, la abuela es una luchadora: "Un día iba para mi pueblo y me tropecé con unos tipos que estaban increpando a un pobre hombre ", relata. Resultó que eran miembros de la Seguridad del Estado que amenazaban a aquel sujeto por vender algo ilegal en la calle.
"El policía le había retirado la documentación y lo amenazaba con una multa de 8.000 dólares. En Cuba, eso es condenarte para siempre", cuenta. Yadira se encaró con el funcionario. Pasaron a los insultos y el asunto se zanjó con una condena de cinco años de cárcel en la prisión de Camagüey.
"Me metieron presa 'de conciencia'", asegura. "Cumplí algo más de cuatro años y salí en 2022. Me soltaron porque tenía un problema de vesícula y no querían operarme en la cárcel.
"Las condiciones de los hospitales en la isla son una vergüenza", asegura. Para mostrarlo manda imágenes y vídeos que confirman el estado de las infraestructuras públicas del país. "Vivir aquí es un milagro de Dios", afirma.
Hospital Dr. Ernesto Guevara. Las Tunas (Cuba) pic.twitter.com/8fRpFj2gp1
— Luis Ezcurra (@LuisEzcurra33) March 23, 2026
Hablar de escapar de la isla es solo para privilegiados: "Hace falta mucha plata", explica. El Gobierno restringe la emisión de pasaportes. No todos pueden conseguir el documento que les permita volar fuera del país: Yadira tuvo que vender su casa para poder sacar a su hija mayor.
Según la madre, la joven se vio envuelta en un episodio de acoso por parte de un funcionario de la Seguridad del Estado y tuvo que "arreglárselas" para alejarla de allí. "Ahora creo que está en Brasil. Hace cinco meses que no sé nada de ella", cuenta.
La 'sala de espera' del Hospital Dr. Ernesto Guevara en Las Tunas (Cuba). Cedida.
La vida cotidiana es un milagro que no cesa: "La mitad de los habitantes viven de un sueldo de miseria y la otra mitad, de la caridad", explica. El salario medio está por debajo de los 120 euros. El 70% del comercio minorista está en manos de GAESA, un conglomerado de empresas estatales que depende de las Fuerzas Armadas.
Vivir hoy en Cuba
En las tiendas oficiales solo se puede comprar en dólares, pero los bancos no facilitan la moneda. Los familiares que viven fuera abastecen de divisas a las familias locales para que puedan comer. Ese dinero va a parar directamente a manos del Estado.
El exilio es abrumador: se estima que cerca de tres millones de cubanos viven fuera de su país. Cerca del 90% emigraron a EEUU, sobre todo a Florida, donde radica la comunidad más numerosa. España es el segundo destino, con una población de casi 300.000 residentes.
Disponer de dólares puede convertirse en una cuestión de vida o muerte. Tras el parto, la hija de Yadira debía someterse a una operación. Aunque contaba con la autorización del médico de guardia, el cirujano se negaba a practicarla. "Decía que no tenía tiempo", explica la abuela. "Con dólares, seguro que habría hecho un hueco", añade.
Promotor de la democracia
Liberto es ingeniero. Nació en la provincia de Santa Clara hace 65 años. Como la mayoría de sus convecinos, militaba en el Partido Comunista de Cuba. Se define como una persona curiosa y relata que devoraba la información que le llegaba a través de las revistas que enviaba la URSS a la isla en los años 70.
Con cierta ironía cuenta que su interés por el 'mundo libre' se despertó gracias a esas mismas publicaciones soviéticas. En 1985, Mijaíl Gorbachov impulsó la Glásnost (transparencia). Desde entonces, los contenidos se alejaron del férreo modelo de la dictadura comunista.
En 1991 llegó la Perestroika (renovación) que concluyó con la disolución de la Unión Soviética y el final del dominio comunista en Rusia. "Pero las revistas seguían llegando. Los nuestros no se habían enterado de que el mundo estaba cambiando ", cuenta entre sorprendido y divertido.
La apertura al mundo libre lo empujó a militar en una especie de movimiento ciudadano que impulsaba la cultura y la democracia. El resultado: le echaron del partido y del trabajo.
Las calles de La Habana.
Poco después, creó una institución para fomentar el debate sobre la libertad política. La 'tapadera' fue un club de pesca cuyos miembros se reunían todos los sábados a orillas del río a hablar de política. Alguien los delató y Liberto acabó recibiendo una paliza en el calabozo.
Su grupo continuó en la clandestinidad y se unió al Concilio Cubano, la plataforma que coaligó en los años 90 a la oposición al régimen castrista. Su líder más destacado, Oswaldo Payá, murió en 2012 en accidente de tráfico.
En 1999 se celebró en La Habana la Cumbre Iberoamericana. El Rey Juan Carlos I y la Reina Sofía asistieron en representación de España, acompañados del presidente José María Aznar. Liberto lideró una 'cumbre paralela' para llamar la atención de los mandatarios que acudían a la oficial sobre la situación de pérdida de libertad en Cuba.
Como consecuencia de aquellas acciones, fue detenido, juzgado y condenado a 20 años de cárcel por actividades subversivas. Ahora reside en su provincia natal y sigue impulsando el amor por José Martí, la poesía cubana y la libertad.
Vientos de cambio
Desde su perspectiva, el bloqueo de Trump, aunque causa daño al pueblo, tiene una buena intención: provocar la revuelta interna que justifique una intervención para derrocar al régimen. Los que piensan como él consideran que el presidente Miguel Díaz-Canel está amortizado y debería ser expulsado.
Liberto cree que en Cuba no es posible una transición como la de Venezuela. Dentro de la isla no hay una oposición estructurada como tal y el castrismo es una roca. A pesar de sus 94 años, Raúl Castro mantiene el poder bajo su control a través de la siguiente generación.
Las figuras que podrían liderar la transición son Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl y jefe del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl y su guardaespaldas personal, y Óscar Pérez-Oliva Fraga, ingeniero y sobrino nieto de Fidel. Con diferencia, el más preparado de los tres.
Yadira hace el signo de la libertad rodeada de sus hijas en su casa de Las Tunas (Cuba). Cedida.
A mediados de marzo, se filtró la noticia de que el secretario de Estado Marco Rubio entabló conversaciones secretas con Raúl Rodríguez Castro, "El Cangrejo", quien estaría en buena disposición para asegurar un traspaso controlado del poder a la siguiente generación dentro del castrismo.
Mientras tanto, la vida en Cuba sigue transcurriendo en el filo de la supervivencia. Javier Larrondo, empresario español de 55 años, fundó la plataforma Prisoners Defenders, a la que ha dedicado los siete últimos años de su vida.
Su organización denuncia los casos de encarcelamiento por disidencia y apoya a los presos políticos con asistencia jurídica y humanitaria. Entre sus logros, cuenta la carta que la ONU dirigió al Gobierno de Cuba en 2019 denunciando los "casos de esclavitud" asociados a la expatriación de médicos en todo el mundo.
La plataforma que preside Larrondo ha documentado 1.214 casos de presos políticos. Cuando se le pide su opinión sobre el posible proceso de transición es claro: "Los que están instalados no van a claudicar con facilidad", dice.
"Son casi 70 años al frente del país. Su modo de vida es el poder. Va a ser muy difícil arrancarlos de ahí si no hay una reacción interna". Quizá los apagones, la falta de agua, de alimentos y medicinas levante a los cubanos, pero este es un pueblo que se ha acostumbrado a soportarlo todo.