Un hombre pensativo, se mantiene sentado cerca de una foto de Fidel Castro. Reuters
El dilema del exilio cubano ante el diálogo con EEUU: entre la "Cubastroika" negociada con los Castro y el afán de ruptura total
El debate sobre el futuro del país divide profundamente a la oposición cubana en el exilio. Desde el sector duro, que aboga por una ruptura total con el régimen, a la salida negociada, defendida como una opción pragmática.
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Durante más de seis décadas, la política cubana ha estado marcada por la familia Castro, que ha gobernado la isla del Sur de América desde 1959, con la llegada al poder del histórico dictador comunista Fidel Castro. Tras su muerte, dejó paso a Raúl Castro, su hermano.
El presidente actual en Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha apuntado este viernes en una inusual comparecencia, que actualmente se encuentra en conversaciones con Estados Unidos, con el objetivo de que esta apuesta por "el diálogo" llevada a cabo por el Gobierno cubano sirva para solucionar el bloqueo energético que sufre la isla.
En este momento, Cuba ha entrado en un periodo de asfixia internacional al régimen, especialmente desde la caída de Nicolás Maduro en Venezuela.
Esta declaración del mandatario cubano ha llegado en un momento especialmente crítico para la isla del Caribe, debido al bloqueo energético ejecutado por EEUU al suprimir el suministro de petróleo venezolano al territorio cubano.
En la actualidad, Miami, Madrid o Ciudad de México son las principales ciudades donde diversos activistas, intelectuales y organizaciones opositoras discuten la cuestión clave. ¿Cómo debe producirse la transición cubana, impulsada desde EEUU por la Administración Trump?
Este debate sobre el futuro político del país divide profundamente a la oposición en el exilio. La respuesta a esta pregunta dista de ser unánime por parte de los opositores cubanos en el exilio.
Existe un sector más duro, encabezado por Rosa María Payá, que defiende una ruptura total con la dictadura.
Por otro lado, otros opositores son más pragmáticos, y apuestan por una transición negociada con sectores del régimen. Una línea impulsada por el fallecido escritor cubano Carlos Alberto Montaner, que defendió la tesis de una salida pacífica y negociada para poner fin al régimen.
El propio Trump ha alimentado la posibilidad de que se produzca una "toma de control amistosa", aunque dejando espacio a la posibilidad de que ésta se lleve a cabo de forma contraria, al dejar la puerta abierta a una incursión a la fuerza en territorio cubano porque, dice, "están acabados".
La incertidumbre sobre el futuro de la isla ha vuelto al primer plano, después de que el propio Trump haya sugerido recientemente que la caída del régimen sería "la guinda del pastel", a la vez que ha insinuado que su ejecutivo mantiene contactos indirectos con sectores del poder de La Habana.
Mientras la crisis económica se agrava y Washington intensifica su presión, expertos y opositores coinciden en un diagnóstico sobre la situación en Cuba. La estructura cerrada del poder en la isla hace casi imposible prever cómo y quién podría liderar una eventual transición política.
Decenas de estudiantes se manifiestan debido a los continuos cortes de luz. Reuters
La realidad de la isla, tras la captura de Nicolás Maduro y la pérdida de su principal socio en la región, es de una situación insostenible, producida por la asfixia económica, al ser Venezuela el principal proveedor de petróleo de Cuba.
El envío de crudo empezó con un acuerdo firmado en 2000 entre Hugo Chávez y Fidel Castro, por el que la isla caribeña recibía petróleo en condiciones económicas muy favorables. A cambio, desde Cuba, enviaban médicos, profesores y analistas a un nivel competitivo.
Esto permitió durante décadas sostener la economía cubana, a pesar del bloqueo económico desde EEUU, producido desde 1960.
Un sistema sin fisuras
A pesar de la situación que se respira en Cuba, con continuos cortes de luz, falta de suministro y una población que en su mayoría desea que el régimen llegue a su fin, la salida no es sencilla.
Diferentes especialistas en política cubana advierten de que la opacidad del sistema hace extremadamente difícil anticipar cómo se produciría un cambio de régimen.
Las palabras de Díaz-Canel este viernes, respecto a la existencia de contactos entre Cuba y EEUU, señalan que hay un intento de resolver las diferencias entre ambos ejecutivos. "Los contactos están orientados a buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias entre ambos Gobiernos", ha señalado el mandatario.
Ha explicado, además, que el primer paso será "identificar los problemas que necesitan solución y las posibles soluciones", si bien ha matizado que cualquier acuerdo aún está "lejos".
Según analistas citados por la agencia EFE, los regímenes de tipo totalitario como el que lleva gobernando Cuba desde hace más de seis décadas, se caracterizan precisamente por su hermetismo. Esto impide identificar con claridad posibles figuras de transición dentro del poder.
El politólogo Sebastián Arcos, del Instituto de Investigaciones Cubanas de la Universidad de Florida, señala que en Cuba es prácticamente imposible saber quién podría desempeñar un papel similar al que algunas figuras han tenido en otros procesos políticos en América Latina, solución que estaría tratando de explorar la Administración estadounidense.
Sin embargo, Arcos también advierte que, a diferencia de Venezuela, donde los diferentes sectores del chavismo se dividieron, en Cuba el poder político continúa estrictamente centralizado.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, durante una visita internacional. Reuters
Es por ello que, desde el Gobierno de EEUU, el plan diseñado por la administración estadounidense podría ser una especie de "Cubastroika", es decir, un acuerdo con el castrismo, que incluya una salida negociada de Díaz-Canel, a la vez que relajan las sanciones que sufre la isla.
En todo caso, Arcos ve con gran dificultad esta posibilidad, ya que asegura que "Cuba no es Venezuela", donde fue "más fácil identificar actores dispuestos a negociar" a espaldas de un poder más difuso, en referencia a la actitud de la actual presidenta venezolana, Delcy Rodríguez.
"Cuba es un régimen totalitario desde hace casi 70 años, donde el poder está extremadamente jerarquizado. El precio de negociar con EEUU a espaldas del líder es la muerte", advirtió el politólogo.
La pobreza con la que tienen que convivir los habitantes de la Habana. Reuters
Con sus palabras coincidió el historiador Madison Andrés Pertierra, quien en declaraciones a EFE, aseguró que "en Cuba hay una élite mucho más cohesionada", respecto a Venezuela, y que "resulta difícil imaginar" que algún miembro de la cúpula de la élite cubana acceda a negociar.
Ruptura total
En este escenario, la comunidad del exilio —especialmente influyente en Estados Unidos— aspira a jugar un papel en cualquier eventual proceso de transición.
Según Arcos, los opositores cubanos ya están coordinándose con la Administración para tener un rol activo en la transición, algo necesario, ya que para él, en Washington necesitan a esta oposición exiliada para "entender el terreno político" y para "garantizar la legitimidad" del proceso.
Además, Pertierra advirtió de que desde el Partido Republicano no se puede hacer la transición cubana de cualquier modo, ya que "la diáspora cubana en los EEUU está bien organizada", a la vez que "tiene historial de castigar electoralmente" cuando violan los intereses de Cuba.
De hecho, a pesar de que el exilio cubano está dividido en su voto en Estados Unidos, una mayoría, especialmente en Florida tiende a apoyar al Partido Republicano, e incluso algunos se sienten identificados con la política de Donald Trump, con su referencia a MAGA (Make America Great Again).
Manifestación de cubanos en el exilio en Miami, que solicitan una intervención en La Habana a Donald Trump. Reuters
En todo caso, dentro del exilio cubano existen fuertes discrepancias. Mientras algunos defienden una ruptura total con el sistema político instaurado en 1959, otros consideran que cualquier cambio realista deberá implicar algún tipo de negociación con sectores del actual poder.
Activistas como Rosa María Payá, fundadora de la plataforma Cuba Decide, defienden que la única salida legítima pasa por un cambio político completo que incluya elecciones libres, pluralismo de partidos y supervisión internacional.
Para este sector crítico, permitir que dirigentes vinculados al poder actual dirijan una transición podría derivar en una reforma superficial que mantenga intacto el monopolio político del Partido Comunista.
Transición negociada
Otros opositores consideran, sin embargo, que un cambio radical e inmediato podría ser poco realista. Este sector está encabezado por escritores, socialdemócratas y activistas.
Entre ellos, destaca el escritor y analista político Carlos Alberto Montaner, fallecido en 2023 en Madrid, ha sido una de las voces más influyentes del exilio durante décadas.
Durante su vida defendió la idea de una transición negociada en la que sectores del propio sistema participaran en la apertura democrática.
Compartían su visión otros opositores cercanos a las ideas socialdemócratas, como Manuel Cuesta Morúa, que es de los pocos que ha optado por permanecer viviendo dentro de Cuba, lo que le ha costado entrar en prisión hasta en tres ocasiones.
Otros opositores en el exilio que han validado la idea de una transición negociada con el régimen cubano llegan desde el campo de la politología y el activismo por los derechos humanos.
A este respecto destaca la politóloga Marifeli Pérez-Stable, cuya familia tuvo que exiliarse en los años 60, al principio de la dictadura o el activista Orlando Gutiérrez-Boronat, actual líder del Directorio Democrático Cubano, ambos residentes en Miami.
Para estos opositores, el precedente más cercano sería el proceso político vivido en España tras la muerte del dictador Francisco Franco, cuando antiguos miembros del régimen participaron en la construcción del nuevo sistema democrático.