El presidente cubano Miguel Díaz‑Canel ondea una bandera cubana junto con otras personas durante una marcha frente a la Embajada de EEUU.

El presidente cubano Miguel Díaz‑Canel ondea una bandera cubana junto con otras personas durante una marcha frente a la Embajada de EEUU. Norlys Perez Reuters

América

"Nos queda petróleo para 15 o 20 días": Trump asfixia al régimen cubano con su presión sobre Venezuela y México

Tras cortar el suministro de petróleo a la isla desde Venezuela, Trump ha amenazado a Claudia Sheinbaum con sanciones económicas si sale en ayuda del régimen de Miguel Díaz-Canel, que puede tener los días contados.

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Las claves

Trump ha intensificado la presión sobre Cuba restringiendo severamente sus importaciones de petróleo, principalmente a través de Venezuela y México.

Cuba solo ha recibido un cargamento de petróleo de México en enero, lo que deja a la isla con reservas para apenas 15 o 20 días.

La administración Trump advierte a México sobre las consecuencias de seguir suministrando crudo a Cuba, haciendo énfasis en la dependencia comercial mexicana de EE.UU.

La falta de apoyo de Rusia y China agrava la crisis energética y económica en Cuba, poniendo al régimen de Díaz-Canel en una situación muy delicada.

Los padres de Marco Rubio se marcharon de Cuba a Estados Unidos en 1956, pocos meses antes de que Fidel Castro desembarcara en la isla desde su exilio en México junto a 82 hombres, se atrincherara en Sierra Maestra y organizara desde ahí el llamado "ejército revolucionario".

Rubio aprendió de sus padres el idioma, la capacidad de resistencia y de adaptación… y el odio a la dictadura castrista. Un odio que permeó su carrera como político en Florida desde el primer día.

De ahí que, donde Trump ve un inmenso negocio petrolífero y donde los defensores de la ampliación de la Doctrina Monroe ven un dominio político de América Latina, Rubio vea, sobre todo, la liberación del pueblo de sus padres. Una liberación que, bien lo sabe, solo puede llegar por la fuerza.

Mientras buena parte del movimiento MAGA, con Steve Bannon y el propio vicepresidente J. D. Vance al frente, recelaba de una intervención en Venezuela al considerar que el ciudadano de a pie quería ver sus problemas resueltos y no ampliados con guerras en el exterior, Rubio seguía luchando por convencer a Trump de la necesidad de la operación.

Así hasta que lo logró, probablemente después de hablar varias veces con Delcy Rodríguez y asegurarse de que habría una transición pacífica que evitara el despliegue de tropas estadounidenses en el país caribeño.

Por la mente de Trump, ya decimos, pasaban barriles de petróleo, inversores y oportunidades de negocio. Por la de Rubio, pasaba el ahogo final a la isla y, en consecuencia, a los restos del régimen castrista, personificado en la actualidad por Miguel Díaz-Canel.

Si caía Nicolás Maduro y Estados Unidos podía controlar Venezuela, Rubio sabía que Cuba perdería a su primer proveedor de petróleo.

Sin petróleo, o con unas restricciones severísimas, la mecha de la contrarrevolución habría de arder y la posición de Díaz-Canel se haría más precaria.

Dicho y hecho. A lo largo del mes de enero, las importaciones de crudo se han reducido en Cuba a una décima parte de la media diaria del año 2025. Sólo México ha colaborado con un cargamento de 84.900 barriles, depositado en la isla el 9 de enero.

Presión sobre Sheinbaum

El asunto, pues, es apretar ahora a México y en eso está la Administración Trump. Aunque Claudia Sheinbaum ha declarado esta misma semana que "mantendrá los lazos históricos de amistad con la República de Cuba", lo cierto es que el presidente estadounidense ya le ha dejado claro en primera persona que más le vale no vender más petróleo a la isla.

¿Se atreverá a bombardear los barcos mexicanos como hizo con los venezolanos? Sheinbaum, desde luego, no quiere averiguarlo.

La amenaza no es solo militar, que también, pues Trump ya amenazó con intervenir en las zonas de México donde observe actividad de los cárteles que luego operan en Estados Unidos, sino económica.

Comercialmente, México depende de Estados Unidos casi tanto como Cuba dependía de Venezuela y el acuerdo trilateral con Canadá debe renovarse este mismo año.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos; Claudia Sheinbaum, presidenta de México; y Mark Carney, primer ministro de Canadá.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos; Claudia Sheinbaum, presidenta de México; y Mark Carney, primer ministro de Canadá. Reuters

Teniendo en cuenta la horrible relación entre Trump y el primer ministro Mark Carney, Sheinbaum tiene la oportunidad de convertir a su país en un socio privilegiado de la superpotencia norteamericana… y no quiere desaprovecharla.

Sin apoyo exterior alguno, Cuba se encuentra, por lo tanto, ante una situación límite.

Con serios problemas en la industria turística por las turbulencias políticas de la zona y con una escasez histórica en la producción de azúcar, su economía puede sufrir un varapalo que ahonde en la pobreza de la isla.

Si eso hará caer al Gobierno o dañará aún más a los ciudadanos de a pie, no es fácil saberlo. Tampoco parece que ni Rubio ni Trump se hayan parado demasiado a pensarlo.

Evitar un nuevo Bahía de Cochinos

En cualquier caso, este "estrangulamiento" de Cuba evitaría una intervención militar al estilo de la auspiciada por John F. Kennedy en Bahía de Cochinos, uno de los fracasos más sonados de la inteligencia estadounidense a lo largo del siglo XX.

Si Díaz-Canel decide aguantar, tendrá que hacerlo con el apoyo de sus socios tradicionales, es decir, de Rusia y de China. El problema es que China no exporta petróleo y Rusia no lo hace a Cuba desde el pasado mes de octubre.

En otras palabras, no estamos en 1961 ni en 1962, cuando la famosa "crisis de los misiles" tuvo al mundo al borde de la Tercera Guerra Mundial.

No es probable que Rusia vaya a desafiar ningún bloqueo o al menos no se puede decir que Vladímir Putin se esté esforzando demasiado en ayudar a sus aliados desde que se metiera en la absurda guerra contra Ucrania. Una guerra que pronto cumplirá cuatro años de gastos monumentales en vidas humanas y recursos materiales.

La situación es tan alarmante que, según Victoria Grabenwoeger, analista de datos de la empresa Kpler, a Cuba le quedarían "quince o veinte días" de normalidad en el uso del petróleo… si al cargamento del 9 de enero le sumamos las supuestas reservas que Cuba tendría de crudo venezolano.

A partir de ahí, la escasez, el ahorro a toda costa y la pobreza energética más absoluta. Trump está convencido de que "el régimen está a punto de fracasar", pero es un régimen que lleva casi setenta años agarrándose al poder a costa de la miseria de su pueblo. Algo sabe de resistencia, vaya, y Rubio debería ser el primero en no subestimar al enemigo.