África

Mohamed VI visita 4 días después la zona del seísmo mientras los marroquíes salen adelante sin ayudas

Los afectados por el terremoto de Marruecos critican que entre las primeras 24 a 48 horas "la ayuda del gobierno y organizaciones internacionales ha sido mínima".

13 septiembre, 2023 03:20
Casablanca

Un joven sube corriendo por una montaña de escombros. Al rato, baja cargado con una bolsa llena de piedras. Las esparce por el suelo. Un señor con unos cuantos años a su espalda arrastra una pala larga con la que recoge los restos de una pequeña parte de las ruinas del edificio donde hace unos días vivía alguno de sus vecinos. En algunos rincones del faldón del Alto Atlas marroquí ya no conocen la pena. La desesperación de la muerte de familiares y amigos se ha disuelto con el desasosiego.

Tuvieron que pasar casi 24 horas desde el seísmo para que el rey Mohamed VI volviera a Rabat. A pesar de su segunda aparición entre los pasillos del Hospital Universitario de Marrakech que lleva su nombre, las críticas aprietan desde el Atlas.

Varios locales, que apuntan a la ineficacia de las autoridades gubernamentales durante las primeras horas, han hermanado sus esfuerzos. Es lo único que les queda. “He perdido a una parte de mi familia y mi casa ya no existe, pero debemos de ayudarnos entre nosotros”, cuenta un joven que no supera los 20 años.

[Marruecos veta la ayuda que llega desde Ceuta y Melilla tras aceptar que España envíe a la UME]

Sentado en la repisa de uno de los pocos comercios que siguen en pie, cuenta que, aunque está cansado, es importante que sigan levantando escombros por si quedara algún superviviente. “Aunque, la verdad, no tengo muchas esperanzas”, confiesa.

En Amizmiz viven alrededor de 20.000 habitantes y pese a que los números de muertos no son claros, la localidad pertenece a la región de Al-Houz, una de las más azotadas por el terremoto del pasado 8 de septiembre. Allí ya superan los 1.600 fallecidos.

Jamal Rbaki, que ha perdido a sus padres en el terremoto, está donde antes se encontraba su casa en Talat N'Yaaqoub.

Jamal Rbaki, que ha perdido a sus padres en el terremoto, está donde antes se encontraba su casa en Talat N'Yaaqoub. Reuters

Entre las ventanas de los coches privados que circulan en los alrededores de Amizmiz se pueden entrever baúles llenos de comida. Dos jóvenes marroquíes adelantan. En la parte superior, un par de cuerdas aguantan un puñado de colchones y mantas. Hay motos que se tambalean por el peso de las provisiones, jugándose casi la vida en medio de la tragedia.

“Entre las primeras 24 a 48 horas la ayuda del gobierno y otras organizaciones internacionales ha sido mínima”, relata el joven que ha perdido la ilusión de encontrar gente con vida.

Las manos llegan tarde

En unas explanadas a la entrada de la localidad, las soldados de las Fuerzas Armadas Reales (FAR), el principal brazo auxiliar del reino marroquí, han levantado un campamento base. Dentro, unas unidades móviles con personal médico procedentes de las principales ciudades del país atienden a los heridos. Cerca también asoma el despliegue de la Media Luna Roja Marroquí. Era domingo, habían llegado hace escasas horas.

Las autoridades del país tardaron más de 12 horas en autorizar la salida del equipo de emergencia y rescate. Desde París, el Rey Mohamed VI ordenó a las Fuerzas Armadas movilizar recursos aéreos y terrestres, además de equipos especializados de búsqueda y rescate. A su llegada a Rabat, el sábado por la tarde, se reunió con su gobierno en el palacio real y dio oficialmente el pistoletazo de salida al despliegue. El reloj ya apretaba, habían pasado 24 horas desde el temblor.

Mohamed Belkas sobre las ruinas de su casa en Adouz.

Mohamed Belkas sobre las ruinas de su casa en Adouz. Reuters

Este pasado martes 12 de septiembre, Mohamed VI ha aparecido por segunda vez públicamente. En la puerta del Hospital Universitario de Marrakech, unas alfombras rojas recibían al monarca. Dentro, ha charlado con varios heridos, con el personal sanitario y ha donado sangre para las víctimas del terremoto. Según fuentes cercanas a la Casa Real, el rey podría dejarse caer en los próximos días por Marrakech y por las zonas más afectadas, como la región de Al-Houz.

Iniciativas con tintes locales y geopolíticas

A pesar del juego geopolítico de Marruecos tras la bienvenida de la ayuda humanitaria de los países “amigos” –Reino Unido, España, Emiratos Árabes Unidos y Catar– y el rechazo de eternos enemigos, como Argelia, y otras sorpresas, como la de Francia, Marruecos no se rinde. Entre las calles de Casablanca, se forman filas de personas que sacan alimentos, papel higiénico y otros recursos básicos, desde un ultramarinos hasta el maletero de una furgoneta. El objetivo es que salga hacia Marrakech y de ahí, a otros puntos del Gran Atlas.

[España se vuelca con Marruecos: envía 56 militares, 41 bomberos y 14 perros]

Hasta el momento, el Gobierno ha justificado el rechazo a otros actores internacionales en que no es necesaria la ayuda, ya que podría saturar la entrada de donaciones. Desde el punto de vista geopolítico, el rechazo de Francia, por ejemplo, podría estar relacionado con el cambio de posición del Ejecutivo galo respecto a Argelia y sus reticencias de reconocer el Sáhara Occidental como territorio marroquí. A diferencia del Gobierno de España, que sí que lo ha hecho y sí está colaborando en la gestión humanitaria en el país.

El pasado domingo, un equipo de la Unidad Militar de Emergencia llegó a Marrakech para empezar a trabajar en una zona a 25 kilómetros del epicentro del seísmo. A pesar de que el equipo está compuesto por 56 militares y cuatro perros, desde Defensa insisten en su disposición de seguir enviando efectivos al país vecino.