Mélenchon se pone de perfil ante la violencia callejera en Francia

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La ultraizquierda de Mélenchon blanquea la violencia callejera para apropiarse de las protestas en Francia

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El Gobierno francés acusa a Jean-Luc Mélenchon y a la extrema izquierda de estar detrás de la violenta ola de protestas en el país.

El líder de La Francia Insumisa respalda el malestar social pero evita condenar los actos vandálicos, responsabilizando a la policía de la confrontación.

Integrantes de su partido han llegado a justificar la violencia como legítima, mientras simpatizantes de izquierda muestran su descontento con la postura de Mélenchon.

La Francia Insumisa busca rentabilizar electoralmente la indignación callejera de cara a las elecciones del próximo año.

¿Está la extrema izquierda detrás las violentas manifestaciones de Francia?

El primer ministro, Sébastien Lecornou, ha culpado a Jean-Luc Mélenchon de estar detrás de la extrema violencia callejera. Aunque este lo niega, su histórica ambigüedad hacia el estallido social lo pone en el punto de mira.

El líder de La Francia Insumisa (LFI) ha respaldado las reivindicaciones de los manifestantes. Hasta aquí, normal, porque las protestas nacieron de las quejas de estudiantes y profesores y han terminado recogiendo también el malestar por el coste de vida.

El problema es la violencia. Y, ahí, Mélenchon se pone de perfil. Lejos de cargar contra los vándalos, responsabiliza a la policía de buscar la confrontación y reprocha a las televisiones que sólo muestren imágenes de violencia frente a las protestas pacíficas.

Esta ambigüedad la escuchamos también dentro de su partido: el alcalde de Saint-Denis llegó a afirmar que, llegado un momento, la violencia puede ser legítima, aunque luego matizó que es preferible evitarla.

Las encuestas sitúan a la ultraizquierda como segunda o tercera fuerza en las elecciones del próximo año y La Francia Insumisa aspira a convertir el malestar popular en votos pero muchos de los que lo apoyan sufren las consecuencias de esta violencia callejera: “Ojalá Mélenchon dijera ‘no en mi nombre’”, confesaba una manifestante de izquierda al diario Le Monde.

Es el síntoma más explícito de cómo la indignación de la calle puede acabar devorando a quien intenta apropiarse de ella.