Militares ucranianos posan con la bandera ucraniana en el pueblo liberado de Storozheve, en la región de Dontesk.

Militares ucranianos posan con la bandera ucraniana en el pueblo liberado de Storozheve, en la región de Dontesk. Reuters

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En cinco semanas Ucrania avanza más que Rusia en seis meses: así ha liberado Kiev 256 km2

Aunque la recuperación del terreno es complicada sin el apoyo de una potente fuerza aérea, la contraofensiva ucraniana avanza con determinación en distintos puntos del país. 

12 julio, 2023 02:39

Sin prisa, pero sin pausa. Atacando primero las bases del enemigo detrás de las líneas del frente, intentando alterar sus líneas de comunicación y limpiando después trincheras para poder avanzar con la artillería. Esa ha sido la táctica utilizada por Ucrania desde que el pasado 4 de junio empezara oficialmente su contraofensiva. Una táctica criticada por muchos desde Occidente y considerada un fracaso porque las ciudades no se abren a su paso, pero que, en poco más de un mes, ha permitido al ejército de Viktor Zaluzhnyi recuperar 256 kilómetros cuadrados de territorio.

Si uno imagina una guerra como si fuera un videojuego, ese avance puede saber a poco, pero basta con compararlo con lo que el “temible” ejército ruso consiguió en los seis meses que fueron desde el principio del año hasta la toma de Bakhmut para darse cuenta del enorme mérito de lo conseguido.

Por entonces, estuvimos hablando semanas de la enorme capacidad del ejército ruso, de las tácticas devastadoras de Surovikin, Prigozhin y compañía y de las bondades que el “General Invierno” podía ofrecerles en su ataque. Todo para nada o para muy poco: 282 kilómetros cuadrados. En cinco semanas, y sin utilizar gran parte de su armamento moderno cedido por Occidente, Ucrania ha conseguido ya prácticamente recuperar todo el terreno perdido.

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De hecho, lo que queda aún en manos rusas es, en su inmensa mayoría, lo que Putin consiguió con su ataque sorpresa del 24 de febrero de 2022. Tal vez si la inteligencia ucraniana se hubiera tomado más en serio las advertencias estadounidenses y hubiera fortalecido sus fronteras con Crimea, a Rusia le habría costado más llegar hasta el río Dniéper y atravesarlo.

Del mismo modo, una mayor movilización habría hecho más complicado su avance por el Donbás y por Járkov, pero ya es tarde para andarse con lamentos. El asunto es recuperar la integridad territorial cuanto antes y en eso está ahora mismo el ejército ucraniano.

Militares ucranianos en el frente.

Militares ucranianos en el frente. Reuters

El frente de Zaporiyia

Si las ganancias rusas en la campaña de invierno y primavera se ciñeron en su práctica totalidad a la toma de Bakhmut por parte del Grupo Wagner (hubo también algunas mínimas ganancias en la línea Kreminna-Svatove, pero fueron muchos más los fiascos en esa zona), Ucrania ha preferido no centrar su contraofensiva en un solo punto, sino ir probando en distintos escenarios del frente en busca de la debilidad del enemigo y obligarle a ir moviendo tropas de un lado a otro, con la esperanza de que, tarde o temprano, dañados los puntos de suministro y las líneas de comunicación, se abra un hueco decisivo.

Los primeros avances se produjeron en Zaporiyia como, por otro lado, era de esperar. El mismo 4 de junio, Ucrania lanzó un ataque sobre Novoandriivka y Novodanilivka desde la ciudad de Orikhiv. El objetivo era avanzar hacia el oeste para llegar a Vasilivka y hacia el sur para tomar Tokmak. Un ataque arriesgado y complicado que supuso en un inicio la pérdida de varios blindados. De momento, Ucrania ha conseguido liberar Lobkove, a veinte kilómetros del entrante del Dniéper, y este martes se han confirmado sus avances sobre Robotyne, a treinta kilómetros de Tokmak.

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Aunque no son distancias insalvables, el problema es que Ucrania ya ha llegado hasta las primeras fortificaciones defensivas de entidad. Terrenos llenos de trincheras y minas, con nidos de artillería funcionando las veinticuatro horas. Como admitía el propio Zelenski, el avance es complejo sin el apoyo de una fuerza aérea digna de ese nombre. Veremos qué sucede cuando acabe la formación de pilotos de cazas F16 y estos lleguen en otoño a Kiev. Tal vez lo que se esté pretendiendo ahora mismo sea tan solo sentar las bases para un ataque posterior. Tendría sentido.

Vuhledar y Bakhmut

Si en Zaporiyia no se ha ido todo lo rápido que Occidente podría desear, hay que reconocer que las ofensivas en los alrededores de Velyka Novosilka sí han tenido más éxito. Aquí, el objetivo es avanzar hacia el sur por la T0518, que desemboca prácticamente en Mariúpol, y lo cierto es que, en cinco semanas, los hombres de Zaluzhnyi y Syrskyi se han plantado ya en Makarivka, amenazando las localidades de Staromariorske y Urozhaine. Del mismo modo, la progresión hacia el este amenaza a su vez la localidad clave de Vuhledar, desde la que Rusia intentó varios ataques este invierno sin ningún éxito.

Militares ucranianos disparan un obús D-20 hacia las tropas rusas en una posición cercana a Bakhmut.

Militares ucranianos disparan un obús D-20 hacia las tropas rusas en una posición cercana a Bakhmut. Reuters

El tercer gran escenario bélico de la contraofensiva está siendo Bakhmut, aunque lo cierto es que aquí los ataques vienen de antes. Desde que el Grupo Wagner anunciara su marcha de la ciudad y empezara a abandonarla gradualmente, en Kiev han tenido muy claro que su objetivo no era recuperar la ciudad emblema a lo bruto, calle por calle, como la tomó Prigozhin, perdiendo veinte mil hombres en el camino. La meta siempre ha sido avanzar por los flancos, desde Ivanivske por el sur y desde Khromove por el norte, en la esperanza de embolsar a las tropas regulares rusas enviadas a la zona.

En ese sentido, este martes, se confirmó que Ucrania controlaba Berkhivka en el norte y que se aproximaba a Soledar, donde están las minas de sal que siempre fueron el gran objetivo del Grupo Wagner. En el sur, la toma de Klishchiivka se viene anunciando desde hace días, pero nada es tan fácil como parece. El objetivo, a medio plazo, sería tomar Optyne, cortar la T0513 y aislar así la ciudad de los posibles refuerzos que vengan desde el sur, en concreto desde Mariúpol y Berdiansk, los dos puertos donde se centra ahora mismo la mayor actividad militar rusa en suelo ucraniano.

A todo esto hay que añadir los constantes bombardeos a infraestructuras militares en Makiivka, al lado de Donetsk capital, en la propia Tokmak y, casi de continuo, en los citados puertos de Berdiansk y Mariúpol. Bombardeos que aumentarán cuando lleguen los misiles de larga distancia que ha prometido el presidente francés Emmanuel Macron con ocasión de la cumbre de la OTAN en Vilna (Lituania).

Si Rusia no saca fuerzas de flaqueza para intentar cambiar la iniciativa, Ucrania irá poco a poco aumentando su arsenal sin que Moscú pueda aumentar el suyo, como mucho, sustituirlo. Si esto es lo que hemos visto en cinco semanas, aunque a algunos les parezca poquísimo, es fácil imaginar lo que podremos ver en cinco meses.