Valdímir Putin reunido con empresarios rusos en el Kremlin.

Valdímir Putin reunido con empresarios rusos en el Kremlin. Aleksey Nikolsky Efe/EPA/SPUTNIK

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Por qué Putin ha empezado una guerra que Rusia no puede pagar ni ganar

Invade Ucrania pero las consecuencias económicas anularán lo que obtenga por las armas.

25 febrero, 2022 03:44

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Poco antes de las 6 de la mañana, hora de Moscú, las 4 de la madrugada en España, Vladimir Putin anunció por sorpresa en la televisión: "He tomado la decisión de lanzar una operación militar". La Historia recordará este 24 de febrero de 2022, cuando la guerra ha vuelto a ensangrentar Europa.

Poco después de la alocución del presidente ruso, se escucharon explosiones en la capital, Kiev, en otras ciudades como Karkiv y en los puertos de Mariupol y Odessa. El gobierno ucranio denunció "una invasión" de su territorio lo que confirman periodistas independientes sobre el terreno.

Putin justificó su ataque en la defensa de la población rusófona de las repúblicas separatistas del Este de Ucrania que sufren "un genocidio" a manos de las autoridades de Kiev. El líder ruso negó "tener planes de ocupar" Ucrania. Sus objetivos declarados son "desmilitarizar y desnazificar" Ucrania. Esto es, derribar el régimen pro-occidental de Kiev e impedir que se adhiera a la OTAN.

Sus modelos parecen ser las invasiones de Checoslovaquia de 1968 y de Hungría en 1956 por tropas de la Unión Soviética. Ambos países habían tratado de desmarcarse de Moscú, entonces capital de la URSS. Su rebeldía fue aplastada por los blindados soviéticos.

Putin parece olvidar que el Pacto de Varsovia, la organización militar que agrupaba a los estados del Este de Europa gobernados por regímenes comunistas títeres de Moscú, desapareció hace decenios. De hecho, Hungría, la República Checa y Eslovaquia son hoy miembros de la OTAN y de la Unión Europea.

Una edificio de la región de Kiev en llamas tras el bombardeo de las tropas rusas.

Una edificio de la región de Kiev en llamas tras el bombardeo de las tropas rusas. Reuters

Putin podrá imponerse militarmente sobre el terreno, pero no puede retrasar los relojes. Su resentimiento contra Occidente y su añoranza del dominio soviético pueden ser compartidos por parte de la población de Rusia, pero no lo harán ganar una guerra contra el tiempo.

Francia y Alemania se opusieron a que Ucrania entrara en la OTAN, hace unos años. La próxima vez que Kiev lo pida, no podrán negarse. Putin, por el contrario, ha resucitado a la Alianza Atlántica. El presidente francés, Emmanuel Macron, diagnosticó hace tres años su "muerte cerebral", falto de misiones concretas. Ahora tiene una y no menor. Contener a los rusos. La misma que siempre.

Putin podrá imponerse militarmente sobre el terreno, pero no puede retrasar los relojes.

Políticamente, Putin ha convertido a Rusia en un estado paria. Ni siquiera China le apoya expresamente pese al pacto sellado con el presidente Xi Jinping durante la apertura de los Juegos de Olímpicos de Invierno. Pekín, eso sí, no acepta hablar de "invasión".

De hecho, Putin sólo tiene dos aliados incondicionales: el petróleo y el gas, cuyos precios se han disparado. El barril de crudo superado los 100 dólares por primera vez desde 2016.

Europa importa el 40% del gas que consume de Rusia, segundo productor del mundo tras Estados Unidos. Varios países de la UE dependen del suministro ruso para cubrir sus necesidades energéticas: además de vecinos como Finlandia (98%) o Letonia (100%), Alemania (66%) y Polonia (55%), según Eurostat.

Pero la dependencia es mutua a ambos extremos de las pipelines que bombean el gas hacia el Oeste. La UE es el destino del 27% de las exportaciones rusas. China, la mitad de esa cifra. Las tuberías que unen Siberia con China transportarán sólo el 20% del caudal que mana hacia Europa. Y eso cuando esté acabado… en 2025. El precio del gas subirá y Rusia siempre puede cerrar el grifo. Pero no puede vender en otro sitio lo que no venda en Occidente.

Las bolsas de todo el mundo caen en picado con pérdidas del 3,5% en el cierre de los mercados europeos. La de Moscú perdía el 36,3%. El rublo, que ya se había depreciado en días anteriores, cae hoy un 3,5% respecto al euro. Las sanciones occidentales van a hacer daño a la economía rusa, sobre todo, a sus sectores bancarios y tecnológico.

Putin amenazó en su discurso matinal, grabado días antes, con "consecuencias terribles" a cualquier país tentado de "inmiscuirse" en su intervención militar. No hace falta. Nadie está dispuesto a morir por Kiev. Ni en EEUU ni en Europa.

Todo va a quedar de momento en condenas morales. Vivimos "las horas más sombrías desde la Segunda Guerra Mundial", en expresión de Josep Borrell, alto representante de la UE para asuntos exteriores. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y varios jefes de Estado y de gobierno europeos van a seguirle en sus argumentos. Palabras y sanciones, sí. Y no es poco. Armas, también. Botas sobre el terreno, no.

Todo va a quedar de momento en condenas morales. Vivimos "las horas más sombrías desde la Segunda Guerra Mundial", en expresión de Josep Borrell.

Llegan noticias de avances de los ejércitos rusos desde Crimea y Bielorrusia. Pese a que en su discurso Putin negó que quiera ocupar "territorios ucranianos", eso es lo que parece que está pasando. El presidente de Ucrania, Volodymir Zelensky, llamó a "infringir las mayores pérdidas" a los invasores. Habló en ruso, su lengua natal. Mariposas negras vuelan sobre las estepas heladas de Ucrania.

Si Putin no consigue sus objetivos de inmediato se expone a una guerra de desgaste y a tener que ocupar ciudades grandes como Kiev donde viven tres millones de personas. Y eso tiene un coste. En vidas humanas. Y en dinero.

Y eso, es lo que no tiene Putin. Su ejército es el segundo del mundo, tras el de EEUU. Lo mismo si hablamos de arsenales nucleares. Pero ese gigante militar y geográfico (el país de los 11 husos horarios que se extiende a lo largo de 170 grados de longitud) es un enano económico: el PIB de Rusia (1,5 billlones de dólares) es inferior al de Italia o Canadá y sólo un 10% superior al de Corea del Sur o al de España. Y para ganar una guerra, desde Napoléón, hacen falta tres cosas: "Dinero, dinero y dinero".