Vladimir Putin y Alina Kabaeva en 2016 durante un encuentro con el equipo olímpico.

Vladimir Putin y Alina Kabaeva en 2016 durante un encuentro con el equipo olímpico.

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Los republicanos piden a Joe Biden que sancione a Putin, su familia y su amante para amedrentarle

La Putin Accountability Act propone sanciones para el entorno más cercano del presidente ruso ante las dudas sobre la efectividad de la estrategia del actual presidente mezclando amenazas y diplomacia.

20 enero, 2022 06:06

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De Vladimir Putin se han podido ver fotos con el torso descubierto, haciendo gala de su destreza sobre el tatami y hasta memes montando un oso mientras atraviesa un río de aguas heladas como símbolo de la más pura y absoluta masculinidad. Lo que no se ha visto son las fotos de los lujos que le rodean. Y no precisamente en el Kremlin, sino fuera del espacio oficial, en su esfera privada, ya sea en la Riviera francesa, en Mónaco o con su nada desconocida amante.

Según cálculos de publicaciones especializadas, la fortuna personal del presidente de la Madre Rusia podría ascender a 7.000 millones de dólares -algo más de 6.150 millones de euros-. De acuerdo con el Proyecto de denuncia de la corrupción y el crimen organizado (OCCRP por sus siglas en inglés), la mayor parte de tal patrimonio estaría a nombre de Lyudmila Alexandrovna Ocheretnaya y Arthur Ocheretny, supuestamente la hija de Vladimir Putin (coinciden su nombre, patronímico y día y lugar de nacimiento con Lyudmila Shkrebneva Putina) y su marido, residentes en Londres y, en teoría, la fachada perfecta para el blanqueo de la fortuna del presidente ruso. 

Es ahí, precisamente ahí, donde los republicanos exigen a Joe Biden que golpee. Donde más le duele. En su patrimonio personal y en el de los suyos, el de su exmujer, el de su hija y en el de la exgimnasta y triple medallista olímpica Alina Kabaeva, más conocida por ser su amante. Entiende el Comité de Estudios Republicanos que ni Putin ni Rusia van a amedrentarse, que las sanciones económicas y diplomáticas no hacen daño a su estrategia a largo plazo, que las ingentes pérdidas que le infligiría el frente unido de Occidente o la cantidad de muertos con las que el propio Biden le amenazó en su discurso después de un año de mandato le dan lo mismo.

Alina Kabaeva, en 2004 durante los JJOO de Atenas

Alina Kabaeva, en 2004 durante los JJOO de Atenas

Putin sólo reaccionará si atacan su corazón. O eso esperan y para ello se han puesto a trabajar estos más de 150 abogados conservadores con la pretensión de encontrar el rastro del dinero, su origen, su destino y para qué se ha utilizado por el camino. Desde la mansión en la Riviera francesa donde su exmujer escandaliza día sí día también a la crème de la jet con sus fiestas subidas de tono y de decibelios en un ejercicio de despilfarro continuo al pisito que, según aparece en los Papeles de Pandora, Svetlana Krivonogikh posee junto al archifamoso Casino de Montecarlo y cuya propiedad le llegó a través de una sociedad offshore vinculada al presidente ruso apenas unas semanas después de dar a luz a una niña que, siempre supuestamente, sería también hija de Putin.

Y no sólo eso, sino que lo que este grupo vinculado directamente al Great Old Party ha formulado un escrito de 34 páginas denominado Putin Accountability Act en el que, además de solicitar a Biden implementar todo tipo de sanciones a Putin y Rusia antes de que invada Ucrania y no después, dedica un espacio concreto a Alina Kabaeva para conocer sus "activos, inversiones, otros intereses comerciales e información relevante sobre beneficiarios finales".

Primera dama oficiosa

Kabaeva se dio a conocer con sólo 15 años, cuando se proclamó campeona de Europa de gimnasia rítmica de forma sorprendente en Lisboa. A partir de entonces cosechó otros cuatro títulos continentales y dos campeonatos del mundo que la situaron entre las grandes de este deporte, más aún tras conseguir un oro, una plata y un bronce en sus dos participaciones olímpicas en Sydney 2000 y Atenas 2004. Con sólo 21 años había arrasado en su carrera profesional y era una de las deportistas más reconocidas y condecoradas de su país. Todos la conocían, la admiraban y la querían. También Putin.

Nadie sabe con certeza cómo o cuándo comenzó su relación amorosa aunque cuando, en 2013, una periodista asaltó al matrimonio Putin a la salida del ballet La Esmeralda en el Palacio Estatal del Kremlin, sus respuestas hicieron que todas las cabezas se girasen para mirar a la gimnasta. "¿Es verdad que se están divorciando?", inquirió. "Es cierto", confirmó Putin inesperadamente. "Nuestro matrimonio ha terminado", agregó ella. Vladimir Putin se convirtió en ese mismo instante en el primer líder en la historia de Rusia en divorciarse públicamente. Y en consecuencia Kabaeva se convertía en la primera dama oficiosa, por mucho que lo haya negado en sus rarísimas y escasas apariciones públicas en los últimos años.

Putin, y su exesposa, Ludmila Putina, durante la investidura de 2012.

Putin, y su exesposa, Ludmila Putina, durante la investidura de 2012.

Nacida en Uzbekistán en 1983 -en la actualidad tiene 38 años por los 69 del presidente ruso-, Kabaeva pasó de posar desnuda para la revista Maxim y de ser la pareja preferida por los rusos tras sus medallas en los Juegos de Atenas 2004 a desaparecer de la vida pública pese a la presunta relación que mantiene con Putin. De hecho, es tal el velo de misterio que rodea a la pareja que no sólo no hay certezas de tal relación sino que tampoco es sabido si la exgimnasta dio a luz a mellizos en el Centro de Investigación de Obstetricia, Ginecología y Perinatología de Kulakov, en Moscú, el pasado 2019, con toda una planta cerrada para ella. Por supuesto, serían hijos de Putin. En 2015 también se informó de que habría tenido una niña en la Clínica Santa Ana de Lugano, Suiza.

Entre 2007 y 2014 fue diputada en la Duma por Rusia Unida, el partido de Putin, y votó a favor de leyes tan controvertidas como la que impedía a ciudadanos estadounidenses adoptar a niños huérfanos rusos en 2012 o la conocida como ley anti-gay aprobada en 2013. Apenas un año después, Kabaeva renunció a su acta de diputada para convertirse en la presidenta de National Media Group, el mayor conglomerado de medios de comunicación propiedad entonces del amigo y socio de Putin en Ozero Cooperative, Yuri Kovalchuk.

Propietario de Channel Five y REN TV, de los periódicos Sport Express e Izvestia MIC, así como de participaciones en CTC Media y Channel One, National Media Group se convirtió en octubre de 2020 en el socio ruso de Netflix. Además es dueño de la subsidiaria rusa de Viasat y Sony Pictures.

Pese a todo lo anterior, oficialmente, la exgimnasta sólo es directora general de la Fundación Benéfica Alina Kabaeva y de acuerdo a la información oficial del Fondo de Pensiones de Rusia no percibe ningún saliario por ello. Sin embargo, según datos publicados por Sobesednik.ru, sólo en los primeros seis meses de 2020 sus ingresos habrían ascendido hasta los 152 millones de rublos -en torno a 1,75 millones de euros- cuando el salario medio en Rusia es de 51.000 rublos, menos de 600 euros.

Anglet y Biarritz

El multimillonario ruso Boris Berezovsky siempre presumió de haber sido él quien convenciera a Vladimir Putin para convertirse en el sucesor de Boris Yeltsin en el Kremlin y en más de una ocasión ha contado cómo lo hizo en Biarritz en 1999, donde la familia Putin, aún un matrimonio feliz entonces, se alojaba en un “condominio muy modesto”.

El fallecido oligarca ruso Boris Berezovsky, llegando al Tribunal Supremo de Londres en 2011.

El fallecido oligarca ruso Boris Berezovsky, llegando al Tribunal Supremo de Londres en 2011. Reuters

La relación de los Putin con la localidad francesa se confirmó cuando Sergei Pugachev, uno de los posibles testaferros del hoy presidente, publicó unas imágenes que ya estaban en la retina de todos los locales con el correr de los años. Algún tipo de vínculo tenía la familia con la zona y la llegada de Vlad al poder no hizo sino ampliarlo. En tiempo y en forma.

Su exmujer se compró en Anglet una mansión Art déco frente al mar de siete millones de euros y empleó otros tantos en remodelarla a su gusto. Y a unos pocos kilómetros de distancia, en Biarritz, posee una villa Katerina Tikhonova, una de las dos hijas del primer matrimonio de Putin y cuyo exmarido tendría propiedades por más de 350 millones de euros en la zona.

"Antes de que suceda"

El congresista republicano Joe Wilson ha insistido en declaraciones al The Washington Post en que "el momento para frenar el conflicto es antes de que suceda. "Tenemos que ir directamente tras Putin y su red de cleptócratas y oligarcas. La debilidad es provocativa y si no le imponemos un coste real no conseguiremos disuadirle. Hemos presionado para imponer estas sanciones durante años y más demoras sólo conducirán a la guerra".

Desde el partido republicano, tal y como demuestran las últimas declaraciones de Donald Trump o las columnas de opinión del que fuera su asesor de seguridad nacional John Bolton, no confían lo más mínimo en la estrategia del palo y la zanahoria que Biden está desarrollando. Dudan de que la mezcla de amenazas públicas como las realizadas por el presidente en su discurso o por el secretario de Estado Antony Blinken en su visita a Kiev este mismo miércoles y el intento por avanzar en las negociaciones y en el papel de la diplomacia surta efecto y, además, ven en todo ello una oportunidad para rebajar aún más el índice de aprobación de Joe Biden que con apenas un año de mandato anda por el 42% y bajando.