El coche calcinado de Daphne Caruana.

El coche calcinado de Daphne Caruana. Reuters

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Otro año negro para la libertad de expresión: se duplican los asesinatos de mujeres periodistas

En total 64 periodistas han sido asesinados en 2017, un año que según el balance anual de Reporteros Sin Fronteras ha sido más mortífero que nunca para las mujeres.

En total 64 periodistas han sido asesinados en 2017, un año que según el balance anual de Reporteros Sin Fronteras ha sido más mortífero que nunca para las mujeres.

La magnitud de la bomba que mató a Daphne Caruana Galizia fue tal que los policías encargados de recolectar las primeras pruebas en la escena del crimen tardaron cuatro días en encontrar todas las partes de su cadáver. El pasado 16 de octubre la tranquila Malta, despertó sobresaltada: una bomba en su coche había acabado con la periodista más implacable del país. Caruana, 53 años, era el azote de la corrupción en una isla en la que nunca pasa nada.

La lista de víctimas de su periodismo de investigación fue lo primero que destacaron los titulares tras el asesinato: desde banqueros con cuentas en paraísos fiscales hasta el propio primer ministro maltés. La posición de Joseph Muscat tras este crimen es embarazosa, fue uno de los ‘damnificados’ de Caruana que más la demonizó.

“Consuela poco que el primer ministro de este país diga que no descansará hasta que se encuentre a los autores, cuando él es quien dirige un gobierno que ha dado alas a la impunidad. Ahí estamos en un estado mafioso”, escribió Mathew, periodista y uno de los tres hijos de Caruana. “Debajo de la fachada de una nación europea exitosa y económicamente pujante, hay algo más oscuro”, resumía Christian Peregrin, fundador del portal de noticias ‘Lovin Malta’, para explicar la crisis nacional abierta en un país que no esperaba este asesinato.

El nombre de Daphne Caruana Galizia se ha unido al de los otros 64 periodistas asesinados en 2017. Otro año negro para la libertad de expresión, que según los datos que se desprenden del balance anual de Reporteros Sin Fronteras ha sido más mortífero que nunca para las mujeres. El número de reporteras asesinadas se ha duplicado respecto al año anterior y ha alcanzado las 10 víctimas.

La mayoría de las asesinadas eran experimentadas periodistas de investigación, extremadamente críticas. A pesar de las amenazas, siguieron investigando y revelando casos de corrupción hasta pagar el precio más alto: su vida.

A pesar de las últimas detenciones, el caso de Daphne Caruana sigue abierto y continúa la incógnita sobre quién o quiénes son responsables intelectuales del asesinato. Al otro lado del Atlántico, los interrogantes y la impunidad son la norma en lo que respecta a las muertes de periodistas. México sigue siendo, un año más, el país en paz más peligroso para los reporteros.

Once periodistas mexicanos han perdido su vida en 2017. Los que abordan temas como el crimen organizado o la corrupción de los políticos sufren casi de manera sistemática amenazas, agresiones y pueden ser ejecutados a sangre fría.

Es el caso de Miroslava Breach Velducea, asesinada a tiros en su coche el pasado 23 de marzo en Chihuahua. Los autores materiales están detenidos desde abril pero la investigación sigue estancada ocho meses después. Los familiares han denunciado grandes dificultades para acceder al informe policial.

El último reportaje de esta veterana, que trabaja para los diarios La Jornada y Norte de Ciudad Juárez, se publicó tan sólo unos días antes de ser asesinada. En el texto denunciaba con nombres y apellidos como, mediante extorsiones y amenazas, los cárteles del narcotráfico estaban colocando a personas de su confianza en las listas electorales del PRI y el PAN para las elecciones municipales.

A pesar de que 2017 ha sido más mortífero para las reporteras, en el total, el año que acaba ha sido menos malo que el anterior. Las 65 víctimas mortales hacen de 2017 el periodo menos fatídico para el gremio desde hace 14 años. La tendencia a la baja tiene una explicación sencilla: los países con conflictos prolongados como Siria, Irak, Yemen o Libia se han ido vaciando de periodistas a medida que se han ido convirtiendo en una sentencia de muerte.