Retrato de Patria de Lancer.

Retrato de Patria de Lancer. Cedida María Marañón

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Patria de Lancer, directora del Instituto Universitario Ortega-Marañón: "Construir puentes me da energía"

La norteamericana de origen dominicano es una referencia internacional en el ámbito de la Administración Pública.

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Patria de Lancer Julnes nació en República Dominicana hace 58 años. A los 17 emigró a Estados Unidos junto a su madre y hermana.

Primero trabajó, luego estudió el equivalente a una Formación Profesional para poder acceder a la universidad. Grado, máster, doctorado y una carrera de éxito. Entre tanto, dos matrimonios y tres hijos.

Académica de referencia internacional en Administración Pública, acaba de ser nombrada directora del Instituto Universitario de Investigación Ortega-Marañón con el fin de fortalecer los vínculos a ambos lados del Atlántico.

Patria ha colaborado con gobiernos y universidades de Estados Unidos, América Latina y Europa para mejorar la educación y la gestión de la administración pública.

A priori se puede pensar que es un tema arduo, pero ella insiste en que los ciudadanos deberíamos ser conscientes de la enorme repercusión que tiene para nosotros el cómo se gestionan los temas públicos.

Cuando se hace bien, estos son un motor de desarrollo. Y recalca que una buena gobernanza es algo independiente de los intereses partidistas.

Su vocación por una nueva ética de gobernanza le viene de cuando estudiaba bachillerato en su país natal y percibía la corrupción en las distintas capas de la sociedad y cómo el gobierno no trabajaba para mejorar la calidad de vida de las personas.

Esa inquietud se plasmó en su tesis doctoral sobre cómo mejorar el rendimiento de los programas públicos. De ahí salió uno de los artículos más citados en la revista Public Administration Review de Estados Unidos, país del que es miembro de la Academia Nacional de Administración.

Además, ha ejercido un destacado papel de liderazgo de la comunidad latina en Estados Unidos y América Latina. Fue condecorada con la Orden de Isabel la Católica por su participación activa en un proyecto de la Fundación Carolina y Cooperación Española para fomentar la relación con los hispanos y acercar Estados Unidos a España.

La entrevista se hace, entre reunión y reunión, en la sede de la Fundación Ortega-Marañón; "la casa", como la llama ella.

Afirma que el Instituto Universitario de Investigación, al que se incorporará definitivamente en septiembre, "es una de las instituciones más flexibles de España" y que "eso hay que aprovecharlo".

La norteamericana de origen dominicano ha sido nombrada nueva directora del Instituto Universitario Ortega-Marañón para impulsar la investigación y fortalecer los vínculos entre España, Europa y América.

La norteamericana de origen dominicano ha sido nombrada nueva directora del Instituto Universitario Ortega-Marañón para impulsar la investigación y fortalecer los vínculos entre España, Europa y América. Cedida María Marañón

Habla con ese acento cantarín del Caribe, que salpica de ciertos anglicismos. Rápida, risueña, logra transmitir al oyente el entusiasmo por su trabajo. Encuentra facilidades donde otros ven obstáculos. Crear y tender "puentes" le da energía.

El nombre de Patria se lo puso su padre, el primer bibliotecólogo de la República Dominicana, que murió cuando ella tenía 11 años. "¡No solo Patria, me puso Patria Divina!", dice riéndose.

Le pregunto si vendrán sus hijos con ella a vivir en España. Están casados y viven cada uno en una ciudad. Tiene tres nietas. "Porque ya tú sabes, hay que enseñar una foto", avisa con gracia. La familia parece un anuncio de Benetton o de la ONU: mestizos, blancos, negros, asiáticos… "y mi esposo, que era mitad noruego. O sea, que tenemos de todo", declara.

¿Qué la ha llevado a aceptar el cargo de directora del Instituto Universitario Ortega-Marañón?

Vine al Instituto como profesora en mi año sabático hace 20 años y guardaba muy buen recuerdo. Quería que mis hijos aprendieran español. Era un lugar de renombre con profesores muy buenos. El año pasado volví por un mes y pensé: tengo la carrera hecha, si necesitaran un director me presento.

Me gusta la filosofía del Instituto. Veo muchas oportunidades: convendría dar un empujón a algunas cosas y construir otras. Eso me da mucha energía. Ahora estoy en un momento de mi carrera perfecto para la casa y para mí. Entonces, vamos a darle un chance.

A través de una buena gobernanza se pueden cambiar muchas cosas. De hecho, es uno de los instrumentos más eficaces de cambio.

¡Sí, claro! Porque, en realidad, si tú tienes una gobernanza de calidad, si tienes personas capacitadas —no importa de qué partido sean—, con cierta vocación y los valores éticos necesarios, se puede tener ese impacto positivo en la sociedad. Estudiar cómo lograrlo ha sido parte de mi pasión.

Por ejemplo, ahora estoy trabajando en el desarrollo de un índice de gobernanza para América Latina con un profesor de la casa, Manuel Villoria.

Usted ha trabajado sobre todo en Estados Unidos, pero también en América Latina y Europa. ¿Cuál es la situación del sector público allí?

En Estados Unidos se está retrocediendo a antes de la Ley Pendleton de 1883 por la que se estableció el mérito como base de contratación para la función pública, hecho que, está demostrado, contribuyó al desarrollo del país.

La manera en que Elon Musk ha medio desmantelado el sector federal ha sido traumática. Sí te digo que necesitaba una reforma, pero no acabar con él. Porque tú puedes destruir algo así en un momento, pero reconstruirlo va a llevar años.

¿Qué tamaño tiene el sector público en el país?

Es muy grande. También se están suprimiendo universidades. Lo bueno es que los gobiernos estatales y locales siguen funcionando y manteniendo los servicios públicos. Es en el federal donde hay algo de caos. A la gente se le olvida que la gobernanza no es política.

Usted ha podido desarrollar una carrera de éxito allí. ¿Ha sufrido racismo?

Yo, para serte honesta, no lo he vivido o por lo menos no me lo han dicho a la cara, pero mis hijos sí. Es cierto que me muevo generalmente en el ámbito académico, que es algo diferente, y que cuando voy a un sitio, tengo un cierto estatus. Pero soy de los pocos hispanos con un doctorado.

Pero sí te voy a decir que por ser mujer y haber empezado joven, hay gente que duda de tu valía, como si te hubieran regalado tus logros. Entonces sí he sentido que tenía que trabajar más para demostrarlo.

Por ejemplo, decidí, también porque me interesaba, hacer investigaciones cuantitativas, que son más arduas que las cualitativas, o estudiar la medición del desempeño en vez de recursos humanos o diversidad. ¿Para qué? Para que no me quiten legitimidad. Por otro lado, tuve un esposo maravilloso que también era profesor y me ayudó mucho.

Patria de Lancer, fotografiada en la sede de la Fundación Ortega-Marañón durante su entrevista para Magas.

Patria de Lancer, fotografiada en la sede de la Fundación Ortega-Marañón durante su entrevista para Magas. Cedida María Marañón

¿Cuál debería ser el papel de los ciudadanos respecto a la gobernanza y cómo hacer que su participación y su compromiso social sean significativos?

He reflexionado mucho al respecto. Es importante involucrarlos, pero tienen que estar educados. No me refiero a hacer un doctorado, sino simplemente a conocer cómo funcionan las cosas. Creo que ahí, tal vez, hemos fallado como educadores.

El problema es que la desinformación, principalmente causada por las redes sociales, ha empeorado la calidad de la democracia y confunde a las personas. ¿Cómo podemos cambiar eso? Hay que formar desde pequeños, enseñar civismo y que el ciudadano entienda el impacto que tienen sus decisiones. Por ejemplo, su voto.

Usted ha analizado el fracaso de la Primavera Árabe.

Fue un movimiento esperanzador, pero faltó precisar, más allá de la acción, cuál era el plan y cuál iba a ser su impacto. Si no tienes unos objetivos claros, una vez pase el choque, todo se diluye. Más cuando el gobierno es reacio a ceder el poder.

Mi área de estudio es la planificación y la administración estratégicas. El gran problema es que no hay objetivos claros. Ahora hace falta pensamiento crítico y el social media (las redes sociales) lo enturbia. No estamos reflexionando sobre qué queremos y el impacto que podemos tener.

En España y en otros países, el empobrecimiento y la disminución de la clase media está causando mucha frustración. El ciudadano desconfía de las instituciones y tiende a la polarización.

Sí, recientemente la administración Trump ha destituido al órgano rector de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF). Además, se han reducido subvenciones al Instituto Nacional de Salud y otras directamente se han anulado.

Se ha vendido la idea populista de que aquellos que tienen conocimiento, que pertenecen a un tipo de élite, no están trabajando para el interés público. Pero son los científicos quienes están buscando la cura al cáncer o están pensando cómo mejorar los gobiernos…

Eso pasó con el Brexit también. Los votantes desconfiaron de lo que decían los expertos.

Ahora con el populismo hay gente que culpa a las élites porque no progresan. También culpan a los inmigrantes, porque les han quitado un trabajo, que, en realidad, no quieren.

Es cómodo echar la culpa al otro de tus males. Y sí es cierto, hay males, pero no se dan cuenta de que son determinados grupos con recursos los que se aprovechan de la polarización. Falta pensamiento crítico.

¿Cuál es su idea de una gobernanza óptima? Usted hablaba sobre la necesidad de trabajar para crear una nueva ética de gobernanza.

¿Cuál es nuestro propósito? Mejorar la sociedad. Esta idea existía ya en la Grecia clásica. ¿Cómo vamos a dejar el mundo para las generaciones futuras? Muchas personas que tienen hijos, nietos, sobrinos, no piensan en ello. Debemos dejarlo mejor que como lo encontramos. Esa es la ética que debemos retomar.

Como servidores públicos, así me veo yo, tenemos el deber de servir a la sociedad lo mejor posible, con responsabilidad, rindiendo cuentas y de manera inclusiva. La riqueza, las ideas, están en la diversidad, no sólo de sexo o raza, sino también de pensamiento. Esto es también muy orteguiano.

Otro asunto sobre el que ha reflexionado es cómo combatir la corrupción.

Hace tiempo hice un estudio con Manuel Villoria sobre ello. Identificamos, primero, cómo la percibe la sociedad, porque esta puede venir de los políticos, de los servidores públicos, de los empresarios, pero también de cualquier persona.

Hace falta un cambio de mentalidad. El ciudadano debe saber que, si, por ejemplo, paga para agilizar un trámite burocrático está contribuyendo a la corrupción.

Además, como educadores, tenemos que dotar de herramientas a quienes trabajen en la gobernanza, que incluye negocios, servicio civil y sociedad civil, para mejorar nuestro rendimiento y poder tener ese progreso que todos queremos, sin corrupción.

Las cosas, cuando las explica usted con esa pasión y claridad, parecen fáciles, pero luego ¿por qué cuesta tanto?

Porque, de nuevo, muchas veces nos gusta lo fácil, seguir haciendo lo mismo. Cuesta cambiar.

Por ejemplo, yo trabajé con unas personas de un país para crear todo un formato de medidas y sueldos adecuados a la posición para combatir la corrupción. La gente suele pensar que un servidor público merece un sueldo bajo. No. Debe ser conforme a su posición, capacitación y responsabilidad.

Pero cuando esas personas llegaron al poder, se olvidaron de ese plan. ¿Por qué? Porque pensaron "esto es un botín. Ahora nos toca a nosotros. ¿Para qué voy a implementar esas reformas?". Hay recursos, pero falta cambiar la ética de servicio al ciudadano.