La actriz llevó primero su historia de violencia sobre las tablas. Ahora, la transforma en cine.

La actriz llevó primero su historia de violencia sobre las tablas. Ahora, la transforma en cine. Lukas Romero

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Bárbara Mestanza llega al Festival de Málaga con 'Sucia': "Me veía con mucho carácter como para sufrir una agresión"

La actriz y directora presenta el documental, donde explora su proceso personal, artístico y judicial como víctima sexual.

Más información: La 'ola morada' tropieza con la polarización: por qué un 12% de jóvenes ha dejado de llamarse feminista en sólo cuatro años

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En 2015, la actriz y creadora Bárbara Mestanza (Barcelona, 1990) entró en un herbolario para darse un masaje. Cinco años después, cuando volvió a pasar por delante, el establecimiento ya no existía.

Desaparecida la posibilidad de entrar un día a saldar cuentas, se decidió a contarlo. Primero escribió y representó la obra de teatro Sucia y el libro con el mismo título en los que exploraba el proceso por el que pasa quien experimenta una agresión sexual.

El documental Sucia. ¿Por qué no hiciste nada? retoma a una Bárbara más en paz consigo misma y dispuesta a denunciar. Codirigido junto a Marc Pujolar, se estrenará en el Festival de Málaga, en el fin de semana del 8M.

La cinta es para aquellos que no entienden por qué una víctima se queda paralizada cuando sufre un acto de violencia de este tipo. Y para las personas que lo han pasado y no consiguen perdonarse ni verbalizarlo. Es, en definitiva, para que todos seamos más conscientes del trauma tan complejo que supone.

No hay un perfil concreto de quienes se ven sometidas a esto. Puede tener un carácter más o menos fuerte, mayor o menor edad, más o menos dinero o estudios... De hecho, a las mujeres con mayor formación les cuesta más denunciar porque rehúyen del estigma. Como dice Bárbara en la producción, una víctima es sólo una persona, sin más calificativos.

La entrevista se hace por videoconferencia. Sentada en un sofá, con un jersey de cuello redondo y una blusa, está "nerviosa, pero bien". Un gato blanco se acerca y pasa rodeándola por detrás. "Estas semanas de estrenos inevitablemente te remueven y te ponen en un lugar vulnerable", explica.

Le pregunto si ha superado el miedo a exponerse: "Simplemente he aprendido a hacerlo mejor y de una manera más sana. Para mí sigue siendo muy importante que lo que realizo a nivel creativo pueda ser útil y generar algún tipo de movimiento".

La intérprete encuentra en su faceta creativa una especie de liberación, se siente útil.

La intérprete encuentra en su faceta creativa una especie de liberación, se siente "útil". Lukas Romero

¿Por qué no hiciste nada? es una pregunta que oye a menudo una víctima de agresión sexual. Pero también es una cuestión que se hace a sí misma.

El cerebro tiene tres maneras de reaccionar ante un peligro: una es atacando, otra huyendo y la tercera bloqueándote. Eso lo explican muy bien los especialistas.

Bloquearse y disociarse es lo que hace la mayor parte de las personas que viven una situación traumática, no sólo en el caso del abuso sexual. Cualquiera lo ha podido experimentar en situaciones menos extremas.

Yo sentía que estaba en diferentes tiempos a la vez. Había una parte de mí que lo observaba todo desde fuera y que parecía capaz de ver y definir qué es lo que me estaba sucediendo, pero mi cuerpo no respondía, como si estuviera tirado cual un trozo de pescado en el mercado.

No sólo pensaba en qué otra cosa podría hacerme, sino también en el día de mañana. ¿Qué pasará conmigo?, ¿me tendré que definir a través de esto?, ¿va a cambiar mi identidad?

¿En ese momento estabas pensando en el futuro?

Recuerdo que me decía "tengo demasiado carácter, soy demasiado feminista como para que esto me esté sucediendo a mí". Yo creía que esto le pasaba a otro tipo de personas.

Si hubiera sabido que el hecho de sufrir un abuso no tiene nada que ver con tu carácter, con tu inteligencia ni con tu vida anterior, seguramente entonces hubiera podido ser más capaz de sentirme una víctima y, por lo tanto, quizá, reaccionar.

Resulta que las mujeres con estudios tardan más en denunciar, porque rehúyen del estigma que supone el atravesar algo así.

Ser víctima no significa simplemente haber vivido una situación traumática, sino que acarrea mucho más.

Has hablado con mujeres que también han sufrido una agresión sexual. ¿Hay algún tema recurrente?

Todas hablan mucho de ese por qué no hiciste nada. Ahora tenemos más información y lo comprendemos, pero cuesta. También otras tantas comentan la soledad del proceso.

Aunque tengas una pareja o una amiga, hay veces en las que la amalgama de cosas abstractas que estás viviendo es tan absurda... son tan contradictorias las sensaciones que necesitas descansar. Y, en ocasiones, ese descanso pasa por el colectivo, por hablar con perfiles que hayan pasado por lo mismo…

En esa mezcla están la vergüenza, la culpa, la pérdida de autoestima, la depresión…

Yo quería analizar cómo este dolor o este sentir que me habían robado mi cuerpo me llevó a una autodestrucción absoluta. Eso es feo de contar y de visibilizar. A nadie le gusta mostrar su parte oscura.

Creo que se habla poco de esa sombra que habita en nosotras, incluso de la misoginia interna con la que cargamos.

En la cinta, Mestanza también ha participado en la dirección.

En la cinta, Mestanza también ha participado en la dirección. Lukas Romero

¿Cuál es esa misoginia?

Sería absurdo pensar que el ser mujer y feminista te protege de ser machista y de ser un agente del patriarcado. Para mí es más útil aceptar que eso está dentro de mí, de mis pensamientos.

Si observáramos cómo nos tratamos en determinados momentos, alucinaríamos con la violencia con que lo hacemos.

En el documental cuentas que te decides a hablar y a denunciar cuando pasas delante del herbolario y te das cuenta de que ha cerrado. Han pasado 5 años desde que el masajista abusara de ti.

Al ver que ese local ya no existía, me di cuenta de que había vivido con la esperanza de que en algún momento volvería allí y diría: "¡Eh, esto me pasó hace un tiempo!". Esa posibilidad se esfumó y, por lo tanto, la oportunidad de poner un límite desapareció de entre mis posibilidades.

Entonces empecé, como de manera compulsiva, a escribir y a hacer entrevistas. A intentar comprender y a informarme. Porque cuando no sabemos es cuando más miedo tenemos. Hablar con mujeres expertas me ayudó mucho y decidí denunciar.

De ahí el documental, la obra de teatro y el libro. Yo tenía ganas de visibilizar esas conversaciones y ese proceso, por si podía ser útil para los demás.

¿Y por qué crees que se tarda tanto en acudir a la justicia? Cuanto más tiempo pasa, más difícil es que haya una condena.

Denunciar requiere dar un espacio a la herida y eso supone parar, dejar de hacer, de correr, de caminar, y aceptar que yo no puedo ser esa mujer trabajadora superheroína que me creo que tengo que ser. Es aceptar la vulnerabilidad. Eso da mucho miedo.

Tu primera abogada cuentas en el documental te dijo: "Es una putada lo que te ha pasado, pero no es suficiente putada para denunciar".

Sí, antes de estar con Carla Vall, contacté con otra persona. Me dijo, desde el amor, que no me recomendaba seguir por ese camino, porque eso me revictimizaría y me llevaría a estar peor.

Para mí ha sido útil denunciar, pero sé que para muchas no. Siento que he tenido mucha suerte. Ahora, todos, incluidos los jueces, estamos más concienciados.

Acudir a la justicia es como ir a la batalla. Por mucho que te merezcas ganar porque estás diciendo la verdad, a veces parece insuficiente.

Hay otros condicionantes como qué jueces y psicólogas forenses te tocan, qué abogada te asignan o escoges… Además, tienes que plantearte si estás capacitada para sobrellevar todo ese proceso.

El Festival de Málaga acoge en su seno el largometraje de la intérprete.

El Festival de Málaga acoge en su seno el largometraje de la intérprete. Lukas Romero

En el documental se dice que la defensa del acusado ha negado los hechos, ha cuestionado las secuelas y ha alegado ausencia de testimonios y móvil económico. ¿Crees que en este juicio se ha respetado la presunción de inocencia del acusado?

Sí, lo creo. Yo he tenido que demostrar en cinco informes psicológicos que estoy diciendo la verdad y él en ninguno. El juicio ha pasado por todo los pasos que atraviesa cualquier víctima y cualquier agresor. Cualquier acusado.

Es un camino muy largo y oportunidades hay muchísimas, por parte de todos. Si te condenan, puedes apelar y volver a hacerlo. Que es lo que ha pasado. Pero obviamente no soy abogada y no me compete explicar tecnicismos. Es más, él ha tenido la posibilidad de reparar el daño que ha causado y no lo ha hecho.

En una conversación con tu madre durante el documental habláis de la violencia intrafamiliar, en su caso de la psicológica.

Para mí era muy importante hacer un poco de zoom out de mi caso para mostrar que la violencia está por todas partes.

Mi generación, la millennial, lo ha tenido más fácil, pero las mujeres mayores mucho menos. Muchas están hablando por primera vez de los abusos sufridos, se están divorciando…

Es una batalla y es duro hablar de la violencia sufrida se le hace un nudo en la garganta. Por eso, es necesario preguntar a tu madre, a tu tía, a tu abuela... Al fin y al cabo, ellas son tan expertas como tú en esto.

Durante las funciones de la obra de teatro Sucia dabais un cuestionario anónimo a los espectadores en el que se preguntaba si habían sufrido una agresión sexual. Los resultados son impactantes.

Primero, hay datos de cuántas personas denuncian, pero no de la cantidad de abusos que se cometen. Muchos, no es que no se denuncien, es que no llegan a verbalizarse ni en terapia. Con la pregunta pretendía hacer más tangible esta realidad.

Al final de la función aparecía el número de personas que habían contestado de manera afirmativa. Yo salía llorando. Es muy duro constatar que, en una sala de 150 personas, 45 han pasado por ahí.

En el documental hemos puesto un QR al final con el fin de que se conteste con tranquilidad al cuestionario. Así nos sentimos menos solas y tomamos un poco más de conciencia colectiva.

A pesar de que la víctima no es culpable, tiene que perdonarse a sí misma.

En general, se trata de un sentimiento que aflora por cualquier tontería: por no haber sonreído lo suficiente, por no ir vestidas adecuadamente o por ir demasiado guapas.

Y no sólo lo sufrimos las mujeres, pero es verdad que la culpa femenina huele de una manera muy particular.

No debemos caer en eso, pero sería injusto no permitirme experimentarlo. Creo que para superar esa emoción hace falta, primero, legitimarla y sentirla. Enfrentarte a ti misma, mirarte al espejo y preguntarte ¿qué te está pasando?, ¿por qué te sientes culpable?, ¿qué te hace sentir así?

Creo que, sólo escuchando esa voz que no nos apetece oír, lograremos de alguna manera abrazarnos y sanar.

La interiorización de la culpa de una persona inocente es un tema muy complejo.

Una de las cosas que me dicen después de ver el documental o la obra de teatro, sobre todo los hombres han venido muchos a verla es "yo no entendía por qué sentías culpa ni por qué no te levantabas de esa camilla. Ahora lo comprendo". Es uno de los regalos más bonitos de mi trabajo.