La dirigente nipona, en una conferencia de prensa el 9 de febrero en Tokio.

La dirigente nipona, en una conferencia de prensa el 9 de febrero en Tokio. Franck Robichon Reuters

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Fanática del 'heavy' y aliada con Trump: Sanae Takaichi, la 'dama de hierro' que lidera un giro militar histórico en Japón

La primera ministra otorgó al Partido Liberal Democrático una victoria contundente en las elecciones generales a la Cámara Baja del Parlamento.

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El domingo, 8 de febrero, la primera ministra japonesa Sanae Takaichi se alzó ganadora en las elecciones generales anticipadas a la Cámara Baja del Parlamento. El Partido Liberal Democrático (PLD), con ella al frente, obtuvo entre 274 y 328 de los 465 escaños en juego, según las proyecciones de la cadena pública NHK, superando la mayoría absoluta.

El resultado consolida a una dirigente que llegó al poder en octubre tras la dimisión de Shigeru Ishiba, sin pasar por urnas, y que se sometía por primera vez al veredicto electoral como jefa de Gobierno. Las elecciones despejan la incógnita sobre su liderazgo y le dan una mayoría suficiente para no depender de su socio, el Partido de la Innovación.

La victoria valida, además, la línea política marcada por Takaichi desde su llegada al cargo. En apenas cuatro meses, la mandataria ha situado en el centro del debate el aumento del gasto para reforzar las capacidades militares ofensivas del país, la revisión de la Constitución pacifista de 1947 y una política exterior menos contenida frente a China.

La convocatoria anticipada funcionó como un plebiscito sobre esa agenda. Las urnas no la han desautorizado: el resultado dado a conocer el pasado domingo refuerza el giro a la derecha del PLD y reordena los equilibrios internos del partido. Takaichi, procedente del ala más conservadora, ha salido fortalecida frente a los sectores centristas.

Con ese respaldo, se asienta en su momento de oro la trayectoria de una política forjada durante más de tres décadas dentro del partido hegemónico japonés.

Juventud alejada de la política

Sanae Takaichi nació en 1961 en la prefectura de Nara —en la región de Kansai, sobre la isla de Honshū—. De padre oficinista y madre policía, su infancia y adolescencia poco tuvieron que ver con la política: su pasión era la música y su manejo de la batería es bien conocido en el país, puesto que solía tocar en una banda de heavy metal.

En las distancias cortas, se declara fanática de bandas míticas como Iron Maiden y Deep Purple, según informaciones de la BBC, y aún conserva una batería eléctrica en casa. También le interesaban el buceo y los coches; de hecho, el Toyota Supra que compró con 30 años se exhibe hoy en un museo del concesionario de la marca en su ciudad natal.

Takaichi pertenece a una generación criada bajo el paraguas de seguridad estadounidense y en pleno milagro económico japonés. Creció viendo cómo los productos Made in Japan, como Sony o Nintendo, conquistaban el planeta mientras el país, bajo la Doctrina Yoshida, renunció a ser una potencia militar a cambio de la protección nuclear de Estados Unidos.

Licenciada en Economía por la Universidad de Kobe, empezó a desarrollar su línea política en los 80, en un contexto de tensiones comerciales con Washington en el que trabajó en la oficina de la congresista demócrata Patricia Schroeder. Opinaba que, "a menos que Japón pueda defenderse, su destino siempre estará a merced de la opinión pública de EEUU".

Su ascenso al poder

Accedió por primera vez a la Dieta Nacional en 1993, en un momento de inestabilidad política que puso fin temporalmente al dominio absoluto del PLD. Desde sus primeros años como diputada se alineó con los sectores más conservadores del partido, defendiendo una mayor autonomía estratégica y una revisión del marco institucional de la posguerra.

Su carrera se consolidó durante los gobiernos de Shinzo Abe, de quien fue una colaboradora estrecha. Ocupó varios cargos ministeriales, entre ellos el de Asuntos Internos y Comunicaciones, y se convirtió en una de las figuras encargadas de preservar el legado político del ex primer ministro en materia de defensa y política económica.

En 2021, Takaichi se presentó por primera vez a la contienda por el liderazgo del PLD, pero perdió ante Fumio Kishida. Y volvió a intentarlo en 2024, esta vez ganando la primera vuelta, pero perdió finalmente ante Shigeru Ishiba. En 2025, a la tercera fue la vencida y su victoria la convirtió en la primera mujer primera ministra de la historia de Japón.

Sanae Takaichi, primera ministra de Japón y líder del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), en un acto de campaña electoral.

Sanae Takaichi, primera ministra de Japón y líder del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), en un acto de campaña electoral. Kim Kyung-Hoon Reuters

La dirigente nipona, conocida por su estilo de liderazgo con tendencias conservadoras y nacionalistas, ha sido en múltiples ocasiones objeto de comparaciones con Margaret Thatcher. No es casual: ella misma ha llegado a expresar su admiración por la británica y a afirmar que su objetivo es convertirse en "la Dama de Hierro" del Estado asiático.

En sus primeras semanas como primera ministra concentró la toma de decisiones en el núcleo del Ejecutivo y redujo el margen de maniobra de las facciones internas del PLD, tradicionalmente influyentes en la formación. La estrategia buscaba un objetivo inmediato: evitar bloqueos internos en un momento de debilidad parlamentaria.

La ruptura con el partido Komeito, socio de su formación, fue una de las primeras consecuencias de ese enfoque. El desacuerdo sobre el aumento del gasto militar y la revisión constitucional llevó a Takaichi a descartar una alianza que había funcionado como contrapeso pacifista dentro del Gobierno.

La Thatcher nipona

Desde entonces, el Ejecutivo ha operado sin ese freno en materia de defensa. La primera ministra mantiene una postura expansionista que busca romper explícitamente con el orden heredado de la posguerra. En este sentido, aprobó un presupuesto en defensa récord para 2026, con la vista puesta en fortalecer sus "capacidades de combate".

Ya en la campaña electoral, la líder del PLD prometió que aumentaría este gasto al 2% del PIB de cara al próximo mes de marzo. Además, el Gobierno japonés ha impulsado recientemente la entrada del país en el mercado global de armamento bajo el concepto de 'pacifismo proactivo', una fórmula que le permite sortear las restricciones constitucionales actuales.

Esto representa un punto de inflexión para un país que en 1947 formalizó su renuncia a la guerra en la Constitución. El foco principal de Takaichi, como respuesta a la expansión militar china, es modificar el artículo 9 de la Carta Magna, que renuncia a la conflagración como derecho soberano y prohíbe mantener fuerzas armadas.

La mandataria es afín a la idea de modificar el texto para otorgarle mayor libertad de acción a las Fuerzas de Autodefensa y ha visitado en numerosas ocasiones el santuario de Yasukuni, dedicado a los japoneses caídos en guerra, lo que ha acarreado quejas de China y Corea del Norte, pues en ese espacio también yacen criminales de guerra.

En política exterior, Takaichi ha asumido la comunicación de los asuntos más sensibles. Ha intervenido en los debates parlamentarios sobre Taiwán y la cooperación militar con EEUU. El pasado noviembre afirmó que un ataque chino a Taiwán justificaría una respuesta militar junto a Washington, una declaración sin precedentes entre sus antecesores.

En el plano económico, defiende una política monetaria agresiva en la línea de las Abenomics de Shinzo Abe, pese a que Japón arrastra la mayor deuda pública del G7, y un ambicioso paquete de rebajas fiscales orientado a incentivar el consumo de los hogares y a facilitar la inversión empresarial para dinamizar la economía.

En el ámbito social, ha mantenido una línea coherente con el ala más conservadora, ha defendido un control más estricto de la entrada de extranjeros así como también ha cuestionado la ampliación de programas de visados laborales en un país que, pese al envejecimiento acelerado de su población, sigue mostrando resistencias a la inmigración.

Para la primera ministra, una posible apertura al respecto plantea riesgos de cohesión social y debe gestionarse de forma "limitada y selectiva", una posición que conecta con el discurso nacionalista en auge en parte del electorado.

Takaichi, durante la votación parlamentaria que la hizo primera ministra.

Takaichi, durante la votación parlamentaria que la hizo primera ministra. Kim Kyung-Hoon Reuters

La cuestión de género marca una de las principales paradojas de su mandato. Aunque su elección supone un hito indiscutible en un país que ocupa el puesto 118 de 155 en el índice de Brecha de Género del Fondo Monetario Internacional, la natural de Nara no se ha presentado precisamente como una impulsora de políticas de igualdad.

Al contrario, ha defendido públicamente el mantenimiento de la sucesión masculina en la Casa Imperial japonesa y, por el momento, no ha respaldado políticas activas para impulsar el Estado hacia un modelo más paritario. Su llegada al poder rompe un techo simbólico, pero no anticipa un giro progresista en esta materia.

También ha rechazado iniciativas como el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo o la posibilidad de que los cónyuges mantengan apellidos distintos tras casarse. Sin embargo, se sabe que esta contrajo matrimonio dos veces con el mismo hombre, un exparlamentario de su formación, y que en la segunda ocasión él adoptó su apellido.

Buena relación con Washington

Su sintonía con Washington se ha reforzado desde la campaña. Tras conocerse la victoria de febrero, el presidente Donald Trump la felicitó. Takaichi respondió agradeciendo el mensaje y subrayando que "el potencial de la alianza con EEUU es ilimitado", además de manifestar su intención de visitar la Casa Blanca en primavera.

El intercambio confirmó una relación fluida que Takaichi considera central para su estrategia de seguridad. Bajo su liderazgo, ambos Estados han reforzado su cooperación en materia de defensa y ha alineado su discurso. Esta cercanía forma parte del andamiaje político que sostiene su apuesta por un Japón más armado y menos contenido en el plano internacional.

Donald Trump y Sanae Takaichi reunidos el pasado octubre en Tokio.

Donald Trump y Sanae Takaichi reunidos el pasado octubre en Tokio. Evelyn Hockstein Reuters

Cuando asumió el liderazgo de su partido, prometió a la ciudadanía: "Trabajaré, trabajaré, trabajaré y trabajaré". Y tal parece ser ese compromiso que apenas duerme más de cuatro horas. Tampoco deben de hacerlo mucho más quienes trabajan con ella, y es que recientemente convocó una reunión a las tres de la madrugada que causó gran revuelo.

En lo personal, mantiene una separación entre su vida privada y su carrera pública. Tras someterse a una cirugía por una enfermedad ginecológica, tuvo dificultades para dar a luz, por lo que nunca tuvo hijos. Sí adoptó a los tres de su marido, a quien cuida desde que este sufrió un infarto cerebral en 2025 que le dejó el lado derecho del cuerpo paralizado.

A sus 64 años, gobierna Japón desde una posición inédita: primera mujer en el cargo y con una agenda que cuestiona pilares establecidos desde hace más de medio siglo. Su figura despierta adhesiones firmes y rechazos igualmente intensos. Pero incluso entre sus críticos hay consenso en un punto: Sanae Takaichi dejará una huella duradera en la política del país.