La presentadora Adela González, en uno de los salones del JW Marriott Hotel Madrid.

La presentadora Adela González, en uno de los salones del JW Marriott Hotel Madrid. Nieves Díaz Magas

Protagonistas ENTREVISTA

Adela González, el rostro que lleva a La 1 de TVE a batir récords: "Afronto los datos con humildad. Hay que ir día a día"

La presentadora de Mañaneros 360 concede su primera entrevista tras lograr cifras históricas de audiencia en su franja: "Me gusta hablar de equipos líderes".

Más información: Así es la cantera vasca: de ETB a RTVE, los presentadores vascos que conquistan la televisión nacional

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“Dispuesta a escuchar, preguntar y aprender”. Así se describe Adela González Acuña (Lasarte-Oria, Guipúzcoa, 1973) en su biografía de X (antes Twitter). Y puede que nunca antes alguien se haya definido mejor a sí misma. La presentadora de Televisión Española, capitana del barco Mañaneros 360, un día quiso ser médica.

Pero precisamente su enorme capacidad de escucha, su constante interés por entender bien cómo funcionan las cosas y sus ganas de aprender la llevaron hasta la carrera de Periodismo. Antes, pasó por la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto. [Tranquilidad: solo fueron tres meses]. “¡Qué densidad! Muy interesante, pero muy denso”, exclama en su conversación con Magas.

Son las 16:00 horas de una tarde cualquiera de otoño y la cita tiene lugar en el JW Marriott Hotel Madrid. Adela González aparece luminosa, vibrante, expansiva. Llega puntual —casi con un minuto de adelanto—, con su inseparable sonrisa y un traje de chaqueta de dos piezas en un color coral que ilumina el espacio de decoración minimalista.

De pequeña quería ser médica, luego empezó Derecho y acabó estudiando Periodismo.

De pequeña quería ser médica, luego empezó Derecho y acabó estudiando Periodismo. Nieves Díaz Magas

No hay pose ni prisa: saluda al botones, bromea con el recepcionista, agradece con naturalidad cada gesto. Podría parecer una visitante más, si no fuera porque, a pocos metros, varias personas la reconocen. Ella responde con la misma cercanía con la que habla ante las cámaras. A pesar de ser la presentadora líder de las mañanas en España, sigue teniendo los pies en el suelo. Es rigurosa, generosa en las respuestas y contagia entusiasmo.

No le gusta el título monárquico televisivo —ella misma lo dice entre risas—, pero los datos son rotundos: Mañaneros 360 ha cerrado octubre con récord histórico, un 16,6% de cuota de pantalla y 485.000 espectadores de media. Las audiencias la coronan, aunque lo suyo, insiste, es simplemente contar la vida con honestidad.

Tras pasar por una televisión local, trabajó en ETB, La Sexta, Mediaset y ahora en RTVE.

Tras pasar por una televisión local, trabajó en ETB, La Sexta, Mediaset y ahora en RTVE. Nieves Díaz Magas

En la conversación con esta revista repasa su infancia en Euskadi, sus primeros pasos en los medios, su tiempo en Sálvame y su aterrizaje en la televisión pública. Además, acaba de ser nominada a los Premios Iris en la categoría de Mejor Presentador/a de Programas de Actualidad.

Hoy, su plan perfecto es que llegue el viernes por la tarde, volar a Bilbao, ver a su familia, desmaquillarse y salir a tomar unas cervezas y unos pintxos con sus amigos de siempre. Quizá esa manera suya de mirar el mundo —sencilla, con calma y sin imposturas— sea lo que le ha llevado hasta el lugar de respeto y éxito que ocupa hoy.

Para llegar hasta este punto, tenemos que empezar por el principio: ¿cómo era esa Adela niña?

Era una niña absolutamente normal. Tenía poco tiempo porque, además del colegio, hacía mil actividades extraescolares: ballet, mecanografía, inglés, euskera…

¿Cuándo aparece el gusanillo del periodismo?

Primero quise ser médica. Ciencias puras.

¿Alguna especialidad concreta?

No, no, medicina. Lo tenía clarísimo. Después me di cuenta de que no servía, y como soy tan combativa y preguntona y repreguntona, pues pensé: “Lo mío es el Derecho”. Y comencé a estudiar Económicas y Derecho en la Universidad de Deusto.

¿Perdón?

Sí, estuve tres meses (ríe). Yo me visualizaba y miraba a mis compañeros, que todos querían ser bancarios, y es que.... No, no tenían nada que ver conmigo.

¿Cuándo dio el salto a la comunicación?

Dejé Derecho, me fui ese año a Inglaterra y luego ya empecé Periodismo. Yo amaba la radio. Para mí era lo más.

¿Quiénes eran sus referentes?

Ángela Rodicio, Rosa María Calaf y Almudena Ariza. Siempre me fijaba en las enviadas especiales. Es importante que los periodistas cuenten las historias desde el sitio donde pasan. En el entretenimiento, Mayra Gómez Kemp. Yo jugaba al Un, dos, tres... responda otra vez con mis primos David y Carlos.

Sus primeros pasos fueron en la ETB, la televisión pública vasca. ¿Qué significó para usted esa etapa?

Antes de llegar ahí, empecé en una tele local, que es donde se aprende verdaderamente todo: desde maquillarte tú misma hasta editar un informativo o presentarlo. ¡Que yo nunca había leído un teleprónter! Mi madre me grabó presentando, en una cinta de VHS, y yo dije: “Esto lo tengo que guardar por si algún día presento un programa de televisión”.

¡Qué fuerte!

Qué fuerte no, qué susto ver eso. Menos mal que esa cinta se perdió (ríe). De ahí di el salto a ETB. Empecé de reportera en los formatos en directo. La ETB fue mi escuela y mi casa durante muchos años. Yo digo que tengo madres televisivas. Begoña Atin y Arri Granados fueron muy importantes para mi crecimiento. Luego empecé a presentar con Iñaki López. Entre un programa y otro habremos estado unos ocho o nueve años juntos. Yo tenía una complicidad bárbara con él.

El buen o el mal rollo entre presentadores se nota, ¿no? El espectador lo capta todo.

Claro, e Iñaki y yo seguimos siendo muy amigos y tenemos un feeling muy especial. De hecho, el día de mi boda, a la que obviamente estaba invitado, la gente que fue por allí decía: “¿Ves cómo se casa con él?” (ríe).

La periodista cuenta que su gran referente en el entretenimiento era Mayra Gómez-Kemp.

La periodista cuenta que su gran referente en el entretenimiento era Mayra Gómez-Kemp. Nieves Díaz Magas

Adela, usted ha pasado por informativos, magacines, programas de actualidad… ¿Dónde siente hoy que está su sitio natural, el formato en el que se reconoce más?

Donde estoy ahora mismo, estoy muy cómoda. El formato magacín de actualidad, de cercanía con lo que estás contando: los reporteros, las historias humanas, lo que está pasando. Y lo gamberro también tiene su sitio. Siempre hay alguien que te saca una sonrisa. Te agarras ahí y sacas esa parte. Mañaneros tiene ese punto en el cual podemos jugar con ciertas cosas.

Como "dato mata relato", vamos a ello: Mañaneros 360, su programa, cerraba octubre revalidando récord histórico con un 16,6% de cuota de pantalla y 485.000 espectadores de media. El 15 de octubre se publicó que habían hecho su tercer récord en cuatro entregas. O sea, hicieron récord el viernes 10 (17,7%), el lunes 13 (18,1%) y luego el martes 14 de octubre (19,6%). ¿Podemos hablar abiertamente de que hay una nueva reina de las mañanas y se llama Adela González?

¡Noooooooo! (ríe). Mira, antes de reyes y reinas de las mañanas, a mí me gusta hablar de equipos líderes. Eso es así. Los programas están formados por equipos y los presentadores somos esa guindita del pastel, pero hay ahí mucho cocinero detrás durante muchas horas y trabajando de manera incansable.

¿Cómo afronta esos datos?

Dando las gracias a todas esas personas que eligen ver La 1 desde primera hora de la mañana, porque somos líderes toda la mañana. La cadena va hacia arriba, como diría mi querida compañera Pérez de Aranda, “como un pepino”. ¡Y lo digo con cariño, eh, Beatriz! (ríe).

No quiero guerra de reyes y reinas, pero cuando las audiencias van mal, las noticias se ilustran con su cara. Si van bien, también hay que sentirse orgullosos de ello, ¿no?

Claro. Somos los mismos los que hacemos un ocho que los que hacemos un 18. No solo hay que ver lo que hacemos nosotros, sino qué tenemos enfrente. Nuestro objetivo es hacer las cosas siempre bien, con rigor y con seriedad. Estamos hablando de información, y según la que demos, la gente actúa de una forma u otra. “No vayan por aquí, que está la carretera cortada”, “Hay un aviso de la AEMET”. Hay que informar bien a la gente y hay que hacerlo con contexto. Estos datos de audiencia hay que afrontarlos con humildad. ¿Contentos? Sí. ¿Con humildad? Mucha.

¿Con qué sentimiento vive la responsabilidad de abrir las noticias para tantas personas todos los días?

Con alegría, porque ves que el programa que llevas es un buen producto y que gusta a la gente. Pero esto es como los bancos: rendimientos pasados no garantizan rendimientos futuros. Hay que ir día a día, sobre todo en un medio tan cruel.

La presentadora, en un momento de su entrevista con Magas.

La presentadora, en un momento de su entrevista con Magas. Nieves Díaz Magas

¿Cómo han detectado lo que funciona y lo que no? ¿Quitar la sección de corazón ha disparado la audiencia de Mañaneros?

A los hechos me remito. La audiencia es soberana y no hay nada más democrático que una casa con un mando a distancia. La tele es así. Para eso tenemos los minutados: sabemos qué funciona en cada minuto. Puede que el contenido entonces no estuviera bien planteado, bien presentado o que no encajara en ese justo momento de la parrilla y de esa cadena. Se probó, no funcionó, no gustó tanto. El contenido que se pide ahora es otro, y es el que está gustando. Insisto: a los hechos me remito.

Es cierto que se levantó cierta polvareda en el momento en que no solo se cancela la sección de corazón, sino que se incorpora un nuevo presentador, Javier Ruiz, e incluso cambia la estética del programa.

Yo lo vi de una manera tan orgánica… “Esto no funciona, señores, vamos a cambiarlo y a probar con esto otro”. Genial. Obviamente, cuando cambias el contenido, cambian también las personas que lo hacen. Esos compañeros que se fueron están todos ahora mismo trabajando en otros medios. Es más el ruido que se vende; el clickbait está ahí. Aunque a nadie le gusta quedarse sin trabajo, eso está claro.

¿Qué análisis hace de la prensa del corazón en la televisión en este momento? Hubo un tiempo muy blanco, luego un tiempo muy heavy y ahora parece que la audiencia, al menos de manera masiva, no quiere comprar el corazón ácido otra vez. Se lo pregunto porque usted presentó Sálvame.

Es que es muy distinto verlo desde dentro que verlo desde fuera. Para mí, Sálvame fue una experiencia brutal. Era un formato único. Ahí fui a hacer lo que sé hacer, que es presentar. Y me puse al día de muchas cosas de las que no tenía ni idea.

Pero ahí no podía ser un busto parlante: un día había que desfilar, otro día había que cantar y todo eso, además, presentando.

Cada día era una aventura. Era muy loco todo. Pero moderar una mesa es moderar una mesa.

¿Llegó a hacer amigos?

Sí, pero yo tenía claro que era la presentadora del programa.

¿En la tele se puede tener amigos?

Yo tengo muchísimos.

La mirada de la periodista

La comunicadora trabaja de lunes a viernes en Madrid y pasa los fines de semana en Bilbao junto a su familia.

La comunicadora trabaja de lunes a viernes en Madrid y pasa los fines de semana en Bilbao junto a su familia. Nieves Díaz Magas

Adela, la actualidad, tanto nacional como internacional, atraviesa tiempos convulsos, a menudo muy polarizados. ¿Cómo se hace para contar lo que pasa sin dejarse arrastrar por las emociones o por el ruido político?

Con contexto. Es muy difícil separar ciertas cosas, como cuando escuchas ciertos argumentarios que atentan contra los derechos de las personas. Ahí no te puedes morder la lengua. No es que seas equidistante, es que tienes que pronunciarte. Si escuchas argumentos contra las mujeres, los migrantes, el colectivo LGTBI, pues no lo consiento. No.

Las redes sociales han cambiado mucho la relación entre los periodistas y el público. ¿Cómo lleva que la gente le pueda comentar todo de manera tan directa?

Yo tolero el “qué bien” y el “qué mal”. Los insultos los bloqueo y los denuncio.

Pero usted no tiene mucho hate, ¿no?

Bueno, sí que se recibe, sobre todo por el tema de las audiencias. Porque las recibo con humildad, pero también con orgullo, y pongo en valor el trabajo del equipo. Gente que no se las cree, gente que te dice de todo. Y otra cosa es el clickbait. No juego a eso.

¿Le molesta mucho?

Mucho.

¿Cree que el periodismo todavía puede ser un espacio de encuentro, de diálogo, en una sociedad que parece cada vez más dividida? ¿O una propuesta demasiado idealista?

El periodismo es una forma de comunicación. En Mañaneros se dialoga, se conversa, se escucha y se apuesta por las posturas de manera vehemente, pero también hay lugar para la risa y para el comentario jocoso cuando llega el momento.

En Mañaneros tratan muchos sucesos y hay noticias que remueven, que tocan fibras personales. ¿Cómo se protege emocionalmente ante esas historias?

Con empatía. Somos periodistas, pero ante todo somos personas. Una IA no podría hacerlo así.

¿Qué sensación tiene usted con respecto a la inteligencia artificial?

Me da mucho miedo, porque hay una deshumanización enorme de todo. La gente le pregunta todo a la IA. “IA, planéame un viaje”. Antes quedábamos con otra gente y tomábamos un café, y nos contaban cuáles eran los mejores sitios para visitar, los restaurantes, los museos… Ahora se lo encargamos a la maquinita. Me da mucha pena.

¿Cuál es la noticia que nunca querría dar?

Noticias relacionadas con las guerras. No solo están Ucrania y Gaza, hay otras muchas, como lo que está pasando en Sudán. Ojalá alguien pusiera un poquito de cordura.

¿Cuál es la noticia que anhela dar?

Que hay avances brutales en la investigación del cáncer y de enfermedades degenerativas.

¿Cree que se invierte poco en eso?

Nunca es suficiente. Imagínate a todas esas personas con niños que tienen enfermedades raras. Esos niños merecen una cura. ¿Que viene una IA y nos hace avanzar dos años en algo en este sentido? ¡Adelante esa IA!