Cristina, en varias imágenes de sus redes sociales.

Cristina, en varias imágenes de sus redes sociales. E.E

Interiorismo

Kiki, albañila desde hace más de 20 años: "Cuando llegaba a una obra, creían que era limpiadora"

Aunque la construcción sigue siendo un sector masculinizado, cada vez más mujeres se abren paso entre reformas y trabajos a pie de obra.

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La presencia de las mujeres a pie de obra y en oficios técnicos directamente vinculados a la construcción continúa siendo minoritaria en España, donde su representación ronda el 9% en este tipo de puestos. Las cifras reflejan una desigualdad que todavía resulta evidente en uno de los sectores tradicionalmente más masculinizados del mercado laboral.

Detrás de esos porcentajes, además, hay también una barrera menos visible: los prejuicios. La idea de que una mujer no tendrá suficiente fuerza, de que determinados trabajos son demasiado exigentes físicamente para ellas o de que su lugar no está entre herramientas, ladrillos y maquinaria sigue condicionando el acceso de muchas profesionales a las obras.

Son pocas las que han decidido romper con ese molde y demostrar, con su trabajo diario, que la capacidad profesional no depende del género. Una de ellas es Cristina, conocida en redes como Kiki, que lleva más de 20 años dedicada a la albañilería y que todavía recuerda las ocasiones en las que, al presentarse en una obra, algunos daban por hecho que había acudido para limpiar.

Una profesión a la que llegó con 22 años

Actualmente, las mujeres representan el 11,5% del empleo en el conjunto del sector de la construcción. Son 166.833 trabajadoras, una cifra que supone 6.545 mujeres más que en 2024 y que refleja una evolución positiva, aunque todavía muy alejada de una distribución equilibrada entre hombres y mujeres.

La desigualdad es aún mayor en los puestos a pie de obra y oficios técnicos, donde las mujeres representan alrededor del 9%, una cifra que explica por qué su presencia todavía sorprende en muchas obras.

Cristina conoce bien esa realidad porque lleva más de media vida entre reformas y trabajos de albañilería. Su entrada en el oficio se produjo cuando apenas tenía 22 años, en una etapa en la que ya era madre de dos hijos y trabajaba en una guardería.

Fue entonces cuando decidió cambiar de rumbo y apuntarse a una escuela taller de su barrio.

Aquella decisión terminó convirtiéndose en el comienzo de una profesión a la que se ha dedicado durante más de dos décadas. De la escuela taller salió con el título de oficial de segunda y descubrió que aquel trabajo, aunque exigente físicamente, podía convertirse en una verdadera vocación.

La albañilería requiere esfuerzo, precisión y conocimientos técnicos, pero también una capacidad constante para adaptarse a trabajos diferentes.

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Cristina ha ido desarrollando precisamente esa versatilidad a lo largo de los años y actualmente sabe desenvolverse en tareas como soldar, alicatar o realizar reformas generales.

Y es que, su oficio no consiste únicamente en levantar paredes o colocar materiales, sino que detrás de una reforma hay mediciones, preparación, herramientas, conocimientos sobre distintos materiales y capacidad para resolver los problemas que aparecen durante una obra.

Es una profesión práctica en la que la experiencia termina teniendo un peso fundamental. Una experiencia que, además, le ha otorgado la seguridad suficiente para abrirse camino siendo mujer.

Los prejuicios en la construcción

En el programa Malas Lenguas de RTVE, Cristina relató algunas de las situaciones que ha vivido durante su trayectoria profesional. Su experiencia muestra hasta qué punto los estereotipos pueden aparecer incluso antes de que una trabajadora tenga la oportunidad de demostrar lo que sabe hacer.

"Ha sido bastante duro porque es un camino que ha estado siempre hecho por hombres", explica la albañila.

Uno de los episodios que más recuerda se producía cuando llegaba a una obra y algunas personas daban por hecho que su presencia tenía que estar relacionada con las tareas de limpieza. "No, perdona, las limpiadoras todavía no han llegado", le solían decir.

La respuesta de Cristina siempre fue clara. "Yo no vengo a limpiar, que yo vengo a hacer cuarto baño", contestaba.

Más allá de la anécdota, aquella situación refleja uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan las mujeres que trabajan en profesiones tradicionalmente asociadas a los hombres: que su presencia puede ser cuestionada incluso antes de que comiencen a trabajar.

El problema, además, no se encontraba únicamente en los comentarios. Cristina explica que durante sus primeros años le resultaba especialmente complicado acceder a grandes obras.

De hecho, en muchas ocasiones no llegaba a tener la oportunidad de demostrar su capacidad profesional porque el prejuicio aparecía antes de que pudiera hacerlo.

La albañilería es, además, una profesión en la que la exigencia física es evidente. Hay que transportar materiales, trabajar durante horas de pie, adoptar posturas incómodas y utilizar herramientas que requieren fuerza y precisión.

Sin embargo, reducir el oficio exclusivamente a la fuerza física deja fuera una parte esencial del trabajo: la formación, la experiencia, la técnica y la capacidad para ejecutar correctamente cada tarea.