Imagen de la pareja.

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Interiorismo

Una pareja de 57 y 60 años explica cómo ha conseguido ahorrar más que nunca: "Vivimos sin muebles"

Sin sofá, sin cama tradicional y sin apenas muebles, así es la vida de quienes han llevado el minimalismo al límite.

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El minimalismo ha dejado de ser solo una tendencia estética para convertirse en una forma de replantear cómo vivimos. Más allá de los espacios vacíos, propone algo más profundo: reducir lo innecesario y cuestionar hasta qué punto dependemos de lo material para sentirnos cómodos.

En el hogar, esta idea choca con el modelo tradicional, basado en llenar cada espacio con muebles y objetos. Cada vez más personas se preguntan si esa acumulación responde a necesidades reales o a hábitos asumidos sin demasiada reflexión.

Algunos llevan este planteamiento al extremo. Es el caso de una pareja que ha decidido vivir prácticamente sin muebles, apostando por un estilo de vida mucho más sencillo en un apartamento amplio y luminoso.

El minimalismo de vivir sin muebles

Según recoge Business Insider, esta pareja vive en una vivienda en la que solo tienen una pequeña mesa de bambú para el ordenador y dos colchonetas individuales para dormir, y pasan la mayor parte del tiempo en el suelo sobre esterillas de yoga, una elección que contrasta con lo que socialmente se espera de personas próximas a la edad de jubilación.

A esa edad, lo habitual es invertir en sofás cómodos, sillones reclinables o muebles pensados para maximizar la comodidad pasiva; sin embargo, ellos han preferido huir de esa idea.

Pasan gran parte del día en el suelo y aseguran que nunca se han sentido mejor. Aunque reconocen que todavía idealizan el confort de un sofá amplio, no estarían dispuestos a renunciar a los beneficios que han encontrado en esta forma de vivir.

Su transición hacia este estilo de vida fue gradual. Desde 2008 habían ido reduciendo pertenencias y experimentando con una vida más sencilla, pero nunca se habían planteado prescindir casi por completo del mobiliario.

La idea surgió a raíz de escuchar un pódcast sobre personas que vivían sin muebles. En aquel momento, además, estaban a punto de mudarse a una cabaña completamente amueblada en una zona rural, un proyecto que finalmente no prosperó.

El giro llegó cuando apareció la oportunidad de alquilar un apartamento sin amueblar, atractivo y sobre todo, asequible, rodeado de un jardín. "Lo tomé como una señal de que era hora de intentar vivir sin muebles", confiesan.

Una pareja de 57 y 60 años explica cómo es vivir sin muebles.

"Al principio cometimos algunos errores. Compramos un futón barato y bajo para dormir, pero resultó ser una mala opción para nuestras espaldas, así que pronto lo descartamos y optamos por nuestros colchones de camping", cuentan.

Este tipo de minimalismo, cuentan, tiene diferentes beneficios y, además, un impacto directo en el gasto. La ausencia de sofás, sillas, mesas grandes, estanterías o camas supone un ahorro significativo, tanto en la inversión inicial como en el mantenimiento.

No hay que renovar tapicerías, cambiar muebles dañados ni adaptar la vivienda a nuevas modas. A esto se suma un gasto menor en mudanzas, ya que el traslado se simplifica de forma drástica, algo especialmente relevante para personas que valoran la movilidad y el cambio frecuente de residencia.

Este tipo de vida también reduce el consumo indirecto. Menos muebles implican menos necesidad de decorar, menos compras impulsivas y menos acumulación de objetos que acaban generando desorden.

En términos financieros, el resultado es una estructura de gastos más ligera y predecible, que facilita el ahorro incluso sin una estrategia explícita para ello.

El dinero que no se destina a equipar la casa puede dirigirse a otros fines, como experiencias, viajes, ahorro a largo plazo o simplemente una mayor tranquilidad económica.

Pero el impacto no es únicamente económico. La pareja destaca mejoras claras en su bienestar físico y, "en aproximadamente un mes, comenzamos a sentirnos más fuertes físicamente", cuentan.

Al no disponer de sillas o sofás en los que "hundirse" durante horas, cambian de postura con frecuencia, se levantan más a menudo y se mantienen activos de forma casi inconsciente.

Las tareas domésticas también se han simplificado. Con menos superficies y menos objetos, limpiar resulta rápido y sencillo, y el apartamento mantiene un aspecto ordenado casi de forma automática.

Esta sensación de espacio y ligereza contribuye, según explican, a una mayor calma mental y a una relación más relajada con el hogar. Incluso su gato rescatado parece beneficiarse de la ausencia de muebles, utilizando el espacio libre para moverse y jugar de una forma que no podría hacerlo en una casa convencional.

Ellos mismos reconocen que este estilo de vida no es universal ni fácilmente trasladable a todo el mundo. Por ese motivo, han optado por adaptar su vida social y evitar incomodar a los invitados, prefiriendo encuentros al aire libre, paseos o citas en cafeterías y restaurantes.