Mónica, limpiadora

Mónica, limpiadora E.E.

Estilo de vida

Mónica, limpiadora colombiana trabajando en España: "Gano 13 euros la hora y pago un alquiler de 750 euros al mes”

La colombiana relata cómo ha logrado construir una vida estable en Palma de Mallorca trabajando en la limpieza, después de unos comienzos marcados por la precariedad y la falta de vivienda.

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A las 7:30 de la mañana, Mónica ya está limpiando una peluquería en Palma de Mallorca. Dobla toallas, ordena productos, limpia espejos, lava el baño y deja el suelo listo antes de que empiece la jornada. Su rutina arranca temprano, pero detrás de ese gesto cotidiano hay una historia de esfuerzo, precariedad y ascenso a base de horas trabajadas.

Esta colombiana de Medellín, ha contado su experiencia en España en una entrevista con el creador de contenido Andrés Pérez, conocido en redes como @elandrevlog. Su testimonio pone voz a una realidad que comparten miles de mujeres migrantes que encuentran en la limpieza una de las puertas de entrada al mercado laboral.

"Gano en promedio 13 euros la hora", explica. No siempre factura lo mismo, porque sus ingresos dependen de cuántas horas logra encadenar cada día. Según relata, una jornada floja de cuatro horas puede dejarle unos 74 euros, mientras que otra de diez horas le permite acercarse a los 130 euros.

De dormir en la calle a vivir 'muy bien'

Su situación actual contrasta con el comienzo. Mónica recuerda que, al llegar a España, atravesó uno de los momentos más duros de su vida. Tenía que dormir en la calle durante tres días y tres noches porque no podía pagar un techo.

En aquel momento, solo limpiaba una peluquería, unos despachos y una vivienda. Ganaba alrededor de 90 euros a la semana, una cantidad insuficiente incluso para cubrir lo más básico. Como tantos otros migrantes, se encontró con una realidad áspera: trabajo duro, pocas horas y una enorme dificultad para estabilizarse.

La salida llegó gracias a una red de apoyo informal, tan habitual como decisiva en muchas historias de migración. Una amiga venezolana, al enterarse de su situación, le ofreció ayuda. Según cuenta Mónica, le dejó un lugar donde vivir, le pagó el alquiler durante un tiempo y le consiguió más trabajo.

Ese impulso cambió su rumbo. Con más clientes y mejores condiciones por hora, pudo dejar atrás la supervivencia más extrema y construir una cierta estabilidad para ella y para sus hijas. "Yo vivo muy bien", asegura hoy.

Una jornada partida

Después de la peluquería, Mónica continúa su recorrido por otros servicios. Uno de ellos es la vivienda de unos clientes alemanes que pasan temporadas fuera de España. Allí no hace una limpieza puntual, sino un trabajo continuado de mantenimiento y cuidado de la casa.

Ese tipo de clientela le ha permitido consolidar relaciones de confianza. Ella misma subraya que la honestidad es la clave de su trabajo, hasta el punto de que algunos clientes le dejan las llaves de sus viviendas. En un empleo que se desarrolla dentro de espacios privados, esa confianza es casi tan importante como la experiencia.

Por uno de esos servicios cobra 20 euros por una hora y media de trabajo. Puede parecer una cifra razonable, pero el cálculo mensual depende de algo mucho más inestable: tener suficientes encargos, cuadrar desplazamientos y resistir físicamente jornadas que cambian cada día.

La estabilidad que encontró en España

Hoy Mónica vive sola con sus hijas en un piso de tres habitaciones por el que paga 750 euros al mes. "Una para cada una de mis hijas, un salón grande, cocina, baño, zona de ropas y corredor", describe con orgullo.

Su caso refleja una paradoja muy reconocible en España. Ingresar 13 euros por hora puede sonar a salario aceptable, pero no garantiza holgura cuando el alquiler absorbe una parte importante del presupuesto mensual y el empleo depende de servicios fragmentados.

Aun así, Mónica siente que ha ganado algo más valioso que el dinero: tranquilidad. Aunque echa de menos Colombia, sostiene que en España ha encontrado una seguridad que no quiere perder por ahora.