Parte del reparto de 'Mujercitas' (Walt Disney Studios Motion Pictures, 2019), una historia donde cada una de las hermanas tiene una personalidad muy marcada que además cambia según el contexto.

Parte del reparto de 'Mujercitas' (Walt Disney Studios Motion Pictures, 2019), una historia donde cada una de las hermanas tiene una personalidad muy marcada que además cambia según el contexto. IMDb

Estilo de vida

Ni extrovertida ni introvertida, ahora llega otrovertida: la definición para las que sienten que no terminan de encajar

En 2025, el psiquiatra estadounidense Rami Kaminski acuñó un término que puede resultar un arma de doble filo.

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Había un anuncio de cierta bebida que decía eso de "para los gordos, para los flacos, para los altos, para los bajos, para los que ríen, para los que lloran, para los optimistas, para los pesimistas...", dando a entender que el mundo, aunque fuese "para todos" como el refresco, estaba dividido en dos.

Derecha o izquierda, bueno o malo, de invierno o de verano, a favor o en contra... Y, sin embargo, como titula en su libro Mar Llera, profesora de la Facultad de Comunicación de Sevilla, lo que acontece no es blanco ni negro, sino todo lo contrario.

La vida no debería situarse tan sólo en los extremos —como parece que sucede hoy en día—, sino que debería dar cabida a la escala de grises donde habita la mayoría.

El crecimiento consiste en aprender que la diversidad en casi todos los aspectos —salvo en el respeto a los derechos humanos fundamentales, donde hay barreras infranqueables— es riqueza. Es futuro.

Antes eras libra, virgo, piscis o capricornio, como decía esa cancioncilla de juego de palmas de recreo y horas muertas en la calle. Ahora tienes que saber tu carta astral y todas las implicaciones de la misma. Antes eras extrovertido o introvertido. Ahora también puedes ser otrovertido.

Este nuevo término llegó en 2025, pero no por combustión espontánea y ni siquiera de la mano de un trend de TikTok. El encargado de acuñarlo fue el psiquiatra Rami Kaminski, que publicó El don de no encajar (Zenith, 2025).

En el libro habla del concepto y lo define como un patrón que funciona de la siguiente forma: aquellas personas que se sienten como extranjeras en cualquier grupo y que, sin embargo, esconden grandes ventajas en esa forma de ser.

Según el resumen que ofrece Planeta en su web, estos perfiles "no nacen con un impulso natural a pertenecer".

Saoirse Ronan interpreta a Jo March en 'Mujercitas' (Walt Disney Studios Motion Pictures, 2019).

Saoirse Ronan interpreta a Jo March en 'Mujercitas' (Walt Disney Studios Motion Pictures, 2019). IMDb

En comparación con los introvertidos, no son tímidos ni reservados y, además, suelen manejar con destreza las interacciones, no las viven de forma agotadora. No obstante, los grupos grandes pueden abrumarlos.

Por otro lado, suelen ser aceptados "e incluso populares", pero ellos pueden sentir que no terminan de encajar.

Igualmente, también se habla de ellos como personas capaces de generar fuertes vínculos y, sobre todo, de hacerlo con gente que de verdad les interesa para su desarrollo, dejando de lado aspectos más superficiales.

La psicóloga y CEO de la Clínica Pinsapo, Ana Sánchez, comenta que le parece natural que este término haya aflorado en el momento actual: "Es algo acertado porque va de la mano de la evolución de la sociedad. Supone un punto intermedio a lo que proponía Jung —en referencia al médico y psiquiatra suizo— con su división de extrovertidos e introvertidos".

No obstante, aquí merece la pena hacer el apunte de que lo que pretendía el experto cuando acuñó estos términos no era clasificar de forma binaria los rasgos de la personalidad.

De hecho, nada más lejos de la realidad, ya que defendió que para ser una persona completa, lo más interesante era enfocarse en aquellas partes más desconocidas o menos desarrolladas de uno mismo.

En cualquier caso, tal y como explican en el medio especializado Mindful en un artículo firmado por la psicóloga Sophie Kelly, que además tiene un máster en Neurociencia, para el cerebro es mucho más sencillo pensar de forma binaria: ir encasillando y etiquetando en 0 y 1, a modo de símil con la lógica de la programación informática.

Teniendo en cuenta lo anterior, no tiene nada de extraño que el progreso entre de los términos de Jung haya sido de forma polarizante.

Una nueva mirada

Según Sánchez, esta perspectiva que propone Kaminski puede tomarse con una especie de rebranding de las teorías de base de Jung y también de las Big Five. "Esta nueva palabra lo que hace también es adaptarse un lenguaje más cotidiano, que podemos llevar al día a día, y alejarse de determinados tecnicismos", explica.

El modelo de los cinco grandes rasgos de personalidad que referencia es una de esas herramientas que la psicología ha pulido con el tiempo hasta convertirla en un espejo bastante fiable de cómo somos.

Sin etiquetas rígidas ni categorías cerradas: aquí no hay tipos de persona, sino matices, grados y formas de estar en el mundo en un determinado contexto. Las pautas en torno a las que se articula son las siguientes:

  • Apertura a la experiencia: tiene que ver con la curiosidad, la imaginación y la disposición a lo nuevo. En el otro extremo están quienes prefieren lo familiar, lo probado, lo que no descoloca.

  • Responsabilidad: orden, disciplina, constancia. Estas personas tienden a planificar, a cumplir y a sostener compromisos.

  • Extraversión: aquí entra la energía social, es decir, la necesidad —o no— de interacción, de estímulo externo. Los perfiles extrovertidos buscan el contacto, la conversación, el ruido. Los introvertidos, en cambio, encuentran su equilibrio en la calma y los espacios propios.

  • Amabilidad: empatía, cooperación y confianza en los demás. Quienes destacan en este rasgo suelen priorizar la armonía y el vínculo.

  • Neuroticismo —o vulnerabilidad emocional—: estas personas tienen una relación difícil con su parte más sentimental. Las que más se clasifican como tal, suelen tender a la ansiedad o la inestabilidad en este plano.

Alba, una joven onubense de 24 años, comenta que hoy en día hay etiquetas para todo y que, hasta cierto punto, lo ve necesario: "En ciertos aspectos, en temas más desconocidos o nuevos, me parece muy interesante tener esa especie de anuncio extra".

Sin embargo, cuenta que para ella el término otrovertido —otrovertida en su caso— no implica necesariamente algo nuevo.

"Me considero una persona extrovertida, pero también sé que tengo mis tiempos y mis ritmos. Creo que todo depende un poco del momento. A menos que poseas unos rasgos muy marcados, todos pasamos por etapas, aunque predominen más unos aspectos que otros", dice, mostrando una visión más acercada a la de las Big Five, que explora tendencias y combinaciones entre ellas.

En esto coincide Sánchez, que explica que estas definiciones dependen mucho del contexto y del momento vital que esté atravesando cada cual. "Hacer una mezcla de esto, de todo lo que sabemos, aporta dinamismo cuando hablamos de personalidad", cuenta.

La profecía autocumplida

Es un hecho: los libros de autoayuda, autoconocimiento y motivacionales están de moda. Basta con pasarse por cualquier espacio de venta para ver cómo se han colado entre los más vendidos. Lo mismo sucede al pasear por las grandes superficies: está claro dónde se agolpa la gente. Si se pasa al apartado de los pódcast, ¡apaga y vámonos!

"Cada vez somos más conscientes de cómo estamos y de qué nos pasa. Eso repercute en cómo construyo mi identidad, que es algo que se debería hacer a través de la diferencia", detalla Sánchez.

La psicóloga explica que desde que el concepto de inteligencia emocional se ha colado en la rutina es normal también que surja algo como el rasgo de otrovertido. "Y de fondo siempre están las redes sociales", añade.

No obstante, y a pesar de que se muestra contenta por el hecho de que la psicología y la terapia resulten más accesibles y estén más aceptadas, también comenta que todo esto puede convertirse en un arma de doble filo: "Hoy en día hay mucha presión por diferenciarse y por definirse".

Alba, enfermera, cuenta cómo en su entorno la gente se autodiagnostica con supuestos trastornos y tiene la necesidad de identificar de un momento a otro qué le pasa.

"Escucho a los demás decir que son PAS —Personas Altamente Sensibles—, que tienen apego evitativo o que no paran de desarrollar TOCs. Son temas muy delicados que deberían tratarse de forma más reflexiva", cuenta.

En este contexto, entra en juego algo con un nombre sumamente atractivo: la teoría de la profecía autocumplida.

En 'Cisne negro' (Twentieth Century Fox, 2010) el miedo al fracaso es lo que lleva a la caída de la protagonista.

En 'Cisne negro' (Twentieth Century Fox, 2010) el miedo al fracaso es lo que lleva a la caída de la protagonista. IMDb

El sociólogo Robert K. Merton fue quien puso nombre a este fenómeno: una creencia que, aun siendo inicialmente falsa, acaba provocando los comportamientos necesarios para volverse cierta. El mecanismo es sencillo, aunque rara vez evidente.

Primero aparece la expectativa. Una idea que se instala sin montar demasiado escándalo. Los comentarios que empieza a pulular en voz baja en el cerebro, pero haciendo ruido, son del siguiente tipo: "Esto no se me da bien", "no le voy a caer bien" o el clásico "seguro que sale mal".

Después, esos mantras empiezan a filtrar la conducta. Se ajusta el tono, se recorta el esfuerzo, se anticipa el tropiezo. A veces de forma consciente; muchas otras, no.

Y, finalmente, llega el resultado, pero, por supuesto, no lo hace en forma de sorpresa, sino de confirmación. La realidad se pliega hacia lo esperado.

La profecía autocumplida tiene poco de Harry Potter y mucho de tangible. Aquí se podría meter incluso ese término de la manifestación que ahora está por todas partes. La conclusión lleva a la capacidad de las expectativas para modelar la conducta. Y, a través de ella, los desenlaces.

"El rasgo de la otroversión —al igual que tantos otros, muchos de ellos nuevos— ayuda a la gestión emocional, pero ahí entra el encasillamiento", expresa Ana Sánchez, idea que entronca con la citada teoría.

"Si me defino de esta manera, todo el mundo va a esperar que me comporte de determinada forma y es lo que acabo haciendo. Por lo tanto, me cuesta salir de ahí", añade.

La experta habla, como no podía ser de otro modo, de encontrar un punto de equilibrio, de saber que algo puede llegar a definir, pero que no desde lo absoluto, sino desde el contexto. "Cuando hablamos de personalidad, las etiquetas van cambiando, son volátiles", concluye.

Y en ese matiz está la clave. En entender que nombrarse puede ser útil, incluso necesario, pero que toda clasificación —por afinada que parezca— corre el riesgo de quedarse pequeña.

Si algo atraviesa todas estas teorías, desde Jung hasta las versiones más recientes que intentan traducir la psicología y la psiquiatría al lenguaje cotidiano, es la idea de que lo que somos no es un lugar fijo, sino un tránsito. El camino lo marca el contexto, el momento y también la expectativa.

El problema surge cuando la persona pretende alojarse en un instante, observándolo además desde un prisma reduccionista. Una palabra no se puede convertir en una hipoteca a plazo fijo. Es preferible un alquiler temporal. Mucho más real. Sobre todo teniendo en cuenta el mercado.

Frente a la tentación de encajar —aunque sea en una categoría nueva más amable y flexible—, lo mejor es reconocerse. Y, sobre todo, no olvidar que entre el blanco y el negro está todo lo contrario. Entre lo que creemos ser y lo que acabamos siendo siempre queda espacio para todo lo demás.