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Imagen de ilustración. iStock.

Belleza

Los maquilladores coinciden: "A partir de los 50 no deberías utilizar eyeliner si buscas una mirada más joven"

El paso del tiempo cambia la forma del párpado y obliga a adaptar el maquillaje para conseguir una mirada más abierta, luminosa y favorecedora.

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El eyeliner es uno de esos productos que parecen capaces de transformar una mirada en cuestión de segundos. Una línea bien trazada puede definir el ojo, intensificar las pestañas y aportar ese punto sofisticado que hace que incluso un maquillaje muy sencillo parezca mucho más elaborado.

Durante años hemos aprendido a dibujarlo prácticamente de la misma manera: una línea pegada a las pestañas y un pequeño rabillo ascendente en el extremo exterior. Es una técnica que funciona especialmente bien cuando buscamos alargar visualmente el ojo y conseguir una mirada más felina, pero hay un detalle que conviene tener en cuenta: no siempre sienta igual de bien a todas las miradas.

La razón está en algo tan sencillo como la evolución de nuestros párpados. Con el paso del tiempo, la piel pierde elasticidad y la forma del ojo puede cambiar, haciendo que un delineado que antes quedaba perfecto termine escondiéndose entre los pliegues o endureciendo la expresión. Por eso, a partir de cierta edad, quizá no se trata de dejar de maquillarse los ojos, sino de cambiar la manera de hacerlo.

El delineado que puede restar frescura a la mirada

El eyeliner puede que sea uno de los productos de maquillaje favoritos de millones de personas en todo el mundo. Hay quien asegura que es el único cosmético del que nunca prescinde y hasta quien decide llevar la línea del párpado superior de forma permanente gracias a las técnicas actuales de micropigmentación.

Sin embargo, pocas veces nos paramos a pensar si seguimos utilizando la técnica que realmente favorece a nuestros ojos o simplemente hemos mantenido la misma por pura costumbre.

El motivo es que, muy a nuestro pesar, la forma de nuestros párpados no permanece intacta durante toda la vida. Lo que funciona a los 20 años puede necesitar algunos ajustes a los 40, a los 50 o a los 60.

Todo esto, además, se enfatiza cuando hablamos de la piel que rodea los ojos, que cambia con el paso del tiempo y la pérdida progresiva de elasticidad puede hacer que el párpado superior tenga más pliegues, se vuelva más encapotado o tienda a caer ligeramente.

Es precisamente ahí donde el clásico eyeliner con rabillo puede dejar de ser nuestro mejor aliado. El problema no está en eyeliner en sí, sino en cómo interactúa con la nueva forma del párpado.

Un trazo perfecto sobre un ojo abierto puede desaparecer parcialmente cuando la piel se pliega y, en lugar de crear una línea ascendente, acabar escondido bajo el párpado. El resultado puede ser justo el contrario del que buscamos: una mirada más pesada y menos despierta.

@claracerverabeauty 👇OJOS A PARTIR DE 40 años (párpados caídos) 🌸Matizo algo; hay gente con 30 que ya tiene párpado caído y otros con 50 que no les cae nada… Esto es un genérico porque yo si tengo uno cayéndose y otro que no con 40…. 🌸Otro apunte es que me di cuenta en el reel del otro día que nadie quiere sufrir haciéndose maquillajes para párpados no caídos (yo la primera que ya no me hago el eyeliner líquido porque voy más rápida con otras cosas que encima creo que me favorecen más. ¡Para qué inventar!, vamos a lo fácil.) 🌸De unos años a esta parte, me he empezado a maquillar como veis en el vídeo (con matices extras que ya veremos) pero cuando voy de diario y de trote; simplemente lo que veis. Marco la línea de agua superior con un lápiz fijo (hoy uso Long Lasting de @kikomilano 06), después marco a ras de pestañas un machacado bueno, generalmente del centro al final del ojo para dar sensación de alargar y agrandar… Posteriormente lo emborrono o difumino con brocha plana sin una destreza especial. Que no quede la raya extremadamente marcada y se vean saltos… 🌸Lo que mejor se me da es el pestañón, eso me encanta y me abre el ojo de narices. Toda mi santa vida usaré serums crece pestañas porque entre eso y una buena máscara que alargue, engrose y curve, ¡soy la Reina! (Llevo la máscara Paris Berlin @cosmeticamimate cupón CLARA) Mínimo tres capas, ahí no me importa invertir mi tiempo, es exagerada la diferencia. Me hace tal pestañón que el escalón del párpado caído apenas se nota mirando de frente. Este es mi ojo de cabecera y creo que puede servirle a uno muchísimo más caído que el mío. Hace tiempo que dejé de inventar y reconozco que me va mejor. ¡Me he adaptado! 🌸Supongo que muchas habéis dejado de forzar también, es que incluso creo que estoy más favorecida. ¿¿Me contáis si este reel se adapta más a vosotras que el del otro día?😂 #parpado#parpadoscaidoso#parpadocaidoo#parpadoso#parpadoencapotadoo#párpadocaídor#makeupreelsq#reelmaquillajei#reeltricksa#delineadoa#delineadoparpadocaido ♬ like that - Bea Miller

"El eyeliner clásico se esconde bajo el pliegue del párpado y pierde su efecto, por lo que no consigue levantar la mirada como debería", explica Siguero.

El experto, que ha trabajado con rostros como los de Juana Acosta o Inés Sastre, considera que en estos casos merece la pena cambiar el delineador líquido por productos y técnicas que se adapten mejor al movimiento natural del ojo.

Y no es únicamente una cuestión estética. Dibujar un rabillo perfectamente ascendente sobre un párpado encapotado puede convertirse en una pequeña batalla frente al espejo.

La piel no ofrece la misma superficie lisa y estable que antes y, al mover el ojo, la línea puede deformarse, interrumpirse o quedar escondida.

Por eso, antes de pensar que "el eyeliner ya no me queda bien", conviene hacerse otra pregunta: "¿estoy utilizando la técnica adecuada para mi mirada actual?".

Si no quieres renunciar al 'eyeliner', cambia el trazo

Ahora bien, que el clásico rabillo no sea la opción más recomendable para determinados párpados no significa que haya que desterrar el eyeliner para siempre después de los 50.

Si es uno de esos productos que forman parte de tu identidad frente al espejo, basta con modificar ligeramente la técnica.

Siguero propone comenzar con una línea muy fina desde el lagrimal y aumentar progresivamente el grosor a partir de la mitad del ojo, llevando después el trazo ligeramente hacia arriba en el extremo exterior.

La dirección resulta fundamental porque permite acompañar visualmente la forma del ojo en lugar de luchar contra ella.

Este pequeño cambio puede marcar una diferencia considerable. Una línea demasiado gruesa desde el principio puede cargar el párpado y hacer que el ojo parezca más pequeño, mientras que concentrar algo más de intensidad en la zona exterior ayuda a dirigir la mirada hacia arriba.

También conviene olvidarse de la obsesión por conseguir un rabillo idéntico al de los tutoriales de redes sociales. Cada ojo tiene una estructura diferente y, cuando existe un párpado encapotado, la línea que mejor funciona puede ser mucho más corta y discreta de lo que estamos acostumbradas a ver.

La máscara de pestañas juega aquí un papel fundamental. Para el maquillador, es uno de los recursos más eficaces para abrir visualmente el ojo: "La máscara abre el ojo, levanta la mirada y consigue por sí sola un cambio brutal".

Una buena máscara, aplicada especialmente en las pestañas superiores y trabajando bien desde la raíz, puede aportar ese efecto de mirada despierta sin necesidad de cargar el párpado con producto.

El lápiz y las sombras se convierten en los mejores aliados

Sin embargo, si crees que el cambio de trazo no es lo tuyo, una de las alternativas más favorecedoras es sustituir el delineado líquido por un lápiz de ojos.

Su textura permite trabajar el producto de una manera mucho más flexible y, sobre todo, ofrece la posibilidad de difuminar el trazo para integrarlo con el resto del maquillaje.

La técnica resulta especialmente interesante porque no obliga a conseguir una línea completamente perfecta, de hecho, un acabado ligeramente difuminado puede resultar mucho más favorecedor que un trazo rígido y excesivamente definido.

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Imagen de ilustración. iStock.

El lápiz se puede aplicar sobre una sombra y trabajar después con una brocha pequeña para suavizar los bordes y crear profundidad sin endurecer la expresión.

Además del lápiz, las sombras también tienen mucho que aportar. Una sombra marrón, grisácea o incluso negra aplicada cerca de la línea de las pestañas permite definir el ojo de una forma mucho más sutil. En lugar de crear una frontera muy marcada, aporta una especie de halo de color que da intensidad y dimensión.

Esta técnica permite controlar fácilmente la cantidad de producto. Para el día puede bastar con una pequeña cantidad de sombra difuminada junto a las pestañas, mientras que por la noche se puede intensificar el extremo exterior para conseguir una mirada más sofisticada.

La clave está en trabajar a favor de la forma del ojo y no intentar obligarlo a adaptarse a un delineado que ya no funciona como antes.

El objetivo tampoco es ocultar la edad ni conseguir que el rostro parezca artificialmente más joven, sino encontrar una manera de maquillar la mirada que aporte luz, definición y frescura.