Mujer siendo maquillada por un profesional.

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Belleza

Sergio Antón, maquillador: "Para disimular las ojeras y rejuvenecer el rostro aplico bronceador bajo las pestañas"

Reconocido por su trabajo con algunas de las principales artistas a nivel internacional tiene claro que, a veces, basta un simple toque de color en el lugar adecuado para que el rostro cambie.

Más información: María Sánchez, maquilladora: "La flacidez del rostro se combate aplicando corrector en estos 5 puntos"

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Las ojeras delatan cansancio, falta de sueño, además de algo que preocupa a gran parte de la población, el paso del tiempo. Por suerte, aunque sean genéticas, todos tenemos a mano un corrector capaz de camuflarlas.

El problema es que, durante años, la solución más repetida ha sido cubrirlas con grandes cantidades de corrector. Sin embargo, el maquillaje actual va justo en la dirección contraria: menos producto, más naturalidad y técnicas que respetan la textura real de la piel.

En ese cambio de enfoque entran en juego los maquilladores profesionales, que han convertido pequeños gestos en auténticos trucos de efecto inmediato. Uno de los últimos llega de la mano de Sergio Antón, make up artist de Lancôme España, maquillador habitual de artistas como Aitana, Emilia, Georgina Rodríguez y Rosalía.

Su propuesta ha llamado la atención por lo sencilla que resulta. En lugar de insistir con correctores densos sobre toda la zona de la ojera, el experto recomienda aplicar bronceador o colorete justo debajo de la línea de las pestañas inferiores.

El objetivo no es tapar, sino aportar calidez y devolver frescura a la mirada para que el rostro se vea más descansado.

Cambia la mirada

Durante mucho tiempo, el corrector se extendía de forma uniforme por toda la ojera. El problema es que la piel del contorno de ojos es especialmente fina, delicada y propensa a marcar pliegues.

Cuando se acumula demasiado producto, el resultado suele ser el contrario al deseado: la mirada parece más pesada y las líneas se hacen más evidentes. La técnica que defiende Sergio Antón busca precisamente evitar ese efecto.

Consiste en colocar una pequeña cantidad de bronceador o colorete bajo las pestañas inferiores, sin invadir en exceso el pliegue natural del párpado. Ese toque de color crea un efecto de sombra suave que aporta dimensión y neutraliza visualmente el aspecto apagado.

El resultado es sutil, pero muy eficaz. La zona gana profundidad, se reduce el contraste oscuro y el ojo parece automáticamente más despierto. Además, el acabado resulta mucho más natural porque no cubre la textura de la piel.

Paso a paso

La aplicación no requiere experiencia profesional. Basta con una brocha pequeña que permita trabajar con precisión y depositar el producto sin exceso.

El primer paso es tomar muy poca cantidad. Conviene descargar la brocha antes de llevarla al rostro para que el color quede difuminado desde el primer momento. Después, se aplica justo debajo de la línea de las pestañas inferiores, siguiendo el contorno natural del ojo.

No se trata de dibujar una línea marcada. La clave está en fundir el producto con movimientos suaves hasta que apenas se perciba dónde empieza y dónde termina.

Según el maquillador, prácticamente cualquier tono puede funcionar, aunque lo ideal es utilizar el mismo bronceador o colorete que se haya aplicado previamente en mejillas o rostro. De esta forma se consigue continuidad y armonía.

Ese detalle ayuda a que el maquillaje se vea integrado y no parezca añadido únicamente en la zona de la ojera. El efecto es inmediato: aporta calidez, equilibra las facciones y suaviza visualmente la sensación de cansancio.

En pieles claras suele favorecer especialmente un tono melocotón, rosado cálido o beige tostado. En pieles medias y oscuras funcionan muy bien los tonos terracota, caramelo o bronce suave. Lo importante es que el color aporte vida sin endurecer la mirada.

Agranda la mirada

Sergio Antón insiste en que este gesto funciona todavía mejor cuando se combina con una buena máscara de pestañas. Pero aquí también importa la técnica.

La primera capa debe concentrarse principalmente en la parte externa de las pestañas. De ese modo se consigue elevar visualmente el extremo del ojo y crear un efecto de apertura muy favorecedor.

El producto debe aplicarse desde la raíz hasta las puntas, con un ligero movimiento en zigzag. Ese gesto separa, distribuye y evita que las pestañas se apelmacen. Después conviene esperar unos segundos antes de aplicar una segunda capa.

Ese pequeño intervalo permite que el producto se asiente y que el acabado final gane definición. El maquillador recomienda aprovechar ese momento para maquillar los labios o retocar otro punto del rostro antes de volver a las pestañas.

La segunda pasada intensifica especialmente el extremo exterior y hace que el ojo parezca más alargado y expresivo. Es precisamente en ese detalle donde suele estar uno de los errores más habituales.

Muchas personas aplican varias capas seguidas, sin dejar tiempo entre una y otra. El resultado suele ser un exceso de producto que pesa, endurece y resta ligereza.

La combinación de bronceador bajo las pestañas inferiores y máscara aplicada con calma consigue justo lo contrario. La mirada se ve más luminosa, descansada y fresca, pero sin efecto máscara. Ahí está precisamente la clave del maquillaje actual: corregir sin ocultar.