Cristina de Hoyos, dermatóloga

Cristina de Hoyos, dermatóloga Cesión

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Cristina de Hoyos, dermatóloga: "El bronceado dura más si evitas duchas muy calientes y mantienes la piel hidratada"

Una piel bien hidratada, protegida y con su barrera cutánea en buenas condiciones puede mantener durante algunos días más ese aspecto que tanto gusta.

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Mantener durante unas semanas más ese tono dorado que deja el verano es uno de los objetivos de muchas personas cuando terminan las vacaciones. Sin embargo, intentar conservar el bronceado a base de seguir tomando el sol no es precisamente la estrategia más recomendable.

La dermatóloga Cristina de Hoyos recuerda que el color que adquiere la piel después de exponerse a la radiación ultravioleta no debe interpretarse como una señal de salud. En realidad, se trata de un mecanismo de defensa del propio organismo frente a una agresión externa.

Cuando la piel recibe radiación UV aumenta la producción de melanina, el pigmento que explica ese cambio de tonalidad. El problema es que esa protección natural resulta muy limitada y, en ningún caso, sustituye al uso de protector solar.

Además, por mucho que cuidemos la piel, el bronceado terminará desapareciendo. La razón está en un proceso completamente natural: la epidermis se renueva de manera constante y las células de su superficie acaban desprendiéndose.

A medida que desaparecen las células que contienen una mayor cantidad de melanina, el color va perdiendo intensidad. Por eso, más que intentar “fijar” el bronceado, la clave está en cuidar la barrera cutánea para conseguir que la piel mantenga durante más tiempo un aspecto uniforme, hidratado y luminoso.

Hidratación y duchas templadas

Después de varias semanas de playa, piscina, calor, sudor, sal y cloro, la sequedad suele ser uno de los principales problemas de la piel. Esa deshidratación puede hacer que el bronceado parezca más apagado e incluso favorecer una descamación visible.

Cristina de Hoyos recomienda, por tanto, reforzar la hidratación corporal. Lo ideal es utilizar una crema diariamente, especialmente después de la ducha y, si es posible, cuando la piel todavía conserve algo de humedad.

Ingredientes como la glicerina, las ceramidas, el ácido hialurónico, determinados lípidos emolientes o la urea en concentraciones adecuadas pueden ayudar a recuperar la función de la barrera cutánea.

También conviene prestar atención a algo tan cotidiano como la ducha. "Para prolongar el bronceado recomiendo duchas templadas de duración razonable, limpiadores suaves, especialmente si la piel está tirante, sensible o comienza a descamarse, y una buena hidratación", explica la especialista.

El agua excesivamente caliente y los jabones muy desengrasantes pueden retirar parte de los lípidos presentes en la superficie de la piel y aumentar todavía más la sensación de sequedad.

Exfoliación suave

Otro de los grandes debates después del verano tiene que ver con la exfoliación. Existe la idea de que cualquier exfoliante hará desaparecer inmediatamente el bronceado, pero no tiene por qué ser así.

El verdadero problema está en abusar de exfoliaciones físicas intensas. Frotar la piel de manera frecuente o utilizar productos demasiado abrasivos puede acelerar la eliminación de las células superficiales y hacer que el tono desaparezca visualmente antes.

En cambio, una exfoliación ocasional y delicada puede contribuir a que la piel presente un aspecto más regular. Los ácidos exfoliantes y los retinoides también deberían adaptarse al estado de cada piel, especialmente cuando existe sensibilidad o descamación.

Para quienes quieran mantener visualmente un tono dorado durante más tiempo, existe además una alternativa que no requiere exponerse al sol: los autobronceadores. Muchos contienen dihidroxiacetona o DHA, una sustancia que reacciona con los componentes de las células más externas de la piel y provoca una coloración temporal.

Antes de aplicarlos resulta conveniente hidratar bien zonas como codos, rodillas y tobillos, donde el producto puede acumularse y producir un resultado menos uniforme.

Más sol no significa más salud

Conservar el bronceado nunca debería convertirse en una excusa para aumentar las horas de exposición solar. Tampoco las cabinas de rayos UVA constituyen una alternativa segura.

La radiación ultravioleta provoca un daño que se acumula con los años y está relacionada con el fotoenvejecimiento, la aparición de manchas, las arrugas y un mayor riesgo de desarrollar cáncer de piel.

Por ese motivo, la fotoprotección debe mantenerse también después de las vacaciones. La dermatóloga aconseja utilizar un protector de amplio espectro con SPF 30 o superior siempre que exista una exposición solar relevante.

Además, las personas con melasma o tendencia a desarrollar hiperpigmentaciones deberían extremar todavía más las precauciones, ya que exponerse al sol para mantener el color puede intensificar las manchas.