Mujer siendo maquillada.

Mujer siendo maquillada. iStock

Belleza

Natalia Belda, maquilladora: "Aplicar corrector en toda la ojera envejece y marca mucho más las líneas de expresión"

Cuando el corrector está bien aplicado, no se ve y ese, precisamente, es el verdadero truco de la experta.

Más información: Martha Obeo, maquilladora: "En pieles maduras, utilizo muy poco corrector y tras la base para no marcar arruguitas"

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Actualmente, las redes sociales parecen dictar tendencias de maquillaje. No obstante, no siempre es apto para todos los tipos de pieles, del mismo modo que no favorece del mismo modo a según qué personas.

El "triángulo" de corrector imposible que muchas maquilladoras siguen defendiendo, contrasta con la técnica por encima del exceso de otras tantas profesionales.

Una de ellas es Natalia Belda, la profesional detrás de algunos de los rostros más admirados del panorama nacional, como Blanca Suárez.

Belda no habla de trucos milagro ni de productos mágicos. Su enfoque es más sencillo (y más efectivo): entender la piel y trabajar con ella, no contra ella.

El resultado es ese acabado natural en el que el corrector no se nota, no marca líneas y no se convierte en una máscara a media mañana. Se trata de una filosofía de aplicación muy concreta que cambia por completo el resultado.

Hidratación antes que cobertura

Para Natalia Belda, el 90% del éxito del corrector está en la preparación previa. Si la ojera se ve seca o cuarteada, el problema casi nunca es el producto, sino la piel.

Antes de aplicar nada de maquillaje, recomienda utilizar un buen contorno de ojos y dejar que se absorba durante unos minutos. La zona debe estar flexible y elástica, no tirante.

La razón es que cuando la piel está deshidratada, absorbe el agua del corrector y deja únicamente el pigmento. Ese pigmento seco se acumula en las líneas de expresión y marca aún más las arrugas.

Es un error común intentar arreglar una ojera reseca añadiendo más producto. Según la maquilladora, eso solo empeora el efecto parche. Primero se trata la piel; después, el maquillaje.

El orden sí importa

Otro de los grandes cambios que propone Belda tiene que ver con el orden de aplicación. A diferencia de lo que muchas personas hacen, ella aplica primero una capa muy fina de base de maquillaje y después el corrector.

Este gesto aparentemente simple marca una gran diferencia. La base ya unifica el tono y cubre parte de la oscuridad de la ojera. Eso significa que después solo necesitas una pequeña cantidad de corrector en puntos concretos.

Menos producto implica menos riesgo de que se acumule en los pliegues. Y menos acumulación significa un acabado más ligero, más fresco y más natural.

Es la lógica del "menos es más" llevada al extremo profesional.

Adiós a los triángulos virales

Si hay algo que Natalia Belda evita son los grandes triángulos de corrector bajo el ojo que se han popularizado en tutoriales.

En lugar de cubrir toda la zona, trabaja con puntos estratégicos. Un toque en el lagrimal para iluminar y otro en el ángulo externo para elevar visualmente la mirada.

Con eso suele ser suficiente. Además, prefiere construir la cobertura en capas finas. Aplica una pequeña cantidad, difumina y, solo si es necesario, añade un poco más.

Nunca deposita un "goterón" de producto de una sola vez. Además, esta técnica permite controlar el resultado y evitar el efecto pesado que envejece el rostro.

Maquillar con los dedos

Aunque en su maletín no faltan brochas profesionales, Belda defiende el uso de las yemas de los dedos para trabajar el corrector.

El calor natural de la piel ayuda a que el producto se funda mejor con el rostro. La clave está en la técnica. No se arrastra el corrector. Se presiona suavemente con pequeños toques, como si se "sellara" el producto en la piel.

Este gesto evita mover la base que ya hemos aplicado y consigue que el acabado sea imperceptible.

Arrastrar, en cambio, desplaza el producto y favorece que se acumule en las líneas.

El sellado que no envejece

Uno de los pasos más delicados es el sellado con polvos. Aquí también aplica la regla de la precisión.

Belda utiliza polvos traslúcidos, pero en una cantidad mínima. Y lo hace con una brocha pequeña y suelta, similar a la de sombras. No cubre toda la ojera, solo las zonas donde realmente hace falta fijar.

El exceso de polvo, advierte, puede añadir años al instante. Marca textura, resalta arrugas y resta frescura. Por eso habla de un sellado exacto y casi imperceptible.

Ojeras muy oscuras

Cuando la ojera es muy azulada o morada, muchas personas cometen el error de usar un corrector mucho más claro. El resultado suele ser grisáceo. La solución que propone Natalia Belda es neutralizar antes de iluminar.

Aplica primero un corrector en tono salmón o melocotón, que contrarreste el subtono azulado. Después, encima, coloca una pequeña cantidad del corrector del tono de la piel. Así se corrige el color sin crear un efecto máscara.

La filosofía de Belda no se basa en tapar, sino en equilibrar. Preparar bien la piel, aplicar la cantidad justa y trabajar con precisión. Puede parecer menos espectacular que algunos tutoriales virales, pero el resultado es infinitamente más favorecedor.