Visite los campos rosas de Aitona, el Lérida (Cataluña).

Visite los campos rosas de Aitona, el Lérida (Cataluña).

Mujer

Parece Japón, pero está en España: la escapada de primavera donde miles de árboles tiñen el paisaje de rosa

Descubre el rincón de la península que cada marzo se convierte en un mar fucsia infinito, una joya de la naturaleza y el bienestar a pocas horas de casa.

Más información: El pueblo más espectacular de España para visitar en marzo: tiene una iglesia renacentista y un castillo bereber del siglo XII.

Publicada

El horizonte de este paisaje no es verde. Es de un color rosa vibrante. Cada año, con la llegada de marzo, este paisaje sufre una transformación radical.

No se necesita un billete de avión de catorce horas ni cruzar a la otra punta del mundo para vivir el despertar de la naturaleza en su máximo esplendor.

Existe un rincón en España que se asemeja al espectáculo del Sakura japonés con su famoso festival de los cerezos en flor. Casi parece sacado de un cuadro impresionista.

Un horizonte rosa

Este fenómeno atrae cada año a decenas de turistas. Ha dejado de ser un secreto para los locales y ha pasado a convertirse en un destino de peregrinación para quienes buscan una escapada diferente.

Es el turismo de floración, una tendencia que permite disfrutar al aire libre y entender el valor de la agricultura de proximidad a través de un espectáculo visual que apenas dura unas pocas semanas antes de que el verde de las hojas vuelva a tomar el control.

Este escenario tan singular se encuentra en el municipio de Aitona, en la provincia de Lérida (Cataluña). Situado en la comarca del Segrià, este pueblo de apenas 2.500 habitantes ve cómo su entorno se transforma gracias a las más de 8.500 hectáreas de árboles frutales que rodean el núcleo urbano y se extienden por la ribera del río Segre.

A diferencia de otras zonas de España famosas por sus flores, como el Valle del Jerte con sus cerezos o los almendros de la costa mediterránea, en Aitona el protagonista absoluto es el melocotonero. La gran densidad de estos árboles y la coincidencia de su floración es lo que genera esa sensación de "mar rosa" que se aprecia desde los miradores naturales de la zona.

Este fenómeno no es producto del azar. Es un proyecto pionero llamado Fruturisme. Hace más de una década, el Ayuntamiento de Aitona decidió profesionalizar las visitas a los campos para evitar daños en los cultivos y, al mismo tiempo, dar a conocer el origen de la fruta que llega a los supermercados.

De hecho, Aitona es uno de los principales exportadores de fruta dulce de España. Y su economía depende casi exclusivamente de estos árboles que ahora atraen a los turistas.

Los melocotoneros de Aitona, el Lérida (Cataluña).

Los melocotoneros de Aitona, el Lérida (Cataluña).

Para disfrutar de esta experiencia, el municipio ofrece diversas alternativas que se adaptan a todos los perfiles de viajero. Se pueden recorrer rutas a pie como la de la Sierra de Brises, que ofrece las mejores panorámicas elevadas del valle. O el camino del río, más fresco y llano para quienes prefieren un paseo relajado entre hileras de árboles.

Por su parte, los más aventureros suelen optar por los vuelos en globo al amanecer. Una opción que permite ver el diseño perfecto de los campos desde el aire, mientras que otros prefieren las rutas en bicicleta para sentir la brisa de marzo.

Un patrimonio entre flores

Más allá del impacto visual de sus campos, el patrimonio histórico de Aitona ofrece un recorrido fascinante por el tiempo que complementa a la perfección la visita de la naturaleza.

Pasear por el casco antiguo permite descubrir el Barrio de la Morería, un entramado de calles que susurra el pasado islámico de la villa y que conduce hasta los restos del castillo sarraceno. Una fortaleza que, aunque hoy se encuentra en ruinas, sigue ejerciendo de guardián silencioso sobre el valle del Segre.

El Barrio de la Morería de Aitona, en Lérida (Cataluña).

El Barrio de la Morería de Aitona, en Lérida (Cataluña). Turismo Onda

Este lugar no sólo refleja el poder estratégico que tuvo la zona en la Edad Media, sino que hoy funciona como un mirador excepcional desde el que se puede apreciar el contraste entre la piedra antigua y el vibrante manto rosa que envuelve el municipio.

La riqueza cultural del pueblo se extiende también a su arquitectura religiosa, donde destaca la iglesia de San Antolín, una joya del barroco del siglo XVIII que preside la plaza principal.

Sin embargo, uno de los puntos más especiales se encuentra a las afueras: la ermita de San Juan de Carratalá. Este templo de origen románico construido en el siglo XIII se alza solitario sobre una colina, ofreciendo una de las estampas más bellas y equilibradas de la comarca.

Además, Aitona se enorgullece de ser la cuna de figuras religiosas relevantes, como Santa Teresa de Jesús Jornet, cuya casa natal se puede visitar a día de hoy. Esto añade una capa de historia humana y espiritual a esta escapada primaveral.

Esculturas de bronce del padre Saturnino López Novoa y santa Teresa Jornet en la montaña de Monserrat en Cataluña, España.

Esculturas de bronce del padre Saturnino López Novoa y santa Teresa Jornet en la montaña de Monserrat en Cataluña, España.

Es fundamental recordar que este espectáculo es tan bello como efímero. La floración de Aitona suele concentrarse en las tres primeras semanas de marzo, dependiendo del clima. Una vez que los pétalos caen y cubren el suelo como una alfombra rosa, el árbol comienza su fase de crecimiento verde y el ciclo visual se cierra hasta el año siguiente.

Por ello, planificar la visita con antelación es clave para no perderse este fenómeno en el que Cataluña decide parecerse a Japón, pero con el sabor y la calidez inconfundibles de nuestra propia tierra.