Boro y Ana.

Boro y Ana. fragmentos de un vídeo de YouTube.

Mascotario

Un veterinario, sobre el papel clave de Boro en el accidente de Adamuz: "2 de cada 3 personas tienen vínculos con los perros"

En contextos de trauma y posible duelo, la presencia del animal puede marcar la diferencia crucial en cómo se vive el dolor y la incertitumbre.

Más información: Confirmado: Rescatan con vida a Boro, el perro perdido durante cinco días tras el accidente de tren de Adamuz

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Boro, el perro de Ana García, se ha convertido en un símbolo del lazo profundo que muchas personas establecen con sus animales de compañía tras el accidente ferroviario cerca de Adamuz (Córdoba).

Su historia no es solo la de un rescate complicado, sino también la de un vínculo emocional que ayuda a sostener a una superviviente en uno de los momentos más duros de su vida. En contextos de trauma y posible duelo, la presencia de un animal puede marcar una diferencia crucial en cómo se vive el dolor y la incertidumbre.

Un vínculo que protege

Según la psicóloga Loreto Sánchez, colaboradora de la Fundación Affinity, el vínculo que muchas personas establecen con sus animales es profundo y cumple una función emocional central en su día a día. Cuando ese vínculo se ve amenazado, lo que aparece no es solo miedo a la pérdida, sino una sensación intensa de inseguridad y desprotección.

"En situaciones traumáticas, esta reacción puede vivirse con mucha intensidad. Comprender la fuerza de ese vínculo es clave para entender el dolor que emerge en casos como este", explica la experta. En el caso de Ana, Boro no es únicamente un perro: es una figura de apoyo emocional que formaba parte de su red de seguridad antes del accidente.

En momentos en los que la vida se quiebra, ese vínculo actúa como ancla, ofreciendo una referencia afectiva estable frente al caos. Desde esta perspectiva, la búsqueda de Boro nunca ha sido un simple intento de localizar a un animal perdido, sino una forma de recuperar una parte de la propia sensación de seguridad y de hogar.

Apoyo emocional en plena crisis

El Dr. Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, recuerda que "dos de cada tres personas que conviven con perros en España mantienen un vínculo emocional especialmente intenso con ellos".

En situaciones de crisis, ese lazo se refuerza: el animal se convierte en una fuente de apoyo emocional que complementa, y a veces iguala, la ayuda que puede ofrecer el entorno humano. En un contexto como el de Adamuz, marcado por el miedo, la pérdida y la incertidumbre, esa presencia adquiere un valor todavía mayor.

En ese sentido, Boro representa para Ana mucho más que compañía: es un soporte que ayuda a contener el estrés, la ansiedad y el impacto emocional del accidente. Cuando todo se tambalea, la rutina de cuidar al animal, su contacto físico y su simple presencia aportan continuidad y estructura al día a día. Ese tipo de apoyo no sustituye el acompañamiento psicológico o médico, pero sí lo refuerza y lo hace más llevadero.

La ayuda silenciosa

Loreto Sánchez subraya que el duelo por la pérdida de un ser querido es un proceso complejo que, en muchos casos, requiere acompañamiento profesional para poder ser elaborado de forma saludable.

En paralelo a ese apoyo, los animales de compañía pueden convertirse en aliados discretos pero poderosos: ofrecen contacto, presencia constante y una rutina que sostiene emocionalmente cuando el dolor es más intenso. No hacen desaparecer el duelo, pero sí pueden hacerlo menos abrumador y menos solitario.

La figura de Boro se vuelve clave para transitar el posible duelo. Cuidar de él, sentirlo cerca y mantener parte de la vida anterior al accidente puede ayudarle a reconstruir un mínimo de normalidad. Este tipo de apoyo es especialmente valioso cuando las palabras no alcanzan para aliviar el sufrimiento.

Un duelo intenso

"El duelo por la pérdida de un animal de compañía puede ser tan intenso como el de otros vínculos significativos". La mayoría de quienes han convivido con animales describen la muerte de su compañero como una experiencia de gran impacto emocional, a menudo vivida como un proceso difícil y doloroso.

En muchos casos, este duelo se vive en silencio, por miedo a la falta de empatía o a la crítica social, algo que la literatura especializada denomina “duelo marginado". La historia de Boro y Ana evidencia hasta qué punto el sufrimiento por un animal no es un capricho ni una exageración, sino la expresión de un vínculo afectivo real.

Visibilizar estas experiencias ayuda a legitimar ese dolor y a comprender por qué la búsqueda de Boro ha sido, para su familia, una prioridad absoluta. Al mismo tiempo, abre la puerta a que más personas se sientan acompañadas y validadas cuando atraviesan la pérdida de su animal de compañía.