Ana cogiendo en sus brazos a Boro, recién rescatado.
Rubén Flores, el bombero forestal que rescató a Boro: "Ha sido un paso para poder llevar mejor el trauma que han vivido"
El agente del Plan Infoca de la Junta de Andalucía llegó con su equipo a Adamuz tras el accidente y ayudó a Ana a encontrar a Boro en medio del bosque
Más información: Confirmado: Rescatan con vida a Boro, el perro perdido durante cinco días tras el accidente de tren de Adamuz
"Cuando vimos a la familia llorar de emoción fue impresionante. No sé decirte lo contentos que estábamos. Qué bien", cuenta Rubén Flores, el bombero forestal que el 22 de enero salvó la vida de Boro, devolviéndolo a los brazos de su familia, en una entrevista con Mascotario.
La tragedia de Adamuz dejó a toda España conmocionada y, en los últimos días, se ha seguido paso a paso la historia de Boro, el perro que desapareció durante cinco días tras el accidente.
Su dueña, Ana García Aranda (26 años), viajaba con su hermana Raquel, embarazada, y su cuñado cuando el tren se salió de la vía y descarriló. Entre lágrimas, Ana recuerda ese momento y cuenta a EL ESPAÑOL que lo cogió en brazos, pero el animal estaba tan asustado que se escapó.
Un plan de emergencia
Cuando el pasado 18 de enero descarriló el tren Iryo, contra el que chocó un Alvia, los servicios de emergencias se activaron de inmediato. Rubén llegó a Adamuz ese mismo día junto con el dispositivo del Plan Infoca de la Junta de Andalucía.
Este dispositivo de prevención y lucha contra los incendios forestales organizó medios humanos y materiales para proteger a los ciudadanos afectados. Llegaron al lugar del accidente para trasladar a viajeros ilesos y reforzar el operativo en la zona cero.
Junto con la Agencia de Emergencias de Andalucía, el 112, los sanitarios, la UME y otros cuerpos, se movilizaron para ofrecer todo tipo de asistencia sanitaria y apoyo psicológico.
El inicio de la búsqueda
Cuando Ana compareció ante los medios de comunicación con el objetivo de pedir ayuda para buscar a su perro perdido, Rubén y su equipo se activaron en cuanto les fue posible.
"Hace tres días nos unimos al dispositivo de búsqueda organizado por la Junta de Andalucía, coordinándonos junto a los voluntarios que iniciaron el rescate de Boro", recuerda sobre el momento en que todo empezó.
En el lugar se encontraron con mucha gente: amigos de la familia, voluntarios de refugios de animales y personas dispuestas a colaborar. "Numerosos compañeros vinieron en sus días libres para ayudar".
La búsqueda empezó por la mañana. Con medios muy específicos y un dispositivo controlado, perimetraron la zona del accidente, donde parecía haberse visto por última vez al perro.
El rescate de Boro, el perro perdido durante 5 días tras el acvcidente de Adamuz
Dada la peligrosidad del área, catalogada como de alto riesgo, el acceso era restringido. No obstante, PACMA solicitó formalmente al Ministerio del Interior un permiso excepcional para acceder al área del siniestro.
Tras varias gestiones y con la mediación de Galgos Sin Fronteras, el ministerio concedió una autorización especial para que un equipo profesional trabajara sobre el terreno.
El acceso se hizo escoltado y solo se autorizó la entrada a un pequeño equipo de tres o cuatro rescatistas especializados. Se descartaron batidas masivas o movilizaciones de voluntarios cerca de las vías, ya que una presencia excesiva podría espantar al animal y ponerlo en mayor peligro.
El primer día
"El primer día conseguimos visualizar a un perro que nos parecía similar a Boro", cuenta Rubén. En ese momento, aún no conocían al animal en persona y no lograron que se acercara.
"Tenía un carácter bastante huidizo y además estaba especialmente asustado". Ana ya había explicado que el perro es muy miedoso y que probablemente huiría en cuanto alguien intentara acercarse de forma brusca.
Entonces, decidieron replantear la estrategia y se pusieron en contacto con la familia para que acudiera. Aunque fue bastante complicado, por la situación de cada uno, acercar voces y olores conocidos al perro era lo único que podía atraerlo.
"Ana venía con la pierna rota y su cuñado tenía mal el tobillo, pero se tiraron al monte a buscar a Boro y nosotros con ellos". El tiempo no acompañaba: llovía con fuerza y hacía frío, lo que les impidió encontrarlo.
A las 20:00 horas pausaron la búsqueda. Colocaron varias jaulas trampa, con la colaboración de varios profesionales de educación canina y de los voluntarios, y regresaron a la mañana siguiente.
Volver a casa
El segundo día de búsqueda tuvieron más suerte. Las jaulas trampa estaban vacías, pero encontraron algunas huellas en el terreno. Empezaron a rastrear la zona en la que lo habían avistado, pensando que, por una serie de criterios, podía seguir allí.
"A las 10:20 dimos con él y, poquito a poco, con mucha tranquilidad, conseguimos que se acercara a su familia". Lo vieron desde lejos, y Ana y su cuñado empezaron a llamarlo a gritos, hasta que el perro reconoció el sonido de casa.
Rubén y los bomberos forestales del Plan Infoca.
"Se acercó él y todos empezamos a llorar. Al final, fue algo que nos había tocado a nivel personal y estábamos muy contentos". Boro llegó a los brazos de Ana y dejó de temblar: por fin había vuelto a casa.
Rubén y su equipo los acompañaron al veterinario para comprobar el estado del perro. Cinco días solo en un monte desconocido no son un juego para un animal de más de diez años.
Sin embargo, el veterinario confirmó que estaba bien. "Los perros son bastante duros", explica Rubén. Así, Boro pudo volver con Ana al hotel donde se alojan en Córdoba, a la espera de noticias sobre su hermana, que sigue ingresada.
Aliviar el dolor
Conmovido, Rubén cuenta que en esta historia se han visto dos cosas: "Una, que al final los animales son parte de la familia y que, por esto, merece la pena destinar recursos para salvaguardar su integridad".
Y añade: "Recuperar a tu mascota en una situación dramática sirve para aliviar el dolor y aumentar el bienestar. En este caso, encontrar a Boro ha sido un paso para poder llevar mejor el trauma que han vivido".
Cuando lo llaman para trabajar en situaciones como esta, el bombero acude sin dudar. No valora nunca la situación en concreto, sino que se focaliza en hacer todo lo posible para que la ciudadanía esté mejor.
En estos últimos cinco días, para que Ana pudiera ver una luz al final del túnel, había que encontrar a Boro. Y gracias a la labor de Rubén, de los voluntarios y de todas las personas que ayudaron, se pudo llorar de alegría y abrazar a quienes se ama.
Ahora toca esperar que todos los demás afectados por el accidente de Adamuz puedan encontrar también su propia paz en medio de esta trágica situación.