Adriana y Miguel con sus dos hijos.
Adriana y Miguel, la pareja de biólogos que dejó Málaga para emprender en un pueblo de 500 vecinos: "Una nueva vida"
Dos hijos pequeños en el colegio, familia cerca y una rutina conocida. Pero a finales del año pasado una nueva oportunidad se cruzó en su camino y les cambió los planes.
Más información: Álvaro Gross, el artesano que lo dejó todo para hacer zapatos en un pueblo de 350 vecinos: "Soy más feliz que en toda mi vida"
Adriana Serrano y Eugenio Miguel Olmedo tenían una vida asentada en Málaga capital. Ella, bióloga de 33 años, trabajaba en una clínica de reproducción asistida en Marbella. Él, también biólogo de 40 años, se dedicaba al cultivo de plantas. Dos hijos pequeños en el colegio, familia cerca y una rutina conocida. Pero a finales del año pasado una nueva oportunidad se cruzó en su camino y les cambió los planes: gestionar un hotel rural en un pueblo de 500 habitantes en plena Serranía de Ronda.
El hotel Mirador de Jubrique, en este pequeño pueblo malagueño, cuenta con 14 habitaciones y es de titularidad municipal. Su gestión salió a licitación tras una reforma a cargo del Ayuntamiento. "Fuimos a ver el hotel, nos gustó mucho y dijimos: venga, vamos a echar la solicitud. Pero no pensábamos que nos lo iban a dar", recuerdan.
Quedaron segundos. En cualquier otra historia, ahí habría terminado todo. Pero el proyecto ganador no siguió adelante y la llamada llegó cuando no la esperaban. “Nos dijeron que, como los primeros renunciaban, pasaban al siguiente. Los segundos éramos nosotros. Así que así empezó todo", explican.
Ahí empezó el giro radical: de la bata de laboratorio a la gerencia de un hotel rural. "Nos apetecía cambiar de ámbito profesional, queríamos emprender y comenzar una nueva vida en otro lugar", aseguran.
Y es que el Valle del Genal había sido durante años su refugio de vacaciones, un sitio al que escapaban siempre que podían. "Ya conocíamos este hotel, y después de la reforma ha quedado genial. Nos pareció una oportunidad única", cuentan Adriana y Miguel, que se van turnando para hacerse cargo de todo lo que conlleva un proyecto como este, ya que aún siguen viviendo en Málaga capital.
Abrieron justo en el puente de diciembre de 2025. “La verdad es que nos fue muy bien, no sabíamos qué esperar porque llevaba años cerrado, pero tuvimos bastantes reservas”, explica Adriana.
Adriana Serrano en su establecimiento.
La Navidad confirmó las buenas sensaciones, aunque luego llegó enero y febrero, dos meses en los que las fuertes lluvias han condicionado a toda la Serranía de Ronda. "Han sido semanas muy flojas, pero en marzo hemos recuperado el ritmo", aseguran.
La Semana Santa también ha llenado el hotel y abril se presenta con buenas previsiones. Ya hay reservas para mayo y junio, y todo en el pueblo les hablan de un verano fuerte y de un otoño muy bueno con la temporada de la castaña. "Estamos aún adaptándonos, pero muy contentos", destacan.
Hotel Mirador de Jubrique.
El Valle del Genal es un imán para senderistas, pero alrededor del hotel se mueven también aficionados a la escalada, el barranquismo, las vías ferratas o la bici de montaña. A eso se suman las fiestas tradicionales, la gastronomía y los talleres que ellos mismos organizan, como uno de cestería que ultiman estos días.
De momento, la vida de la familia está partida en dos. Siguen viviendo en Málaga, porque no querían cambiar a sus hijos de colegio en medio del curso escolar. "Queríamos hacer una transición", cuentan.
Por ello, sus semanas se han convertido en un ir y venir al pueblo. Cuando no están en Jubrique atendiendo el hotel, están en Málaga haciendo compras, gestionando reservas o preparando actividades. "Trabajamos más que nunca en nuestra vida, pero es muy gratificante ver que la gente se va contenta", dicen.
Una de las habitaciones del hotel rural.
El pueblo les ha abierto los brazos, según cuentan. Vecinos que se ofrecen para ayudar y que se acercan a preguntar por trabajo. "Están contentos de que haya otro negocio en el pueblo, ahora mismo solo estamos los dos, pero probablemente tengamos que contratar a personal", aseguran.
El hotel tiene además un restaurante, que por ahora no explotan ellos por falta de tiempo, por lo que animan a otra familia o equipo que quiera asumir ese reto y completar el proyecto. "Es muy bonito y tiene mucho potencial", destacan.
Su objetivo es terminar mudándose definitivamente al pueblo con sus hijos. "Nos gusta mucho la zona y creemos que hay posibilidades. Cada vez que llegamos estamos a gusto. Y si encima podemos vivir de esto, mejor todavía", cuentan.