Vista de Castril.
El pueblo de Granada donde se come muy bien y poca gente conoce: "Un tesoro que merece la pena descubrir"
Encaramado a la roca y abrazado por montañas, esta localidad mira al visitante desde lo alto con una silueta poderosa.
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Cuando llega el fin de semana o las vacaciones, cada vez más viajeros buscan escapadas a pueblos poco conocidos. Son rincones que esconden paisajes sorprendentes, historia viva y platos que conquistan a quienes se atreven a descubrirlos.
En el extremo norte de la provincia de Granada, lejos de los circuitos turísticos más transitados de la Alpujarra o la Costa Tropical, se esconde Castril, un municipio de poco más de 2.000 habitantes que ha sabido conservar intacta su esencia serrana. Encaramado a la roca y abrazado por montañas, este pueblo blanco mira al visitante desde lo alto con una silueta poderosa.
Castril forma parte del Parque Natural Sierra de Castril, un espacio protegido de alto valor ecológico donde nacen aguas limpias y se dibujan cañones, bosques y senderos que atraviesan paisajes abruptos. Uno de sus grandes atractivos es la pasarela colgante sobre el río Castril, una ruta sencilla y espectacular que permite adentrarse en la garganta del río y contemplar de cerca la fuerza del agua.
El casco antiguo conserva la arquitectura popular y miradores naturales desde los que se domina todo el valle. Pero si algo convierte a Castril en un destino especial es su cocina. Aquí la gastronomía sigue ligada al territorio y a la tradición.
En las mesas no faltan las migas, los guisos de cuchara, los embutidos caseros o las recetas de caza que han pasado de generación en generación. El cordero segureño se prepara asado o en caldereta, y los tallarines con liebre o perdiz recuerdan la fuerte vinculación histórica con la sierra. También son habituales el lomo y el chorizo de orza, acompañados de pan de pueblo y ajo al mortero.
Los bares y restaurantes del municipio mantienen ese carácter familiar que cada vez resulta más difícil de encontrar. Establecimientos como el Restaurante El Cortijillo, el Asador El Cuquillo o los bares tradicionales del centro ofrecen cocina casera, raciones generosas y precios razonables. Además, el pueblo organiza periódicamente rutas de la tapa y jornadas gastronómicas que ponen en valor el producto local.
Más allá de la mesa, Castril invita a completar la escapada con naturaleza y patrimonio. El Embalse del Portillo, a pocos kilómetros, ofrece un entorno tranquilo para pasear o practicar actividades al aire libre. El Museo Etnográfico ayuda a entender la historia y las formas de vida tradicionales de la comarca, mientras que los senderos señalizados permiten descubrir rincones menos conocidos del parque natural.