Adrián Pelayo, durante su charla con el Papa León XIV.
Adrián, el malagueño que caminó 9 meses por Italia para conocer al Papa León XIV: "Es un sueño cumplido"
A pie, sin dinero y con una mochila, una maceta y unas semillas. Así culminó la misión espiritual que lo ha llevado a recorrer Italia hasta el Vaticano.
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A pie, sin dinero y con una mochila, una maceta y unas semillas. Así culminó Adrián Pelayo, un malagueño de 35 años, la misión espiritual que lo ha llevado durante más de nueve meses a recorrer Italia hasta el Vaticano. Su objetivo era claro: encontrarse con el Papa León XIV y pedirle que bendijera las semillas que ha custodiado durante todo el camino. Y lo consiguió.
Su viaje comenzó el 2 de abril de 2025 en Sicilia, y el día 7 de enero de 2026 consiguió su sueño: charlar con el Papa León XIV. "Fue un momento muy emocionante. Era exactamente como lo había visualizado desde el principio", relata Adrián en conversación con este periódico, todavía caminando por Italia tras abandonar Roma.
Cuando llegó al Vaticano, se presentó ante el Pontífice con una identidad muy concreta: "Lo primero que le dije fue que era un peregrino de esperanza. Le pedí que bendijera las semillas, que son el símbolo de todo el camino y de todas las personas que me han ayudado".
El gesto no era casual. Las semillas de ciprés que transporta están destinadas a ser plantadas en el monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria), donde se conserva el Lignum Crucis, considerado el fragmento más grande de la cruz de Cristo que se preserva en el mundo. Su misión era unir simbólicamente Jerusalén, Roma y Liébana.
“El Papa las bendijo en nombre de todos. Para mí representan la unión entre el Vaticano y Santo Toribio, pero también a toda la gente que me ha ayudado sin conocerme”, explica.
El origen de este viaje se remonta a 2019, cuando Adrián completó el Camino Lebaniego desde Marbella hasta Santo Toribio de Liébana junto a un amigo. Tras recorrer más de 1.400 kilómetros sin dinero, ambos fueron nombrados cofrades de honor del monasterio.
Desde entonces, su vínculo con ese lugar se volvió profundamente personal. “Santo Toribio siempre ha sido muy importante para mí. Es la tierra de mi padre y siempre lo he sentido como casa”, cuenta.
Fue allí donde surgió la misión de transportar semillas hasta Roma para que fueran bendecidas por el Papa y llevarlas de vuelta al monasterio.
El fallecimiento del Papa Francisco alteró los planes iniciales, pero la elección de León XIV dio un nuevo significado a su peregrinación. Adrián decidió explicarle personalmente al nuevo Pontífice la conexión histórica entre su nombre y Santo Toribio.
“Le conté que el Papa León I fue quien entregó la reliquia del Lignum Crucis a Santo Toribio hace más de 1.300 años. Le dije que sentía que era providencial que hubiese elegido ese nombre”, recuerda.
La reacción del Papa le sorprendió. “Se empezó a reír muchísimo. Le encantó la historia y la coincidencia. Fue un momento muy bonito”, afirma.
Aprovechó ese instante para compartir su deseo más profundo: invitarle a visitar algún día el monasterio cántabro. “Le dije que sería muy especial que pudiera cerrar el círculo y visitar Santo Toribio. Que después de tantos siglos, un Papa con ese nombre volviera al lugar donde está la reliquia”.
Adrián inició su viaje el 2 de abril en Sicilia. Desde entonces, ha recorrido más de 2.800 kilómetros a pie sin utilizar dinero, confiando únicamente en la hospitalidad de quienes ha encontrado en el camino. “Yo no pido nada, solo agua y pan. Pero la gente te abre las puertas de su casa, te da comida, te ayuda. Es algo que te cambia la vida”, explica.
Adrián, en la cima del volcán Etna.
Su historia, que documenta en redes sociales bajo el nombre Un camino por descubrir, ha atraído a miles de seguidores y ha despertado el interés de medios italianos. “He descubierto que el mundo está lleno de bondad”, afirma.
Promesa cumplida
Tras el encuentro con el Papa, Adrián decidió cumplir una promesa personal: caminar desde Roma hasta Asís en ayuno. “Fue mi ofrenda espiritual. Caminé durante 19 días alimentándome solo de agua, limón y sal”, explica.
El esfuerzo físico y mental fue extremo, pero lo vivió como una experiencia transformadora. “Era algo que necesitaba hacer. Sentía que formaba parte del camino”.
Actualmente, Adrián sigue caminando por Italia, ahora en dirección a Perugia. Su objetivo final es regresar a Santo Toribio de Liébana para plantar las semillas bendecidas por el Papa, cerrando así el círculo de su peregrinación.
Para él, el encuentro en el Vaticano ha marcado un antes y un después. “Llegar al Papa, poder hablar con él y transmitirle el mensaje… era el sueño. Ahora siento que la misión sigue, pero ese momento ya es eterno”.