Las relaciones entre Andalucía y Alemania son muy anteriores a la aparición de esos señores con sandalias y calcetines en los años 70. Y está muy presente en la actualidad más allá del turismo. De hecho encontramos calles rotuladas en alemán en San Sebastián de los Ballesteros, en la provincia de Córdoba, y en breves semanas el municipio jienense de Guarromán celebrará sus tradicionales Fiestas del Fuero con hondas raíces alemanas.
Sin ir más lejos, el callejero malagueño está plagado de apellidos alemanes (Pries, Grund, Gross, etc.) y en alguna de nuestras tradiciones más malagueñas también encontramos apellidos alemanes.
Es una relación centenaria con fuertes raíces económicas. En el último tercio del siglo XVIII pobladores alemanes revitalizaron la agricultura, ganadería y minería del norte de nuestra región en un plan diseñado por Pablo de Olavide.
En los primeros años del siglo XIX familias alemanas (Küstner, Krauel y otras muchas) se instalaron en Málaga para desarrollar el comercio del vino y la pasa y, a pesar de la crisis de la filoxera, la Guerra Civil y demás vicisitudes, arraigaron en nuestros lares.
La Compañía Sevillana de Electricidad -actual Endesa- fue fundada por AEG con algunos socios españoles bajo la dirección de Otto Engelhardt, brillante emprendedor que posteriormente electrificó Tranvías de Sevilla, fundó una compañía farmacéutica y que fue fusilado por orden de Queipo de Llano debido a su valiente oposición al régimen nazi alemán.
Y la dinámica sigue en la actualidad. Durante los últimos años se ha visto un constante incremento de la inversión de empresas alemanas en Andalucía, especialmente -pero no solo- en Málaga y en el ámbito tecnológico.
T-Systems, Rewe, Mercedes Benz y BHS, entre otros, han implantado hubs digitales en nuestra región. A eso hay que sumar proyectos como los de Q.beyond o Rindus, que con más de 100 empleados ofrece servicios tecnológicos a grandes empresas alemanas. Sin olvidar a Dekra, que ha convertido a Málaga en el eje de su proceso de adaptación a la conducción digital. Y así podría seguir un buen rato. Solo si sumamos estos proyectos estamos hablando de unos 2.000 puestos de trabajo cualificados.
Durante el mes de agosto he tenido ocasión de intercambiar opiniones con altas autoridades y empresarios alemanes y ha llamado la atención ver cómo una región (Andalucía) y sus ciudades (Málaga, Granada, Jerez de la Frontera, etc.) han conseguido alcanzar esta capacidad de atraer inversiones sin estar en el radar de los grandes operadores.
Detrás de cada decisión hay unas circunstancias particulares, pero hay varios denominadores comunes: los principales son el buen clima, las infraestructuras y el capital humano. En el caso de las empresas alemanas, hay una fuerte apuesta por el talento local. No es una cuestión de costes, sino de preparación lo que lleva a estas empresas a contar con personal autóctono para su crecimiento. Y hay otros factores adicionales: las redes de apoyo institucional y el turismo. Es más, son varios los casos que conozco en los que unas vacaciones familiares en Málaga han derivado en una importante inversión en la ciudad.
Pero no todo depende de nuestras capacidades. Desde hace unos años en Alemania se respira un ambiente enrarecido por numerosos factores. El evidente sorpasso industrial chino causará, según algunas estimaciones, la destrucción del 70% del empleo industrial del país. La situación geopolítica actual tampoco ayuda nada.
El anterior ministro de Defensa manifestó en el Parlamento alemán que en el año 2029 el país debería estar preparado para la guerra y en ello están. Por otro lado, a pesar de la imagen de país intachable, también en Alemania ha habido casos de puertas giratorias (casualmente muchas de ellas relacionadas con el sector energético ruso), viajes y regalos sospechosos y ‘casos mascarillas’ que han afectado a políticos nacionales (Zapatero y Ábalos: ¡No estáis solos!) Todo ello crea un panorama político inestable que la ultraextrema derecha está sabiendo aprovechar hábilmente a su favor y que ensombrece el horizonte empresarial, provocando que numerosas empresas estén apostando por impulsar su presencia exterior.
Para sorpresa de muchos, en dichas conversaciones uno de los aspectos que mis interlocutores destacan es la fortaleza económica de España, además de su estabilidad en el marco europeo. Algunos de ellos evaluaron previamente otros afamados destinos extracomunitarios que descartaron por debilidad económica, ausencia de capital humano cualificado o inseguridad jurídica, entre otros motivos.
Aunque no estemos en el radar, en Andalucía partimos con ventaja, además de nuestra tradicional hospitalidad, buen clima e infraestructuras existe una comunidad empresarial alemana bien articulada en torno a la asociación Deutsches Wirtschaftsforum Andalusien (DWA) cuyo presidente, Fernando Frühbeck, destaca frecuentemente la existencia de en torno a 4.000 profesionales autónomos de nacionalidad alemana dados de alta en la Seguridad Social en Andalucía, extrapolando datos de diferentes organismos.
Pero si queremos estar en el radar hay que ponerse las pilas, hacer los deberes y poner en marcha una estrategia adecuada. Debemos poner en valor el potencial de otros sectores económicos, como las energías renovables, la logística, entre otros y, sobre todo, en la capacitación de nuestros jóvenes.
Somos líderes europeos en desempleo juvenil, con una juventud deseosa de incorporarse a un empleo, pero que tiene dificultades para capacitarse adecuadamente. Las plazas públicas de FP y algunas universitarias son insuficientes y las privadas son inaccesibles para numerosas familias sin recursos (las más afectadas por la precariedad y el paro juvenil).
En contraposición, desde DWA estamos intentando expandir el modelo de FP Dual alemán, de gran eficacia demostrada y que este curso, no sin dificultades y gracias al apoyo de la Diputación Provincial de Málaga y el espacio de innovación social La Noria, acaba de iniciar su segunda promoción en gestión hostelera en Málaga.
Tenemos tradición, infraestructura y capacidad, pero nos falta estrategia, mejorar en capacitación de nuestros jóvenes y, posiblemente, nos sobre autocomplacencia. Si apretamos por ahí, tenemos buena parte del recorrido hacia el radar hecho.