Trabajos arqueológicos en Cerro del Villar, en Málaga.
La Málaga fenicia emerge en el Cerro del Villar: una 'superciudad' mucho más compleja de lo que se creía
La quinta campaña de la UMA confirma al menos tres fases arquitectónicas superpuestas, una intensa actividad comercial y un estado de conservación excepcional a orillas del Guadalhorce.
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El Cerro del Villar, la superciudad de origen fenicio que, según los expertos, pudo estar habitada por hasta un millar de personas, sigue guardando la mayor parte de su historia bajo tierra.
Las cinco campañas desarrolladas sobre el terreno por especialistas, entre otras, de las universidades de Málaga, Sevilla y Córdoba, además de los centros internacionales de Chicago y Marburgo, apenas han sido suficientes para profundizar en el 10% de la superficie total del yacimiento, estimada en unos 60.000 metros cuadrados.
Y pese a lo reducido de la intervención ejecutada en este espacio temporal, en el marco de una campaña financiada por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, las excavaciones permiten dibujar la dimensión de la colonia fenicia que se asentó hace casi 3.000 años en la desembocadura del río Guadalhorce.
La última de las actuaciones, que finaliza esta semana después de casi un mes de trabajos sobre el terreno, ha confirmado el excepcional estado de conservación del enclave y ha aportado nuevos indicios sobre su organización urbana, su pujanza económica y comercial, sus actividades artesanales y la importancia de las prácticas de culto.
El director científico del proyecto, el profesor de Prehistoria de la UMA José Suárez, ha destacado que, pese a lo avanzado de las investigaciones, "la investigación de futuro resulta aún muy prometedora".
Restos encontrados en las excavaciones del Cerro del Villar.
El yacimiento se reafirma así como uno de los asentamientos fenicios mejor conservados del Mediterráneo occidental y como un enclave de especial valor para conocer una colonia fenicia arcaica del sur de la península ibérica.
Una ciudad superpuesta sobre sí misma
Los trabajos se han concentrado en tres sectores próximos a distintos espacios del borde litoral de la antigua isla. En los dos sectores situados al norte han aparecido al menos tres grandes fases arquitectónicas superpuestas, fechadas entre finales del siglo VIII y el siglo VII antes de Cristo.
La acumulación de construcciones ha generado un auténtico tell, una colina artificial formada por la superposición de restos de asentamientos humanos a lo largo del tiempo. La imagen recuerda a las grandes ciudades del Próximo Oriente y ofrece una lectura poco habitual de la evolución urbana del Cerro del Villar.
Las excavaciones han localizado restos de diferentes edificios separados por calles, con muros que en algunos puntos conservan más de 1,5 metros de altura. Estas estructuras permiten observar la existencia de una planificación urbana de cierta entidad y refuerzan la idea de que el asentamiento tuvo una dimensión mayor de la que se había podido documentar hasta ahora.
En uno de los espacios se ha continuado investigando una habitación utilizada como almacén y que presenta evidencias de haber sufrido un incendio. En su interior se conservan restos de al menos seis ánforas fenicias, así como madera quemada que pudo formar parte de antiguas estanterías y otros restos orgánicos, entre ellos semillas.
En el extremo opuesto de la antigua isla, bajo niveles de ocupación romana, los arqueólogos han identificado también edificaciones que, por su técnica constructiva, orientación y materiales cerámicos asociados, confirman la ocupación de este sector meridional durante la época fenicia arcaica, a finales del siglo VIII a.C.
El hallazgo resulta especialmente relevante porque demuestra la extensión del poblamiento por la isla y amplía el conocimiento sobre la organización y el tamaño de la colonia.
Un puerto conectado con el Mediterráneo
La campaña también ha permitido seguir documentando un gran inmueble situado en el borde noreste de la isla, a unos 30 metros de los sectores excavados. El edificio se encuentra próximo a una de las zonas identificadas como posible espacio de atraque o varadero, donde hace dos años apareció un fragmento de ancla.
En algunas de sus habitaciones se han recuperado numerosos fragmentos de ánforas griegas procedentes de talleres como Corinto. Estos recipientes habrían contenido vino y aceite de calidad y constituyen una evidencia de la intensidad de los intercambios comerciales que se desarrollaban en el asentamiento.
Otro de los puntos de la excavación del Cerro del Villar.
Los materiales apuntan a un enclave conectado con redes comerciales de amplio alcance, con relaciones que no se limitaban al entorno inmediato de la bahía de Málaga. El propio proyecto destaca la presencia de productos procedentes de Grecia, Etruria o Cartago, una variedad que refleja la posición estratégica que pudo ocupar el Cerro del Villar en el comercio del extremo occidental del Mediterráneo.
También se han localizado nuevas pesas de balanza de metrología fenicia, fabricadas en plomo o bronce y destinadas al pesaje de productos de alto valor. Su presencia refuerza la interpretación del asentamiento como un importante centro comercial durante el siglo VII a.C., hasta el punto de que algunos investigadores lo han relacionado en el pasado con la antigua Mainake.
Metalurgia, materias primas exóticas y objetos de lujo
La actividad económica no se limitaba al intercambio de mercancías. En el entorno del gran inmueble próximo al posible atraque se han documentado evidencias de trabajos metalúrgicos de plomo, bronce e hierro con una entidad superior a la conocida hasta ahora en el yacimiento.
Los análisis desarrollados por especialistas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas han identificado la llegada al Cerro del Villar de minerales procedentes de distintos lugares. Entre ellos figura el plomo de Gádor, en Almería, lo que aporta información sobre los circuitos de abastecimiento y la capacidad de transformación de materias primas del asentamiento.
A estos indicios se suman restos de desechos de trabajo y objetos de marfil. El material evidencia que al enclave también llegaban materias primas exóticas que eran transformadas por artesanos locales en productos de lujo.
El conjunto de hallazgos dibuja una colonia con una economía diversificada, en la que convivían el comercio a larga distancia, la transformación de materias primas, la producción artesanal y actividades vinculadas al culto.
Nuevas evidencias de prácticas religiosas
La campaña ha aportado asimismo un nuevo fragmento de máscara de terracota. La pieza fue fabricada en los propios talleres alfareros del Cerro del Villar y refuerza la importancia de las prácticas de culto documentadas en este sector del asentamiento.
El hallazgo se suma a las habitaciones interpretadas como espacios relacionados con actividades religiosas y permite ampliar el conocimiento sobre las expresiones rituales de la comunidad fenicia que ocupó la antigua isla.
Sobre los niveles fenicios se han identificado restos que podrían corresponder a hornos de época posterior, vinculados a testares con abundantes fragmentos de ánforas, lebrillos, platos y cuencos fechados entre los siglos VI y V a.C.
Esta superposición ofrece una conclusión especialmente significativa: el Cerro del Villar pudo permanecer ocupado de manera ininterrumpida, al menos, entre los siglos VIII y V antes de Cristo. Se trata de una continuidad que, según el director científico del proyecto, no se conocía hasta el momento con esta claridad.
"Esto significa que en esos momentos el asentamiento funcionó como un ámbito artesanal relacionado con la ciudad, pero con una entidad superior a lo que se había imaginado hasta el momento", explica Suárez.
La campaña de 2026 cierra el Proyecto General de Investigación Arqueológica desarrollado entre 2022 y 2026, aunque no supone el final de los trabajos científicos. El próximo año se dedicará a la redacción de las memorias de resultados, al estudio de los materiales recuperados y a la divulgación de los avances en distintos foros.
El proyecto ha reunido a investigadores de la UMA vinculados a la Prehistoria, la Arqueología y la Historia Antigua, además de especialistas de las universidades de Sevilla y Córdoba y de centros internacionales de Chicago y Marburgo. También han participado expertos del CSIC, de los Servicios Centrales de Apoyo a la Investigación de la UMA y cerca de un centenar de estudiantes y egresados.
El estado de conservación de las estructuras, con muros que en algunos casos superan 1,5 metros de altura, abre además una posible vía de futuro para el enclave. Los responsables del proyecto consideran que, una vez acondicionados, algunos de estos elementos podrían formar parte de un Parque Arqueológico periurbano en Málaga.