El coste del Guadalmedina se dispara: enterrar el tráfico hasta el puerto elevaría la inversión a unos 630 millones
El soterramiento del tráfico hasta el recinto portuario transforma el plan original del río. El plan incluye dos alternativas para los túneles.
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La enésima apuesta por devolverle a Málaga el río Guadalmedina a través de parques fluviales y plazas peatonales puede mutar en una operación de ingeniería de mucha mayor magnitud.
Si ya la decisión de intervenir sobre la parte del cauce que se extiende entre los puentes de Armiñán y El Perchel, abriendo la puerta a soterrar el tráfico en los laterales, adquiere una dimensión extraordinaria, la decisión de estudiar la prolongación de los túneles viarios hasta el puerto multiplica el empaque del asunto.
A principios de año, el Consistorio informó de una prórroga en el plazo que se había dado a la consultora Esteyco para elaborar el anteproyecto de intervención sobre el río.
El objetivo era responder a una antigua reivindicación de la Autoridad Portuaria, que desde hace décadas apunta la necesidad de sondear una conexión con la zona norte de la ciudad aprovechando el río.
Y eso es justo lo que ha hecho la empresa adjudicataria. De acuerdo con los documentos consultados por EL ESPAÑOL de Málaga, prolongar los túneles planteados para enterrar el tráfico rodado junto al río hasta el recinto portuario podría elevar el coste de la operación hasta los 628 millones de euros.
Ese es el valor del escenario más ambicioso de las dos alternativas analizadas por Esteyco. En cualquiera de los casos, se ha hecho necesaria una adaptación del diseño inicial para integrar el tráfico pesado propio de la actividad portuaria.
La documentación técnica maneja dos escenarios que condicionan el futuro económico de la ciudad:
- Alternativa 1 (La opción contenida): Plantea una conexión al Puerto de 1,18 km sumada a los 2,07 km de los túneles principales del río. El presupuesto de ejecución asciende a 527,1 millones de euros (IVA incluido).
- Alternativa 2 (El escenario estratégico): Extiende la conexión portuaria hasta los 1,81 km, optimizando la capacidad de absorción de vehículos pesados. El coste se eleva a 628,1 millones de euros (IVA incluido).
A pesar de la magnitud de las obras subterráneas, la ambición ciudadana permanece intacta. El proyecto sigue siendo una obra maestra de urbanismo sostenible:
- Plazas-Puente en forma de X: Se proyectan cinco estructuras conectoras entre La Goleta y Santo Domingo que funcionarán como "islas" peatonales, generando 12.300 metros cuadrados de nuevas zonas de estancia.
- Corredor verde de 76.115 m²: El plan contempla la creación de un parque lineal de 1,4 kilómetros. De esta superficie, casi 48.000 metros cuadrados serán lecho naturalizado con vegetación autóctona y acequias, mientras que el resto se distribuirá en los nuevos bulevares laterales.
- Sostenibilidad activa: El proyecto es, además, un laboratorio de resiliencia climática, integrando pavimentos fotocatalíticos, energía geotérmica en las pantallas del encauzamiento y sistemas de drenaje sostenible que buscan la neutralidad climática en 2050.
El engranaje de la financiación
El éxito de esta mutación depende de un equilibrio financiero extremadamente delicado. En el caso del proyecto principal, entendido por la apuesta por renaturalizar el río y enterrar el tráfico en la parte urbana, con unos 305 millones estimados, el Ayuntamiento apuesta de manera clara por repartir las cargas con la Junta de Andalucía.
Una vía que es complementaria con la búsqueda de fondos europeos y de otras administraciones. De hecho, el pliego de condiciones que rige la contratación del proyecto constructivo señala que el adjudicatario tendrá la obligación de cazar fondos en el Marco Financiero 2028-2034.
La consultora deberá certificar que la obra cumple con los exigentes estándares de la Comisión Europea (Climate Proofing, principio DNSH), convirtiendo el Guadalmedina no solo en un río, sino en un proyecto modelo de cómo la inversión pública puede atraer capital europeo hacia infraestructuras de transporte sostenible.
El solapamiento de la Fase 1 (15 meses) y la Fase 2 (24 meses) permitirá que la ejecución total se realice en un periodo de 35 meses. Si los plazos se cumplen, Málaga podría ver concluida esta transformación estructural a finales de esta década.