Siloé en Brisa Festival.

Siloé en Brisa Festival. Javier Rosa

Cultura

Amaia y Siloé desbordan de amor la segunda noche de Brisa Festival: "Gracias por dejarnos repetir en esta tierra"

La última jornada de este evento llegará este sábado de la mano de M-Clan, La M.O.D.A y OBK.

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Las claves

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Amaia y Siloé protagonizaron la segunda noche del Brisa Festival en el Dique de Levante, desbordando emociones y agradecimiento al público malagueño.

El evento contó también con las actuaciones de Merino, Samurai y León Benavente, que sorprendió al invitar a Ángel Stanich al escenario.

Amaia deslumbró con su voz y cercanía, regalando momentos emotivos, confesiones y subiendo a fans al escenario para bailar.

Siloé cerró la noche pidiendo besos al público y transmitiendo un mensaje de amor colectivo, agradeciendo la oportunidad de repetir actuación en Málaga.

El Dique de Levante ya sabe lo que es repetir sin cansarse. Segunda noche de Brisa Festival con el mismo ritual del rompeolas de fondo, el calor que no da tregua hasta que cae el sol y miles de personas dispuestas a plantarle cara a los 40 grados y al terral con tal de no perderse un segundo de música.

Si el jueves Love of Lesbian se despidió "temporalmente" de su ejército de salvación, este viernes tuvo nombre de mujer y apellido de intensidad: Amaia y Siloé. Pero la tarde no arrancó con ellos

Antes de que llegara cualquiera de las dos, la guitarra de Merino fue calentando el ambiente, poco después llegó Samurai para terminar de despertar al público con un Tiro al aire tras recordar lo que es estar al lado del público de Brisa.

Eso sí, el sol estuvo brillando hasta que León Benavente protagonizó una de las grandes sorpresas de la noche. El grupo subió a Ángel Stanich para cantar e ir cerrando su actuación mientras el sol se iba poniendo en el Dique de Levante.

Y entonces, a las 23.10 horas, Amaia arrancó corriendo su concierto. Y fue literal: salió al escenario cantando “Corre, corre, caballito” y desde el primer acorde dejó claro que esa noche iba a ser inolvidable para los presentes, no solo por su voz sino por las risas que sacó a un público que llevaba horas aguantando el terral.

El buen rollo que solo regala el verano la llevó a sentarse frente al piano a tocar la Tarara y luego cantarla, pero si algo dejó hipnotizado al público malagueño fue C’est La Vie. Todas las miradas quedaron fijas en la pantalla a las espaldas de Amaia y al plano que enfocaba sus manos.

La música fue la gran protagonista, pero los gritos del público también tuvieron su momento. Le gritaron a Amaia “guapa, guapa y guapa, reina, reina y reina”. Además, la noche también iba de confesiones y la artista explicó que de repente por el calor le venían aires al pecho, pero que no podía tirarse eructos porque no sabía.

Amaia en Brisa Festival.

Amaia en Brisa Festival. Javier Rosa

Una confesión de las que solo caben en un concierto de verano en el que tampoco faltaron los regalos. Se acercó a un fan, cogió una bolsa y como si fuera el día de Reyes, empezó a sacar todo lo que contenía. "El mejor regalo que me ha hecho un fan", confesó, mientras lo sostenía como si fuera un trofeo.

Hubo tiempo también para un taconeo digno de Amaia y para un pique con su equipo, ya que de repente dijo: "Oye, Javier, déjame en paz" porque, tras tanto hablar con el público iban “justos de tiempo".

El Relámpago y M.A.P.S pasaron en un parpadeo hasta llegar al momento en que Amaia subió a tres fans al escenario para bailar con ella e indicando que la noche estaba llegando a su fin que lo hizo con Yamaguchi, Tengo un pensamiento y Bienvenidos al Show.

Ocho minutos más tarde de lo previsto, 1.17 horas, y con cuenta atrás incluida, Siloé salió a un escenario que ya llevaba toda la noche esperándolo, apostando por causar un Terrorismo Emocional en todos los sentidos, decidieron pedirle a las miles de personas allí presentes que les besaran en la boca para hacerles creer “que esta vida tiene sentido”.

Un instante después, decidieron mandar a todos, literalmente, a tomar por culo, y nadie en el Dique de Levante se lo toma a mal porque tienen claro que "nadie más estará a la altura con los besos que me das".

Sin pretenderlo el concierto se convirtió en un intercambio de confesiones. Si me necesitas, llámame y Las Palabras, dieron paso a Reza por mí donde pidieron que les buscaran las cosquillas con la punta de los dedos, en uno de esos gestos que solo se entienden en directo porque si hay una cosa clara es que a Siloé habría que verlo de lunes a viernes, y no con plaza fija en el salón de casa, sino en primera fila de Brisa Festival cada año.

Con Amor infinito el público se convirtió en un mar de brazos alzados, abrazos en mitad de un estribillo, besos al final de cada estrofa porque el amor, esta noche, estaba por todas partes. "Nos amamos desde Archidona, Pizarra y Estepona", cantó Fito, pensando en volverse loco y salir de viaje, y en ‘Campo Grande’ aseguró que, ahora que tiene ese cariño, todo lo demás le sobra.

Y con Todos los besos llegó el cierre a una noche que empezó hace años en la Cochera Cabaret, pasó por la Sala París 15 y terminó en Brisa Festival. "Gracias por dejarnos repetir en esta tierra, habrá que verse en algo más grande”, concluyó Fito antes de colarse entre el público una vez más.