Alejandro Castellano, fundador de Maite.ai
Alejandro Castellano tenía 2 clientes hace 24 meses y ahora ha vendido su IA para abogados con más de 100.000 usuarios
Maite.ai, el agente de Castellano se sometió al examen oficial de judicatura y sacó un 86 sobre 100, ahora llega a 99.
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En agosto de 2023, durante unas vacaciones en Grecia, Alejandro Castellano tuvo una intuición que acabaría convirtiéndose en un negocio con un crecimiento rápido y una venta exitosa: Maite.ai.
Ingeniero de telecomunicaciones, apasionado por la tecnología y con experiencia previa trabajando con profesionales jurídicos, empezó a ver algo que para entonces aún poco habían entendido: la inteligencia artificial generativa encajaba de manera casi perfecta con el sector legal.
“Si algo hacen bien estos sistemas es gestionar la palabra, son muy útiles sobre todo en sectores como el legal y el periodismo, donde la palabra pesa", explica Castellano.
Había leído un informe de Goldman Sachs que situaba al derecho como la industria con mayor potencial de transformación por la IA y, además, conocía de primera mano otro problema: la mala relación histórica entre los abogados y el software complejo.
“La mayoría de herramientas jurídicas tradicionales son difíciles de usar. Pero con la IA generativa puedes hablarle o escribirle como si fuera una persona normal. Ahí vi claramente la oportunidad”, recuerda.
De esa idea nació Maite.ai, una plataforma de inteligencia artificial diseñada para ayudar a abogados y profesionales jurídicos a redactar contratos, analizar documentación o diseñar estrategias legales en cuestión de minutos.
Lo que comenzó como un producto mínimo viable programado casi desde cero, terminó, apenas dos años después, con la venta de la empresa al grupo francés Doctrine, líder europeo de inteligencia artificial legal.
Pero el camino no empezó bien. La primera versión de Maite salió al mercado con un mensaje agresivo y casi provocador: “Adiós abogados. Hola, Maite”.
P.- ¿Cómo fue la respuesta del sector?
R.- Los despachos tenían miedo. Pensaban que veníamos a sustituirlos. Y además descubrimos algo importante: la tecnología todavía no está preparada para reemplazar al abogado.
La startup apenas conseguía clientes. Entonces llegó el gran cambio de rumbo. El equipo reformuló completamente el producto y su narrativa. Maite ya no sería un sustituto, sino un copiloto jurídico.
“Lo que sí puede quitarte el trabajo es otro abogado usando IA”, explica. “La máquina por sí sola depende completamente de la pregunta que le hagas. Y quien sabe hacer la buena pregunta es el profesional”.
Ese cambio de enfoque fue decisivo. La empresa dejó de hablar de automatización total y empezó a vender productividad.
P.- ¿Qué cambios o mejoras en el trabajo os han comentado los clientes?
R.- Antes un abogado podía tardar diez horas en redactar un contrato; ahora tarda una. Pero además ocurre algo más interesante: empiezan a hacer trabajos que antes ni se planteaban.
P.- ¿Cuál dirías que es el impacto de Maite?
R.- Es una herramienta que te quita el techo. Hay despachos especializados en derecho mercantil que ahora también trabajan casos laborales o civiles gracias a la herramienta. Con Maite pasamos de tener abogados a 'superabogados'.
El verdadero punto de inflexión llegó en abril de 2024. Hasta entonces la empresa apenas tenía clientes y muchas demostraciones terminaban mal: los abogados intentaban poner a prueba a la IA con preguntas trampa y detectaban errores.
La solución fue reconocer las limitaciones de la inteligencia artificial y mejorar el producto. “Maite no sabe nada. La IA no es inteligente de manera literal”, explica Castellano. “Pero sí puede ayudarte a razonar y responder correctamente, siempre que haya una persona controlándola”.
Para aumentar la fiabilidad, integraron legislación del BOE, millones de sentencias y resoluciones judiciales. Después decidieron hacer algo inédito: llevar la herramienta ante notario y enfrentarla al examen oficial de acceso a la judicatura española.
Maite obtuvo un 86 sobre 100. La nota de corte de ese año para los candidatos humanos había sido 72. ChatGPT también la hizo y bajo las mismas condiciones, suspendió con 25 puntos menos.
“Esta prueba hizo que el mercado entendiera que Maite sabía muchísimo de derecho”, recuerda. Hoy, asegura, la herramienta ya alcanza una puntuación de 99 sobre 100 en ese mismo examen.
A partir de ese momento el crecimiento se aceleró. Lo que eran siete clientes al mes pasó rápidamente a cientos. En apenas dos años alcanzaron más de 1.700 despachos y superaron los 100.000 usuarios.
Todo con una estructura extremadamente pequeña: “Durante mucho tiempo fuimos solo los tres fundadores trabajando prácticamente sin dormir”, cuenta. “Ahora somos 16 personas. Para el volumen de facturación y clientes que tenemos, una empresa tradicional necesitaría entre 50 y 100 empleados”.
Parte de esa eficiencia, dice, se debe a que aplicaron sobre sí mismos la misma filosofía que vendían. “Nosotros usamos IA generativa para ser muy productivos”.
P.- ¿Cuál fue la clave para crecer tan rápido?
R.- Entender muy bien al cliente jurídico y construir un producto excelente. Los abogados prueban Maite y ven cómo razona, cómo genera documentación o plantea estrategias legales y entienden enseguida el valor.
P.- ¿La IA acabará sustituyendo a los abogados?
R.- No. Puede automatizar muchas tareas, pero el criterio jurídico sigue siendo humano. El problema es que si haces mal la pregunta, la respuesta también será insuficiente. El conocimiento sigue estando en el profesional.
El objetivo de Maite nunca fue quedarse en España. Desde el principio querían construir un líder europeo de inteligencia artificial legal.
Analizaban posibles expansiones internacionales y apareció Doctrine, compañía francesa líder del sector y con presencia también en Italia, Alemania y Luxemburgo.
“Nos propusimos unir fuerzas para liderar Europa mucho más rápido”, explica Castellano. “Compartíamos visión sobre el negocio, sobre el equipo y sobre cómo queríamos construir el producto”.
La operación se cerró en febrero de 2026, coincidiendo prácticamente con el segundo aniversario de Maite.ai. La startup española pasó a integrarse dentro del grupo francés y sus fundadores se incorporaron al accionariado global.