De izquierda a derecha, Alicia Benito, Laura Benito, Felipe Benito y Sara Benito; en su nueva tienda La Prudencia de Madrid.

De izquierda a derecha, Alicia Benito, Laura Benito, Felipe Benito y Sara Benito; en su nueva tienda La Prudencia de Madrid. Cristina Villarino El Español

Ocio

Los Benito, la familia del imperio del jamón de lujo a 12 € que se vende en 40 países: "Las parejas no trabajan aquí"

La Prudencia, que le surte a la Casa Real y es líder en ventas de jamón en Asia, ha estado en la sombra en España hasta que han decido abrir hace unos meses su primera tienda física en Madrid, donde venden a precio fábrica.

Más información: Ofelia y Álex, los hermanos creadores del imperio Lamucca con 18 restaurantes: "Cada día es más difícil ser rentable".

Publicada

Las claves

La familia Benito lleva más de un siglo elaborando jamón y embutidos de lujo desde Villacastín, Segovia, bajo la marca La Prudencia.

La empresa solo emplea a miembros familiares con el apellido Benito y exporta sus productos a más de 40 países, siendo especialmente reconocida en Asia.

Recientemente han abierto La Prudencia Boutique en la calle Alcalá de Madrid, ofreciendo jamón de alta calidad a precios de fábrica para democratizar el lujo gastronómico.

Su producto estrella es el jamón blanco gran reserva y facturan más de 25 millones de euros al año, vendiendo tanto en tienda física como online.

Trece personas con el mismo apellido trabajando en la misma empresa. Tíos, hijos, primos y hasta primos segundos repartidos entre la tercera y la cuarta generación.

'Los Benito' llevan más de un siglo dedicados al embutido de lujo desde Villacastín, un pueblo de Segovia con unas condiciones idóneas para elaborar fiambre.

Allí, y bajo el nombre de La Prudencia, están desde 1910 afinando jamones y embutidos con una norma interna que explica bastante bien cómo entienden ellos el negocio: en la empresa solo trabajan familiares con el mismo apellido.

Felipe, Laura, Alicia y Sara Benito son los encargados de la nueva tienda La Prudencia de Madrid.

Felipe, Laura, Alicia y Sara Benito son los encargados de la nueva tienda La Prudencia de Madrid. Cristina Villarino El Español

"Las parejas no trabajan", resumen entre risas. Es la única condición que se puso para que la empresa siguiera siendo familiar.

Hoy son trece 'Benitos' en plantilla de tercera y cuarta generación. Los otros miembros de la familia están repartidos en distintas áreas del negocio: la fábrica, el matadero, las fincas de Extremadura, la tienda de Villacastín o su nueva boutique en Madrid, impulsada por Felipe Benito, CEO; Laura Benito, directora comercial y de desarrollo de negocio; Alicia Benito, directora de marketing; y Sara Benito, encargada del recién inaugurado espacio en el número 102 de la calle Alcalá, escenario elegido para este encuentro con EL ESPAÑOL.

Trabajar en familia admiten es "intenso". Lo es porque coinciden en la oficina, en las decisiones y después en todas las celebraciones. "Pero también es muy enriquecedor", reconocen los cuatro. 

Apellidarte Benito no es sinónimo de trabajar en La Prudencia; ya que son varios los familiares que no han querido dedicarse a este sector. Sin ir más lejos, Sara Benito, hoy al frente de la tienda madrileña, pasó años en otros rumbos. "Lo que estudié no tiene nada que ver y estuve 10 años desvinculada", recuerda. 

La Prudencia Boutique también es una charcutería.

La Prudencia Boutique también es una charcutería. Cristina Villarino El Español

Lo curioso de La Prudencia es que, pese a su trayectoria, durante años ha preferido moverse en la sombra en España. Mientras otras marcas peleaban por hacerse visibles en el mercado nacional, ellos ponían el foco fuera.

Hoy exportan a más de 40 países, están presentes en Europa, África y América, y aseguran que en el extranjero su nombre resulta más reconocible que para buena parte del consumidor español. De hecho, son líderes de ventas en Asia.

Decoración de la tienda.

Decoración de la tienda. Cristina Villarino El Español

En nuestro país también distribuyen a la Casa Real, a restaurantes y otros proveedores, y en las regiones que más venden son Cataluña y País Vasco. "Fuera somos más conocidos. Estamos en restaurantes de tres estrellas Michelin en Hong Kong, en Robuchon…", pone como ejemplo la directora comercial Laura Benito.

Esa es una de las paradojas de la casa. La firma segoviana vende en mercados internacionales, está presente en restaurantes premium y en locales de alta gastronomía fuera de España, pero aquí su marca había quedado muchas veces tapada por los distribuidores, la venta indirecta o incluso la marca blanca. De ahí la decisión de abrir su primera tienda física en la capital.

Los cuatro miembros de la familia Benito en la barra de La Prudencia Boutique.

Los cuatro miembros de la familia Benito en la barra de La Prudencia Boutique. Cristina Villarino El Español

Para entender a esta estirpe hay que viajar a principios del siglo XX. El abuelo de Felipe, Prudencio Benito, vio en Villacastín el enclave perfecto.

No eligió el epicentro clásico del ibérico, sino Segovia. El motivo era puramente técnico: el clima. A 1.200 metros de altitud, la humedad —"el peor enemigo del embutido", puntualiza Felipe— brilla por su ausencia, y a 80 kilómetros de Madrid.

"Y Prudencio puso el nombre de su empresa en femenino porque realmente mandaban las mujeres en casa", cuentan entre risas sus tres bisnietas.

Desde el primer momento lo que vendían en la tienda, lo elaboraban ellos mismos. Tras el duro parón de la Guerra Civil, la verdadera expansión llegó en los años 40 con la apertura del matadero.

Uno de los mostradores de la boutique.

Uno de los mostradores de la boutique. Cristina Villarino El Español

Décadas después, en los 90, la saga dio un golpe en la mesa al adquirir fincas en Extremadura (El Rincón de Zafra y otra en Alconchel). Ahí fue cuando empezaron a controlar de forma integral el proceso de una cabaña de entre 14.000 y 15.000 cerdos, desde la montanera hasta la curación final en Segovia.

A eso le añadieron su fórmula de exprimir la tradición inyectando desarrollos tecnológicos punteros. Felipe Benito detalla cómo trabajan con secaderos que recrean el frío idóneo todo el año o maquinaria de alta presión, como la que aniquila cualquier rastro de listeria sin alterar el sabor, un salvoconducto imprescindible para entrar en en mercados como Japón, Singapur o Canadá.

Reyes en Asia, discretos en casa

Cuando España por fin pudo exportar tras erradicar la peste porcina a finales de los 90, La Prudencia abrió sus puertas al mundo desde el primer momento. Empezaron compitiendo en Francia contra el prosciutto italiano, que les llevaba años de ventaja.

Sin embargo, en España, el gran público apenas les pone cara. Al carecer de Denominación de Origen —su producción baila entre Castilla y León y Extremadura— y al vender grandes volúmenes a través de distribuidores, su nombre ha quedado diluido. Su producto singular más mimado aquí es el jamón blanco gran reserva, elaborado con cerdo graso segoviano y una curación mínima de 30 meses.

La tienda de Madrid: lujo a precio de fábrica

Precisamente para poner fin a ese anonimato, 'los Benito' han desembarcado en el número 102 de la madrileña calle Alcalá, en Goya. La Prudencia Boutique nace con vocación de "joyería del jamón", pero con un alma de charcutería de barrio moderna que huye de la exclusividad intimidante.

"Vendemos a precio de fábrica", explica Alicia Benito. Usan el paralelismo textil para explicarse: aplican una política comercial buscando democratizar el lujo gastronómico. 

La Prudencia Boutique.

La Prudencia Boutique. Cristina Villarino El Español

En su mostrador, 100 gramos de jamón ibérico de bellota cortado a mano a cuchillo cuestan 12 euros. En una gran superficie, advierten, esa misma ración puede dispararse a 30 euros. Una pata de bellota entera oscila aquí entre los 300 y 350 euros, un importe muy inferior a los 450 o 500 euros que suele alcanzar en otros canales de venta. "Ahorras hasta 200 euros en un jamón en la nueva tienda", calcula Felipe.

La nueva tienda engloba dos conceptos. La parte de mercado y la boutique atelier que da valor al producto.

La barra de degustación.

La barra de degustación. Cristina Villarino El Español

Tiene barra de degustación para tomar un vino o un cava con una tabla de embutido y mostradores en los que despacha para llevar y para enviar a domicilio.

En su carta de bocadillos y caprichos brilla 'El Planchao' (su irresistible versión del bikini). Por otro lado, aseguran que no te puedes ir sin probar el lomito ibérico de bellota, el chicharrón y una auténtica 'rareza': su jamón cocido artesano, elaborado con su propia materia prima por un productor vasco, que despachan a unos precios muy competitivos: 1,90 euros los 100 gramos. "Las señoras del barrio vienen y dicen que es más barato que en el súper", cuenta Felipe como curiosidad.

Sus bocadillos.

Sus bocadillos. Cristina Villarino El Español

El festín se completa con sus elegantes cofres de latón, inspirados en las latas de galletas vintage. "No queríamos que fuera de usar y tirar", dice Sara Benito. Unas cajas pensadas para regalar tablas de curados por unos 20 euros que ya se perfilan como el nuevo obsequio 'gastro' de moda en la capital.

Además venden a través de su canal online y por Amazon, donde solo en la última campaña de Navidad calculan haber despachado entre 300 y 400 jamones. Con todo, facturan más de 25 millones de euros anuales.

Sara, Alicia, Felipe y Laura Benito en la fachada de su tienda, en Goya.

Sara, Alicia, Felipe y Laura Benito en la fachada de su tienda, en Goya. Cristina Villarino El Español

Tras más de un siglo alimentando a la alta gastronomía internacional desde la sombra, los trece 'Benitos' han decidido encender los focos. Ahora, el mejor escaparate de su imperio ya no está solo en Tokio o en Hong Kong; está en el corazón del barrio de Salamanca, en La Prudencia Boutique.