Tomás Serrano

Tomás Serrano

Tribunales CASO KOLDO

Koldo relata sus mil vidas y destapa sus dos caras: reta al fiscal, y su abogada le susurra que se juega "muchos años de cárcel"

El exasesor de Ábalos declaró siete horas y media en el Supremo, como acusado de unas corruptelas de las que desvincula al otrora ministro y a él mismo.

Más información: Aldama asegura que Sánchez, "el número 1 de la trama", sabía que el PSOE se financió con pagos de constructoras

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Las claves

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Koldo García declaró en el Tribunal Supremo sobre su papel como asesor del Ministerio de Transportes y negó haber recibido comisiones ilegales en la compra de mascarillas.

Durante la sesión, Koldo mostró una actitud dual: se presentó como servicial y agradecido, pero también retador ante el fiscal, llegando incluso a ser reprendido por su abogada.

Admitió haber ayudado a la contratación de Claudia Montes en una empresa pública a petición de Ábalos, pero desvinculó a este último y a sí mismo de cualquier irregularidad en otros casos.

El juicio aborda presuntos pagos de comisiones ilegales relacionados con contratos de mascarillas, con testimonios que apuntan a la implicación de Koldo, Ábalos y el empresario Víctor de Aldama.

Según la mitología, el dios latino Jano era corpulento, tenía dos caras, una frente a la otra, y generalmente aparece representado con barba.

Koldo García es corpulento, luce desde hace unos meses una larga barba canosa de ayatolá y, este jueves, evidenció en el Tribunal Supremo que también encierra dualidades en su metro noventa de altura. Y mil vidas pasadas en su memoria.

Desde el banquillo de los acusados, vestido con un jersey marrón marca Gant con cremallera hasta el pecho y rodeado de cientos de folios que trajo consigo desde prisión, García comenzó a dibujarse a sí mismo como una persona servicial que tan sólo pretendía solucionar problemas ajenos mientras, entre 2018 y 2021, era asesor del Ministerio de Transportes.

Aquellos días de vino y rosas, estaba a las órdenes de otro de los acusados, José Luis Ábalos, quien, a ratos, este jueves, le miraba desde el banquillo.

Otras veces, el exministro dirigía sus ojos al suelo, o los cerraba por unos minutos, o miraba los oropeles del techo del Supremo, o resoplaba hastiado, o trataba de acomodarse en un respaldo que, pese al terciopelo granate que lo forra, nunca resulta cómodo para quienes se recuestan en él.

Koldo, como reiteró a lo largo de siete horas y media de declaración, es un hombre profundamente enamorado de que las mujeres no sufran acoso laboral.

Fue y sigue siendo "el mayor de seis hermanos que empezó a trabajar a los nueve años", según se definió varias veces. Y se mostró excesivamente educado, hasta casi rozar un paroxismo algo fingido y un servilismo propio de Sancho Panza.

"Perdón, señor ilustrísimo magistrado presidente", se dirigió al presidente del tribunal de la Sala Segunda del Supremo, el juez Andrés Martínez Arrieta. En ocasiones, los epítetos se le atragantaron: "Señor magistrado ilustrísimo señor presidente".

"Estaré toda mi vida, toda, agradecido a Ábalos. Es de bien nacido ser agradecido", echó mano del refranero antes de desvincular al exministro de cualquier corruptela en la compra de mascarillas para Transportes, que es lo que se juzga aquí.

Pero su barroco autorretrato también tuvo borrones y manchas de tinta.

"Te estás jugando muchos años de prisión", le recordó, en un momento, al filo de las dos de la tarde, su propia abogada. Por si a Koldo, tras divagar más por sus mil vidas pasadas que por sus obras (supuestamente delictivas), se le había olvidado de por qué estaba en el Supremo.

La abogada le hizo esta advertencia en un susurro que captaron los micrófonos, cuando el acusado se negó a responder, precisamente, una pregunta sobre Jésica Rodríguez, la antigua amante del exministro Ábalos.

Koldo también desvinculó a Koldo de las corruptelas: ni cobró una comisión de 10.000 euros al mes por amañar contratos ni influyó para beneficiar a ninguna empresa, sostuvo.

En el sumario de esta causa, figura una anotación que reza "K 10.000". Pero Koldo volvió a desvincular a Koldo. Ese no soy yo, como cantaba Mari Trini. La inicial es casual, no causal. Existen más nombres con K.

Y si su hermano Joseba viajó a República Dominicana fue por un amorío, fue por afán de aventura y fue por un "negocio de pitayas". No para recoger esas comisiones ilegales de las que usted me habla.

Algunos hombres buenos

En 2020, en plena pandemia, el asesor del Ministerio de Transportes también surcaba los husos horarios y telefoneaba de madrugada "a China", a fin de conseguir cubrebocas que protegieran a los españoles del coronavirus. "A las tres y media de la mañana", enfatizó García. "Ésos eran los horarios que China tenía para hablar", explicó.

Sí admitió el acusado que Ábalos ayudó a Claudia Montes, una gijonesa militante del PSOE y ganadora de Miss Asturias en categoría sénior, que fue colocada en la empresa Logiraíl, dependiente de Transportes.

A petición del ministro, Koldo contribuyó en su contratación. Según narró el exasesor, después de recortar la foto del currículum de la mujer, porque mostraba demasiada carne, mandó el CV a Isaías Táboas, presidente de Renfe.

"Ábalos me dijo que [Montes] no tenía para comer, que a ver si podíamos ayudarla... Y siempre había vacantes que cubrir", explicó el acusado, que admitió hasta haberle prestado dinero a la exmodelo.

"Hay algunos que se pasan de buenos...", se vanaglorió García, en una tercera persona autorreferencial.

Koldo 'El Tosco'

Pero Koldo es, también, una "persona tosca" —así se ha definido él mismo—, impulsiva y retadora.

"¡Le suplico que me deje terminar!", le gritó a Alejandro Luzón, jefe de Anticorrupción. Al instante, se disculpó, como si hablase ahora la segunda boca del dios Jano: "Ruego perdone lo que acabo de hacer".

No fue el único rifirrafe con el fiscal. "Esto me va a traer un problema, pero usted no está buscando mi inocencia", le afeó a quien, convencido de que no hay inocencia alguna que buscar, solicita para él 19 años de cárcel.

Hubo más. García también se irritó por una sonrisa del jefe de Anticorrupción. Tras ello, Luzón inició con sorna su siguiente pregunta: "No me mire si no quiere...".

"¡Qué mal gusto tiene usted!", le afeó al fiscal cuando éste comparó el desbocado interés de Koldo García en que la aerolínea Air Europa fuese rescatada con su honda preocupación por el acoso laboral que sufrió la ex miss Montes en Logiraíl; una problemática social, el mobbing femenino, contra la que el acusado había pronunciado un encendido discurso instantes antes.

Mil vidas pasadas

"En Guipúzcoa, yo fui inspector de los escoltas que protegían a las mujeres maltratadas", enfatizó.

Ésa fue una de sus mil vidas pasadas. Otra, las de sus años como colaborador de la Guardia Civil en Euskadi, en su lucha contra ETA y el yihadismo. Por ello, y no por ninguna corruptela, es por lo que llegó a manejar 27 teléfonos, dijo. Para hablar con confidentes y colaboradores policiales.

Hay más vidas pasadas en su memoria: sus días como portero (ocasional) de prostíbulos.

"Yo era jefe de una empresa de seguridad. Si algún [portero] fallaba, yo me ponía el uniforme y a trabajar. También, en bares de alterne, sí", precisó, enfatizando lo anecdótico de su labor, no vaya a ser que colisione con su defensa de los derechos de la mujer.

En efecto, convencido de que no hay ninguna inocencia que ponerse a buscar, el fiscal Luzón solicita muchos años de prisión para García. Diecinueve y medio. Y 24 para Ábalos. Por, supuestamente, haber recibido comisiones ilegales por amañar dos contratos de mascarillas en favor de la empresa Soluciones de Gestión SL, de la que el tercer acusado, Víctor de Aldama, era intermediario.

Aldama declaró este miércoles en el Supremo y confesó. Se autoincriminó y declaró que pagó mordidas, y no pocas, para garantizarse el favor público para ciertas compañías. Manifestó que dio dinero, miles y miles de euros, al entonces ministro y a su hombre para todo. Pagos de 10.000 euros mensuales, por ejemplo.

Koldo El Tosco también es Koldo El Campechano y Koldo El sincero. Con estos dos términos —"campechano" y "sincero"— también se definió a sí mismo en otro momento del interrogatorio, que tuvo, no obstante, trazas de sesión incómoda con el psiquiatra.

Tan campechano es Koldo, que le pregunta al tribunal qué significa "compelido", palabra que emplea el fiscal. "Compelido es obligado", le explica, didáctico, el juez Arrieta. También confunde mobbing con bullying durante su alegato contra el acoso laboral. Luzón le corrige.

"Se pone nervioso, no está acostumbrado a hablar en público", le auxilió, en un momento, su propia abogada, Leticia de la Hoz, a la que Koldo, por su campechanía, llama Leti varias veces y, rápido, se retracta. "Señora letrada, señora letrada".

Ante las quejas de García por los susurros del fiscal, su defensora, en un consejo de tono casi maternal, le recomienda: "Mírame a mí, mírame a mí".

Cuando fue detenido en abril de 2024, Koldo García era el investigado más conocido. Meses después, quien fuese su jefe pasó también a integrar la lista de investigados y esta causa, desde entonces, ya se denominó indistintamente como caso Ábalos, caso Koldo, caso Mascarillas...

Con su corpulencia, Koldo trató de hacer de parapeto para exministro, al que dibujó poco menos que como un mártir. También desvinculó a Ábalos del supuesto enchufe a su antigua amante, Jésica, en dos empresas públicas adscritas a Transportes.

"La iniciativa de buscar trabajo a Jésica es mía. Mandé su currículum, la acompañé a la entrevista, la tranquilicé...", declaró.

No obstante, en el sumario judicial consta un mensaje de WhatsApp en el que Koldo pide a Isabel Pardo de Vera, la entonces presidenta de Adif, que coloque a la muchacha. "Si no, Jose [Luis Ábalos] me corta los huevos".

De hecho, la amante del político, mientras estudiaba Odontología y vivía gratis en el centro de Madrid, en un piso pagado por la supuesta trama corrupta, chantajeó a Ábalos con airear su vida extramarital. Así, al menos, lo relató este jueves el exasesor de Transportes.

"Esta señorita presionó bastante a [Ábalos]. Había que darle solución a sus problemas, o, si no, la opinión pública iba a tener conocimiento de ciertas cosas. No cosas ilegales, sino personales", narró.

"Todo el mundo aquí tiene, por desgracia, conocimiento de la vida privada del señor Ábalos. Y él tenía problemas que no se merece...", lamentó Koldo.

Aquí, el Supremo juzga esas cosas (supuestamente) ilegales. Pero, de nuevo, esta decimosegunda sesión del juicio, como otras anteriores, y como otros juicios distintos a éste, constató que lo privado y lo personal son, casi siempre, cuando hay (presunta) corrupción de por medio, dos caras, como las de Jano, de una misma moneda.