Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, anuncia su contrato con España, a falta de 40 días para el 29-N.
Los 15 compromisos de Feijóo en su "Contrato con España": de "garantizar las pensiones" a "ordenar la inmigración"
"No habrá reconstrucción sin confianza", advierte. Y explica que "verdad, ley, esfuerzo y unidad" son sus cuatro principios para "restaurar el pacto social".
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Alberto Núñez Feijóo ha condensado su Contrato con España en 15 compromisos.
Defender la soberanía y la integridad territorial; mejorar la democracia y la separación de poderes; y limpiar el Estado para hacerlo más eficaz. También construir un millón de viviendas, ordenar la inmigración y garantizar la revalorización de las pensiones.
La relación continúa con "recuperar el tren como orgullo nacional", invertir en infraestructuras hídricas "para estar mejor preparados ante inundaciones y sequías", contratar "más médicos" y tener mejor sanidad. Añade "una educación exigente" que valore el esfuerzo y dé mejores resultados académicos y "unas calles más seguras".
Completan la lista de sus 15 compromisos una "bajada de impuestos", un compromiso para "subir el salario medio" de los españoles, la recuperación de la credibilidad exterior y "el orgullo nacional" y la defensa de una nación de ciudadanos libres e iguales, "con los mismos derechos y servicios, vivan donde vivan".
Feijóo, que inicia así una nueva etapa de la precampaña del PP para las elecciones del 29 de noviembre, resumió esos 15 puntos de su contrato incorporando otras tres promesas que recapitulan las anteriores: se comprometió a "impulsar el cambio que España necesita", se comprometió a "acometer la reconstrucción nacional" y, finalmente, "a cumplirlo todo".
- Defender la soberanía nacional y la integridad territorial. La seguridad de los españoles está por encima de todo.
- Recuperar la calidad de nuestra democracia y el respeto a la separación de poderes.
- Un Estado más limpio y más ligero.
- Atender eficazmente el primer problema de los españoles: la vivienda.
- Ordenar la inmigración. España, como cualquier país, tiene derecho a elegir quién entra, cómo y para qué.
- Garantizar las pensiones actuales y futuras.
- Que nuestro tren vuelva ser un orgullo nacional.
- Invertir en infraestructuras hídricas que nos preparen mejor para inundaciones y sequías.
- Fortalecer la Sanidad Pública: más médicos y con mejores condiciones para tener mejor Sanidad.
- Elevar el nivel educativo. Una mejor educación, más exigente y con mejores resultados.
- Más seguridad en las calles.
- Subir el salario medio de los españoles.
- Fin al infierno fiscal que asfixia a las familias. Bajar los impuestos.
- Recuperar el prestigio internacional de España.
- Una nación de ciudadanos libres e iguales, con los mismos derechos y servicios, vivan donde vivan.
Tras una ovación de los dirigentes y militantes que se reunían en el Espacio Larra, de Madrid, bromeó: "Sí, ya sé que llama la atención que un político se comprometa a cumplir", ironizaba.
Y el sarcasmo resumía la idea que articuló su intervención: presentar el cumplimiento no como una obligación sobreentendida, sino como una diferencia política frente a Pedro Sánchez.
"El valor de la palabra"
El discurso había comenzado precisamente con la explicación de por qué considera insuficiente un programa electoral en esta cita con las urnas. "Los españoles están frustrados y enfadados porque, demasiadas veces, han visto cómo se hacía lo que se juró que no se haría". Y por eso, dijo, cree que hace falta responder personalmente.
Cuáles son las promesas, cuáles las prioridades y cuál es su manera de entender el Gobierno.
Es decir, que el programa que está elaborando Alma Ezcurra, su vicesecretaria de Coordinación Sectorial llegará. Pero antes, veía necesario añadir una garantía vinculada a su propia trayectoria. "Un compromiso donde respondo yo, con mi nombre, mi experiencia, mi trayectoria y con todo lo que soy", ha afirmado.
Su diagnóstico sobre los años de Sánchez es el de una ruptura del pacto elemental entre ciudadanos y gobernantes. "En democracia, lo habitual es confiar en que si el ciudadano cumple, el Estado responde", antes de denunciar que hoy los españoles cumplen mientras el Gobierno "no lo hace".
Restaurar esa relación exige, según Feijóo, cuatro principios: la verdad, la ley, el esfuerzo y la unidad. El primero le obligará como presidente "a decir siempre la verdad"; el segundo, a "respetar las instituciones y reconstruirlas para que "nadie vuelva a estar por encima de la ley".
El esfuerzo conecta esa regeneración institucional con la vida cotidiana: "Que un joven pueda cumplir sus aspiraciones, una familia ahorrar y un autónomo prosperar". La unidad completa el esquema con una definición de España como patrimonio compartido de "ciudadanos libres e iguales", no como "propiedad de una ideología o, menos aún, de un gobernante".
Sobre esas bases sitúa esa reconstrucción nacional de la que lleva hablando desde el pasado mes de julio, antes de conocerse que Sánchez adelantaría las urnas: "No se trata de volver a lo de antes", sino de "levantar lo derruido y construirlo mejor". No plantea sólo sustituir al Ejecutivo, sino abrir "una etapa distinta, el cambio que España necesita".
Y para ello, "la confianza" es el vínculo entre los principios y las promesas: "Porque no habrá reconstrucción sin confianza", ha advertido. Y por eso, reclama que la palabra de un presidente vuelva a tener valor y pide que a él se le juzgue "por los hechos", y no por el relato.
Feijóo solicita ese crédito con sus compromisos y su trayectoria, y promete devolverlo con "honradez, esfuerzo, trabajo y respeto a la nación".
"En ello empeño mi palabra", ha concluido.
Estado y vida cotidiana
Antes de desarrollar las medidas, Feijóo ha contrapuesto las imágenes de violencia en Francia, que atribuye a la izquierda radical, con el cambio mediante las urnas. Su respuesta al deterioro que denuncia es "más y mejor democracia", no una impugnación de sus mecanismos.
El primer peldaño es institucional: "Jueces que elijan a los jueces y gobernantes que no los señalen". Reclama también un Tribunal Constitucional, una Fiscalía y unos organismos reguladores independientes, junto a "un Ejecutivo que respete a las Cortes" y presente Presupuestos cada año.
La limpieza del Estado tiene, además, una dimensión material: "Menos ministerios, altos cargos, asesores y gasto superfluo". Feijóo une esa reducción a la exigencia de responsabilidades políticas, "sea quien sea" el afectado: el dinero público, recordó, "es fruto del esfuerzo de los contribuyentes" y el Gobierno lo debe administrar con "respeto".
Después, bajó a la compra, la luz, la hipoteca y el alquiler. Frente a "esas cifras económicas que el ciudadano no reconoce en su bolsillo", situó la promesa de recuperar la "prosperidad de la clase media" en una combinación de salarios, productividad y trabajo que compense.
Los jóvenes encarnan la fractura de esa promesa: estudiar y trabajar ya no bastan, según su diagnóstico, para independizarse. Su respuesta en vivienda, "un millón de casas nuevas", combina más suelo y menos burocracia con ayudas y protección a los vulnerables, pero también con una defensa de la propiedad.
El enlace con las pensiones es generacional: "Los mayores dejan un país mejor y los jóvenes sostienen sus cuidados". Feijóo promete actualizar las prestaciones conforme al IPC y preservar un sistema que permita a quienes hoy cotizan cobrar mañana la suya.
La protección conduce después a la inmigración, donde vincula "apertura y solidaridad" con "control y cumplimiento de la ley". Da la bienvenida a quien venga a trabajar y contribuir, y exige "la salida" de quienes delincan o vulneren las leyes, las libertades y los valores del país.
Ese planteamiento enlaza con su defensa de la nacionalidad como responsabilidad, no como "trámite ni instrumento electoral". La seguridad completa el argumento con más medios y reconocimiento para policías y guardias civiles: "Proteger a quien protege".
A continuación, la igualdad territorial se traduce en servicios: médicos suficientes, mejores condiciones sanitarias y una escuela que premie el esfuerzo. En educación, ofrece "contenidos académicos y no ideológicos" y promete garantizar el castellano en toda España y las lenguas cooficiales en sus territorios.
El recorrido termina fuera de las fronteras, con una política exterior al servicio de España y la recuperación de alianzas europeas que considera rotas. Su apelación a un "patriotismo sereno y exigente" reúne esas escalas.
Una nación occidental, atlántica, vinculada a Hispanoamérica y frontera sur de la UE que, sentencia, "para ser respetada, debe empezar por respetarse a sí misma".