Menú de comida halal

Menú de comida halal

Política

Ya existe una ley que obliga al colegio de tu hijo a servir un menú halal o vegetariano sin coste adicional para las familias

La norma de Bustinduy garantiza que haya "menús que respeten la diversidad cultural y religiosa como estrategia de convivencia".

Abogados Cristianos critica que no se respete la tradición católica, como la abstinencia de carne en Cuaresma, y se atiendan demandas de otras confesiones.

Más información: Animales sacrificados según el Corán: el menú halal que la alcaldesa de Ripoll pide retirar de escuelas

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Las claves

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Todos los colegios de España deben ofrecer menús adaptados a convicciones éticas o religiosas, como opciones halal o vegetarianas, sin cobrar más a las familias.

La normativa exige que los menús vegetarianos tengan segundos platos basados solo en proteínas vegetales y obliga a adaptar menús para alumnos con alergias o intolerancias acreditadas.

La ley afecta a centros públicos, concertados y privados, y contempla sanciones de hasta 600.000 euros por incumplimientos en la protección de la salud de los menores.

Las empresas advierten de un aumento de costes por la necesidad de ingredientes certificados, aunque la ley prohíbe trasladar este sobrecoste a las familias.

Desde este mes de abril, todos los centros educativos de España están obligados a ofrecer menús escolares adaptados a las convicciones éticas o religiosas de sus alumnos —como dietas halal (musulmana) o vegetarianas— sin que ello suponga un coste adicional para las familias.

En realidad, la medida no es nueva. El decreto que regula los comedores escolares fue publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el 16 de abril de 2025 y, desde entonces, está formalmente en vigor. Sin embargo, la norma establecía plazos de aplicación que han retrasado su implantación.

Según explican desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, el texto contempla dos fases. Una primera, de un año, destinada a adaptar la programación de los menús escolares a los nuevos criterios nutricionales, es decir, a cumplir con las frecuencias de consumo de alimentos fijadas por la nueva norma.

Y una segunda, de hasta veinticuatro meses desde su publicación en el BOE, para aplicar otros aspectos más complejos, como los criterios de sostenibilidad. En este punto, la norma especifica que las frutas y verduras deben ser de temporada y que los centros han de incorporar un porcentaje de productos ecológicos.

Además, el real decreto deja claro que estos criterios son de aplicación en todos los centros educativos —públicos, concertados y privados— incluidos en su ámbito.

Ahora, la obligación de ofrecer alternativas alimentarias adaptadas ya es exigible.

El proyecto, impulsado por el ministro Pablo Bustinduy, defiende la necesidad de garantizar "menús que respeten la diversidad cultural y religiosa (halal, vegetarianos) como estrategia de convivencia".

La ley establece, además, que si un centro no puede elaborar estas alternativas con las garantías necesarias, deberá facilitar los medios de refrigeración y calentamiento adecuados para que el alumno pueda consumir comida traída de casa "sin peligro para la salud".

En el caso de los menús vegetarianos, la normativa es explícita, al exigir que los segundos platos se basen exclusivamente en proteínas de origen vegetal.

La adaptación de los menús por motivos de salud —como en el caso de los alumnos celíacos— ya estaba regulada con anterioridad.

La Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición obliga a los centros escolares a ofrecer menús especiales para alumnado con alergias o intolerancias alimentarias, incluido el gluten, siempre que exista un diagnóstico médico acreditado.

En concreto, el artículo 40 establece que los centros con alumnado con alergias o intolerancias, certificadas por especialistas, deberán elaborar menús adaptados a esas necesidades y garantizar alternativas en el caso de intolerancia al gluten.

Para ello, las familias deben comunicar la situación al centro y presentar el correspondiente certificado médico.

Sin embargo, la implementación de los nuevos menús —especialmente en el caso de la dieta halal— plantea desafíos logísticos y económicos.

Empresas del sector de la restauración advierten de que la necesidad de utilizar ingredientes certificados y evitar la contaminación cruzada puede elevar los costes en torno a un 20%, un sobrecoste que, según la ley, no puede trasladarse a las familias.

Este desfase abre un interrogante sobre quién asumirá ese incremento: si las propias empresas adjudicatarias o las Administraciones públicas a través de mecanismos como las becas comedor. Cuestión que todavía no ha sido aclarada.

La norma también ha generado contestación en algunos sectores. La asociación Abogados Cristianos ha presentado quejas ante el Ministerio, al considerar que el Gobierno atiende demandas vinculadas a otras confesiones mientras no contempla prácticas de tradición católica, como la abstinencia de carne los viernes de Cuaresma.

El debate ya tuvo su reflejo en la Asamblea de Madrid hace meses, en un enfrentamiento entre la portavoz de Vox, Isabel Pérez Moñino, y la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso.

Mientras la primera acusó al Ejecutivo autonómico de fomentar "sociedades paralelas", Ayuso replicó que no se utilice a los menores en "guerras políticas", y defendió que la Comunidad se limita a cumplir la normativa nacional.

Con la aplicación efectiva de estas medidas, los centros escolares se enfrentan ahora a un nuevo escenario de control. Las inspecciones podrán sancionar los incumplimientos como vulneraciones de la normativa de protección de la salud de los menores, con multas que van desde los 5.000 euros en los casos leves hasta los 600.000 euros en los más graves.