A las 9.15 horas del sábado 10 de julio, Pedro Sánchez habló con Juan Carlos Campo. Poco después, llamó a José Luis Ábalos. Sobre las 10.30 se reunió con Iván Redondo... todos salieron con la cabeza cortada. Además de Carmen Calvo que, quizá por deferencia, fue avisada unos días antes de su decapitación.

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Así lo cuentan fuentes internas del Gobierno, porque "la vice" anduvo cerrando carpetas y resolviendo asuntos de personal en los días previos.

Durante toda la semana, incluso desde Estonia, Letonia y Lituania, el presidente había estado negociando con Yolanda Díaz. Haciéndole ofertas, todas basadas en la reducción del número de carteras. A ella le tocaba apartar a uno de los suyos. A todas las opciones dijo "no" la hoy vicepresidenta segunda.

Sólo el viernes 9 de julio, por la noche, Sánchez se dio por vencido con Unidas Podemos y terminó su lista, ya sin aligerar de sillas la mesa del Consejo de Ministros. Casi nadie sabía la fecha definitiva de la escabechina. Díaz, sí. Calvo también. Redondo, casi seguro, pero por personas interpuestas... 

Aunque todo había empezado dos meses y cinco días antes de la fecha de autos. "El 5 de mayo, después del batacazo electoral en Madrid, el presidente vio claro que debía revolucionar el Gobierno".

Así lo relata una de las fuentes internas con las que este periódico pondrá nombre, en las próximas líneas, a quiénes son Oliver y Benji, quién es Calígula, quiénes los ángeles de Sánchez, las personas con las que el presidente consultó sus cábalas y, lo más interesante, quién entraba y quién salía en cada esbozo de guion.

Un libreto que, al final, acabó resultando "extraño" hasta para los más estrechos colaboradores del autor.

El 'murcianazo'

Hoy sabemos que la crisis de Gobierno y la de "Oliver y Benji" fue consecuencia del aleteo de una mariposa en Murcia. 

La doble moción de censura pactada entre Ciudadanos y el PSOE para que los socialistas se quedaran la alcaldía y los liberales se hicieran con el gobierno de la región se terminó de acordar un 9 de marzo, a bordo del coche de Carlos Cuadrado, entonces vicesecretario de Cs, que marcó el número de Félix Bolaños, hoy ministro y hombre fuerte del nuevo sanchismo, y entonces secretario general de la Presidencia.

Carmen Calvo, exvicepresidenta primera del Gobierno, entrega su cartera al ministro de la Presidencia, Félix Bolaños. Efe

¿Y quién había preparado el terreno? ¿Tal vez su jefe directo, Iván Redondo? No, la persona que estaba detrás de las bambalinas era Santos Cerdán... entonces mano derecha de Ábalos en el PSOE, y hoy su más que seguro sucesor como secretario de Organización. Así lo reveló él mismo, y luciendo orgullo, en una entrevista concedida a la web NoticiasDeNavarra sólo 10 días después.

El resultado de aquella operación es sabido: elecciones anticipadas en la Comunidad de Madrid en las que Isabel Díaz Ayuso arrasó y el PSOE se despeñó, siendo sorpasado por Más Madrid. 

"Oliver y Benji"

Algo se rompió entonces entre "Oliver y Benji", como aseguran que el propio Iván Redondo había bautizado su relación con Bolaños. El hoy titular de Presidencia le había ocultado la operación Murcia y, desde entonces, ya nada fue igual...

"Oliver" no ha vuelto a hablar con "Benji" desde el sábado en que Sánchez le comunicó a uno su destitución y al otro el ascenso a ministro. Ni siquiera cuando se cruzaron el lunes mientras Redondo se llevaba no menos de 20 cajas de su despacho.

Este periódico ya reveló el malestar en el entorno del ex director de Gabinete con las versiones filtradas desde Moncloa que indicaban que pidió un puesto en el Consejo de Ministros. También con el miembro del Gobierno que iba diciendo de él que "un jefe de Gabinete no puede creerse presidente", a la vista del borrador de la Ley de Seguridad Nacional, de cuyo texto le hace responsable.

Hoy, EL ESPAÑOL está en disposición de confirmar, con más testimonios, que fue el presidente quien presionó a su valido hasta la noche del martes 6 de julio, para que se quedara... y que le ofreció cargos a través de emisarios.

El director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, Iván Redondo, en una imagen de archivo. Foto: Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

Las fuentes del entorno de Redondo revelan que cenó aquel día en el reservado de un restaurante madrileño con una pareja de amigos comunes con el presidente. Lo que no se sabía hasta ahora es que la cena estaba prevista para el jueves, que se adelantó a petición de los otros dos comensales... y que lo de esa noche no fue una oferta normal, sino de "ésas que no se pueden rechazar".

Sánchez lo quería de ministro de la Presidencia o, en todo caso, que se quedara en su puesto. Pero Iván Redondo ya había pedido, al menos tres veces, dejar Moncloa y retomar su vida privada como consultor político. Sin embargo, esas dos personas fueron agriando el tono, hasta el punto de darle a entender que o con Sánchez o contra él.

"Un acto hostil"

Redondo llegó a molestarse, y lo expresó con claridad, explican las fuentes. Recordó que él no milita en el PSOE, que no se ve sometido a esa disciplina, que no cambiaría de opinión. Y que, por su parte, saldría de Moncloa "amablemente". Antes de levantarse, supo que no sería así, y que Sánchez encajaría como "un acto hostil" su negativa. 

Pero algo escamó al todavía jefe de Gabinete... porque había comido el día anterior en Moncloa con el presidente, como cada lunes. Y aquél había sido un almuerzo como otro cualquiera, tal como le había relatado esa misma tarde a uno de sus directores generales.

Sin embargo, Redondo comentó el miércoles a la persona con la que tenía una relación más directa dentro del gabinete que sus interlocutores en la cena del martes parecían haber recibido indicaciones de Sánchez el domingo... antes de esa comida en la que el presidente no dejó entrever tensión alguna.

Sánchez regresó muy tarde el jueves desde Lituania. Y el viernes ni habló con Redondo, que entretuvo con un paseo y un cigarro a Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso, mientras la presidenta madrileña se reunía con el inquilino de Moncloa.

Fuentes del entorno de MAR revelan que fue una cita improvisada, y que el colaborador de Ayuso le hizo algún chascarrillo: "Iván, echas demasiadas horas... yo no llego al despacho hasta media mañana. ¡No hace falta tanto!".

Las confidencias

El sábado de autos, como ya hemos dicho, Sánchez se reunió con Redondo sobre las 10.30 horas, mientras los medios ya empezaban a dar detalles de la crisis de Gobierno. Las fuentes consultadas revelan que la charla, corta, no fue política, sino personal.

Hubo reproches cruzados entre el presidente y su hombre de confianza... A la salida, Redondo se mantuvo hermético ante sus más estrechos colaboradores en el gabinete, pero en algún momento dejó entrever que había sido una conversación muy tensa y que, en todo caso, se fue de allí sin saber ni quién entraba ni quién salía del Ejecutivo.

Quién se lo hubiera dicho: durante dos meses largos, Sánchez lo había incluido en el grupito reducido de cuatro confidentes, junto a Adriana Lastra, Félix Bolaños... y José Luis Ábalos.

Como reveló este diario 48 horas después de la crisis, el presidente había estado desde mayo consultando los cambios con quien era ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE, sin contarle tampoco su salida.

Y es que Ábalos no fue destituido hasta última hora. De hecho, dos días antes, la idea del presidente era llevarlo a Defensa, mover a Margarita Robles a Interior y deshacerse de Fernando Grande-Marlaska. Pero el ministro al que sus colegas consideraban el más quemado ha protagonizado uno de los enigmas de la crisis. Porque ha sobrevivido.

No está claro si fue en ese movimiento o en otro posterior, Sánchez se encontró el viernes con la negativa inesperada del candidato elegido para relevarlo. Y Marlaska se salvó, para estupor de todos, incluso de los sindicatos de la Policía y de las asociaciones de la Guardia Civil.

"Los ángeles de Sánchez"

Pero en los dos meses desde la debacle del 4-M, el presidente había ido elaborando apuntes y consultando sus posibles movimientos con Ábalos, Lastra, Redondo y Bolaños.

En todas las versiones había un denominador común: Sánchez quería "renovar" con mujeres jóvenes y Calvo salía de Moncloa.

La vicepresidenta primera nunca estuvo en los planes del presidente para la segunda parte de la legislatura. Eso encaja con que el 18 de mayo la apartara de la negociación de la ley Trans y la del sólo sí es sícomo reveló este periódico.

Según ha podido saber este periódico en fuentes socialistas, la que hoy es ministra de Educación, Pilar Alegría, fue una idea que manejaba Sánchez desde muy al principio. Lo mismo que Raquel Sánchez, nueva titular de Transportes, que hizo de anfitriona del presidente en la Fiesta de la Rosa, exhibiendo el crecimiento del PSC bajo su mando en Gavà.

Eso explicaría los movimientos que colocaban a Ábalos en otro ministerio. Porque Sánchez había decidido darle a la alcaldesa una cartera con la que pasaría de gestionar los 58 millones del Presupuesto de Gavà a los 16.600 de Transportes. Y muchos irán para inversiones en Cataluña.

El próximo 2 de agosto se reunirá la Comisión bilateral, que tiene pendientes traspasos y obras en El Prat, el puerto de Barcelona, el Corredor Mediterráneo...

Sin embargo, Isabel Rodríguez, ministra portavoz y de Política Territorial, era tan inesperada como ministrable que recibió la noticia en bikini, tomando el sol en Fuengirola. Se incorporó muy al final, en ese plan de "rejuvenecer y feminizar" el Ejecutivo. Lo mismo que Diana Morant. Todas ellas han sido bautizadas en el PSOE como "los ángeles de Sánchez".

Pedro Sánchez, junto al ex secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos. Flickr / PSOE

¿Vuelve el PSOE?

Por el camino, el presidente manejó los nombres de Aina Calvo, actual delegada del Gobierno en Baleares, y de la sevillana Lina Gálvez, hoy diputada en el Parlamento Europeo.

Las fuentes del partido celebran esos nombres, cosidos a las siglas -"Sánchez vuelve a casa, a 2016, cuando recuperó la Secretaría general apoyándose en las bases", apuntan-. Los que culminaron con nombramiento y los que no. Pero en realidad es a otro PSOE al que estaría volviendo, porque de camino se ventiló a Campo, a Calvo y a Ábalos.

Al primero de los tres le tocó el 'sapo' de los indultos, que no quería tragar... y lo defendió casi dando mítines. A la segunda le fue encargado embridar a Irene Montero... hasta que al presidente le convino que la visión queer de la joven triunfara sobre el feminismo clásico de la veterana. Y el tercero asumió culpas de sus colegas y le montó el partido... hasta que Sánchez prefirió otro modelo.

Y es que igual que la vicepresidenta siempre estuvo fuera, Ábalos siempre estuvo dentro. En medio, María Jesús Montero, médico de profesión, anduvo cerca de entrar en un trueque con Carolina Darias, entre Sanidad y Hacienda.

De la misma forma, Bolaños iba a Justicia cuando Sánchez se empeñaba en poner a Redondo en Presidencia... y fue al negarse definitivamente éste que apareció el nombre de Pilar Llop, que nunca había estado en la quiniela.

¿Qué pasó el viernes?

Y es que, entre la mañana y la noche del viernes 9 de julio, algo pasó que cambió todas las listas. Los datos corroborados por este periódico indican que Sánchez habló con Yolanda Díaz -tragando con respetar a los cinco de Unidas Podemos- y con la persona que acabó diciendo "no" a la cartera de Interior. Pero, ¿con quién más habló el presidente para cambiar el dibujo a última hora?

¿Sólo con Bolaños? Las fuentes consultadas confiesan que les falta una pieza del rompecabezas.

Se vio a Isabel Celaá desolada, con sus leyes aprobadas pero a falta de desarrollo. Una de las supervivientes aún afirma "no entender nada". Y tampoco se explica nadie -ni su equipo- el empujón a Miquel Iceta, que se perfilaba como alguien clave para la mesa de negociación con Cataluña.

Únicamente las mentes con más conocimiento de las callosidades cerebrales del presidente han esbozado una explicación a la caída simultánea de Campo, Calvo y Ábalos, los tres ministros con más peso político entre los defenestrados: "Cualquiera que se quedara habría sido señalado como el malo, el estratega maquiavélico, el ganador"

Ese papel se lo quería adjudicar Sánchez a Redondo, apuntan las fuentes. Pero la jugada, finalmente, le habría salido mal, dado que el jefe de Gabinete se empeñó el dejar Moncloa.

Eso explicaría la premura con que los amigos comunes de Sánchez y Redondo adelantaron la cena dos días, la tensión de la conversación en el reservado del restaurante y el "planteamiento Calígula" con que se resolvió todo. Con esa expresión ha bautizado un ministro saliente el proceder del presidente. Calígula fue el emperador que exterminó a familiares y amigos para reinar solo.

Los primeros pasos

Tras una semana fuera, el entorno de Redondo se pregunta por qué Félix Bolaños, el ungido como hombre fuerte del Ejecutivo aludió así al favorito caído: "Los ministerios ni se piden ni se rechazan", dijo al recibir su cartera. Un error, dicen, porque desviaba el foco hacia otro en su día de gloria

También sorprende el "fracaso" del primer martes en la sala de prensa de Moncloa. La nueva portavoz supo sonreír y caer bien a los periodistas, pero no supo esquivar sin enfangarse las cuatro veces que le preguntaron lo mismo: "¿Es Cuba una dictadura?". Nadie le preparó una salida airosa.

Y para rematar, llama la atención "lo flojo que estuvo el presidente con Piqueras", apunta un colaborador cercano. Después de haber visto a la ministra naufragar con Cuba, tampoco Sánchez supo zanjar el asunto en Telecinco. "Cuba no es una democracia, no lo es", se limitó a contestar.

Ahora que el nuevo Gobierno ya ha echado a andar, los observadores cercanos hacen un diagnóstico apresurado: toda la confianza del proyecto ha recaído en la capacidad de Bolaños, demostrada en la sombra y que ahora debe salir a la luz... ya que, en realidad, sólo queda Sánchez y él tendrá que desdoblarse, sin cargo de vicepresidente, para hacerse con el mando de los que sobrevivieron -con más callo- y trazarle estrategias al presidente.

Calígula fue emperador, y el primero que se presentó ante los ciudadanos romanos como un dios. Con apenas tres años, ya acompañaba a su padre a las campañas militares y se calzaba las caligas de los legionarios. Le llamaban, pues, "botitas" al dar sus primeros pasos hacia los libros de Historia... Igual que vivió, murió: apuñalado.

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