Oriol Pujol en el Parlamento autonómico catalán.

Oriol Pujol en el Parlamento autonómico catalán. EFE

Política EL CLAN DE LOS PUJOL

Oriol Pujol: de delfín de la 'Sagrada Familia' a corrupto impune gracias a la Generalitat

El nacionalismo no olvida a los suyos: una condena de dos años por un delito grave de corrupción, y sólo dos meses de cárcel para el hijo de Pujol. 

No importa lo funestas que sean las expectativas para el protagonista: como en las películas más taquilleras de Hollywood, siempre hay un final feliz a la vista para los miembros del clan Pujol en la Cataluña del nacionalismo. Tal y como ha avanzado EL ESPAÑOL, Oriol Pujol, el quinto hijo de Jordi Pujol y Marta Ferrusola, será excarcelado por la Generalidad gracias a una generosa interpretación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario y tras haber cumplido poco más de dos meses de prisión de los dos años y medio a los que fue condenado en julio de 2018 por su implicación en el llamado caso de las ITV.

En la práctica, Oriol Pujol disfrutará de las ventajas de un tercer grado –podrá salir de la cárcel cada día para "trabajar o participar en actividades de voluntariado"– a pesar de estar clasificado en segundo grado. La decisión, por unanimidad, de la Junta de Tratamiento de Brians 1, donde Oriol estaba ingresado, burla la decisión de la juez del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 2 de Cataluña, María José González, que hace sólo una semana revocó, precisamente, la concesión del tercer grado por parte de la misma Junta de Tratamiento de Brians 1. 

El fugaz y muy liviano paso por la cárcel de Oriol Pujol, el único de los hijos del clan que se dedicó a la política, es el último paso de una carrera que apuntaba a mayores logros. En 2013, su nombre corría de boca en boca como el más probable sucesor al frente de Convergència de un Artur Mas que ya anunciaba por aquel entonces su futura retirada tras conducir a los catalanes, como un Moisés del nacionalismo, hasta la tierra prometida de la independencia. A pesar de las sospechas de corrupción que ya pesaban sobre él, Oriol Pujol jamás negó esos rumores.  

El sucesor designado

El nombramiento de Oriol Pujol como sucesor designado de Artur Mas era, además, algo perfectamente coherente con la concepción de Convergència como un partido familiar. Es decir, como una organización en la que cualquiera que ocupara el sillón de mando sin pertenecer al clan de los Pujol debía hacerlo asumiendo su condición de líder de transición a la espera del advenimiento de algún miembro de la familia. En este caso, Oriol Pujol. 

Pero en julio de 2014 las acusaciones de corrupción contra Oriol Pujol rebasaron el límite de lo tolerable y el clan debió reorientar las prioridades, que ya no serían la entronización del vástago designado al frente de Convergència, sino su defensa jurídica. Poco a poco, Oriol Pujol había ido renunciando a sus cargos a lo largo de los últimos meses y con cada una de esas renuncias veía alejarse sus posibilidades de convertirse en el califa en lugar del califa. El último cargo que abandonó, tras el de secretario general de CDC y el de presidente del grupo parlamentario de CiU, fue el de diputado en el Parlamento catalán

Pero la hecatombe definitiva, si no para el clan como tal sí para su ascendencia sobre los catalanes nacionalistas que durante más de treinta años votaron con una lealtad insobornable a la vieja Convergència, llegó con el reconocimiento por parte del patriarca de haber ocultado a la Hacienda española un dinero ubicado en el extranjero y teóricamente procedente de una herencia paterna. No es casualidad que el procés, que hasta ese momento parecía uno más de los periódicos órdagos del nacionalismo catalán destinados a la concesión de una u otra concesión política o financiera, adquiriera velocidad de crucero en ese preciso instante. 

Un fugaz paso por la prisión

El jueves 18 de enero de este año, Oriol Pujol ingresó en prisión para cumplir la exigua condena de dos años y medio a la que fue condenado por el cobro de comisiones ilegales en el caso ITV. Oriol sólo cumplió 57 días de prisión hasta que la Junta de Tratamiento de la cárcel, en una decisión muy difícil de ver en el caso de otros presos menos influyentes, le otorgó el tercer grado. Es decir, un régimen de semilibertad previo a la concesión de la excarcelación total

El resto de la historia es conocido. La juez de Vigilancia Penitenciaria denegó la semana pasada la concesión del tercer grado con argumentos muy contundentes y la Generalidad apenas tardó unas horas en buscar el recoveco legal que permitiera burlar la decisión de la Justicia. El recoveco escogido fue el artículo 100.2, que introduce un criterio de "flexibilidad" en la aplicación de los beneficios penitenciarios y que permite enmascarar como un segundo grado lo que en realidad es un tercero. 

La noticia ha pasado prácticamente desapercibida entre la prensa nacionalista, que da por amortizado a Oriol Pujol y a la que suele incomodar cualquier información que rompa con esa visión del nacionalismo catalán como un movimiento inmaculado propulsado únicamente por personajes con motivaciones angelicales: la democracia, la libertad, el orgullo, la dignidad, la autoestima. Pero que Oriol Pujol no sea el mejor marketing posible para el procés no quiere decir que el nacionalismo olvide a los suyos. A la vista está.