Los doce acusados, frente a los fiscales, los abogados del Estado y la acusación popular.

Los doce acusados, frente a los fiscales, los abogados del Estado y la acusación popular. EFE / Tribunal Supremo Madrid

CRÓNICAS DE UN JUICIO

Mucho "buf" y poco Vox… por el momento

La Fiscalía desmonta los argumentos de las defensas sin demasiado esfuerzo y con notas puntuales de sarcasmo mal recibidas por los familiares de los acusados. 

Durante el segundo día de juicio a los líderes del procés hace su aparición esa fuente del derecho intrínsecamente catalana que es el estado del ánimo del pueblo, representado aquí por los familiares de los acusados. Cuando el fiscal Javier Zaragoza menciona los dos únicos heridos graves del 1 de octubre de los que se tiene constancia, los familiares y acompañantes de los Doce de Cataluña cambian, incómodos, la pierna de apoyo en sus asientos. Se comprende. Llevan año y medio subidos al globo de los mil heridos y el aterrizaje en la eximia cifra de dos ha sido brusco

Cuando Zaragoza detalla, segundos después, que uno de esos dos heridos perdió un ojo tras lanzarle una valla a los agentes de la Policía Nacional, se oye brotar algún que otro "buf" entre el público. ¿Cómo se atreve el fiscal a comparar un ojo con una simple valla lanzada por el pueblo contra el brazo militar de la potencia ocupante? En una hipotética república independiente catalana, esos "buf" habrían sido suficientes para absolver a los acusados de todos los cargos. Pero estamos en el Tribunal Supremo y no cae esa breva. 

Con dos fiscales sobra

Cuando, durante el juicio por el golpe de Estado del 23-F, Antonio Tejero fue preguntado por la hora a la que había recibido equipamiento de comunicaciones desde el exterior del Congreso, el teniente coronel respondió, sarcástico, "la próxima vez que asalte el Congreso tomaré nota de las horas". Y ahí quedó la cosa.

Es una suerte que no van a correr los doce acusados de la causa especial 20907/2017, que han tenido la cortesía de facilitar la tarea de la Fiscalía, la Abogacía del Estado y la acusación popular detallando en mítines, entrevistas, declaraciones oficiales, declaraciones extraoficiales, programas electorales, fotografías, vídeos, manifiestos, soflamas callejeras y hasta mensajes de Twitter todos y cada uno de los pasos que iban a dar, minuto a minuto, hasta la consecución de la independencia de Cataluña. Es decir, hasta el éxito final de ese golpe de Estado por el que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo. 

Allanado el camino por los propios acusados, apenas le lleva dos o tres manotazos a los fiscales Javier Zaragoza y Fidel Cadena ventilar el humo de pajas con el que las defensas han intentado atufar a los magistrados del Tribunal Supremo. Un humo de pajas simbolizado en ese "se han restringido todos los derechos de la Constitución" que el abogado Andreu Van den Eynde esgrimió en la primera sesión poco antes de afirmar, con precisión cuántica, que "todo el mundo, catedráticos, tertulianos de la tele, coinciden en que no hay rebelión".

Para responder a Van den Eynde, Zaragoza saca a colación ese manifiesto de "ciento veinte catedráticos de Derecho Penal que no aprecian delito de rebelión", le pega fuego con la frase "en realidad, y sólo hay que ver la lista, no hay ciento veinte catedráticos de Derecho Penal en toda España" y sopla las cenizas con una segunda frase: "En el manifiesto sólo hay un 15% de esos catedráticos de Derecho Penal y no precisamente los de más prestigio". Nuevos "buf" entre el público. 

Un relato distorsionado de la realidad

La intervención de los fiscales no puede ser calificada con otra término que con el de "sentido común", que parece ser el menos común de los sentidos en la Cataluña nacionalista. Los abogados de la defensa, dice Zaragoza, "pretenden crear un relato distorsionado de la realidad, denuncian la supuesta violación masiva de derechos fundamentales, pretenden sentar en el banquillo al Estado y sostienen que sus clientes están siendo perseguidos por sus ideas, cuando sólo están acusados por sus actos". 

El despropósito de las defensas, que parecen haber renunciado a la defensa jurídica de sus clientes en beneficio de argumentos de tipo político, estrictamente propagandísticos y destinados a los oídos de los magistrados del Tribunal de Estrasburgo, se hace más y más obvio a cada minuto que pasa. Resulta difícil adivinar adónde pretenden llegar los abogados por esa vía frente a un Tribunal para el que la propaganda del procés vomitada a todas horas por TV3 y los medios de comunicación catalanes no llega ni a la categoría de curiosidad antropológica

Tras Zaragoza interviene el fiscal Cadena, que empieza su intervención dándole la bienvenida al constitucionalismo a los acusados: "Invocan los mismos derechos constitucionales que pretendieron derogar. Bienvenidos de vuelta". Cuando Cadena recuerda que ni Segovia es de los segovianos ni Zaragoza de los zaragozanos, ciento cincuenta años de nacionalismo catalán se derrumban con estrépito. Cadena remata con la frase de la jornada: "Lo que se está juzgando no es el genotipo [el independentismo] sino el fenotipo [el golpe de Estado]". 

El lazo de Jordi Sànchez

Al inicio de su intervención, el letrado de Vox Pedro Fernández pide al tribunal que no se le permita a los acusados lucir símbolos políticos "que ofenden a la Justicia", en referencia al lazo amarillo de Jordi Sànchez. Alguien entre el público apostilla "¡ya empezamos!". En realidad, no ha empezado nada porque la intervención del letrado de Vox es breve y menos beligerante de lo que muchos vaticinaban. Entre ellos yo, que me esperaba un Vietnam y me encuentro con una Revolución de los Claveles.

A los pocos segundos, cuando el presidente del tribunal Manuel Marchena fija posición y se apoya en la jurisprudencia europea para negar "cualquier obstáculo" a la exhibición de lazos u otros símbolos políticos, Pedro Fernández se limita a asentir y a seguir con su intervención como si nada hubiera pasado. En Vox, la ley y la autoridad se respetan. ¡Y luego les llaman "exaltados"! 

La explicación oficial a la breve intervención de los abogados de la acusación popular es que Vox no tiene demasiado que añadir a los argumentos de los fiscales y los de la Abogacía del Estado. Una Abogacía del Estado que, por su parte, y emparedada entre la Fiscalía y la acusación popular, se ha limitado a repetir, con otras palabras, los de los primeros. O sea que con dos fiscales bastaba y sobraba para desmontar todos los argumentos de las defensas de los acusados. 

Cuando Marchena da por cerrada la sesión, dos mujeres del público se dirigen hacia la salida y dicen en catalán "los dos fiscales eran absolutamente insoportables". ¿Qué más prueba quiere nadie de la formidable labor jurídica llevada a cabo por Zaragoza y Cadena durante esta segunda sesión del juicio? 

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