Echenique, en una rueda de prensa de Podemos

Echenique, en una rueda de prensa de Podemos Efe

Política LOS SOCIOS DEL GOBIERNO

Podemos pide represalias contra Arabia Saudí pese a las reticencias de Sánchez y Kichi

Pasadas dos semanas del estallido del escándalo internacional sobre la muerte y descuartizamiento del periodista saudí Jamal Khashoggi dentro del consulado de su país en Estambul, por fin Podemos dice "esta boca es mía". El partido morado exige sanciones para Arabia Saudí, pero lo hace por persona interpuesta, Pablo Echenique, -el encargado de la disciplina del partido y sin implicaciones de poder-, mientras Pablo Iglesias continúa en sus labores de vicepresidente de facto negociando Presupuestos con independentistas catalanes y nacionalistas vascos.

El principal socio del Gobierno de Pedro Sánchez callaba por interés mientras trataba de sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado que ha negociado con le Ministerio de Hacienda. Fuentes internas del partido de Iglesias reconocían la semana pasada a EL ESPAÑOL que no era "el momento" para abrir este frente. Entre los morados existía la conciencia de que decir en alto lo que opinaban sobre el asunto habría significado reventar el clima de entendimiento con el Ejecutivo, además de azuzar su división interna, dadas las derivadas de poner en riesgo miles de puestos de trabajo en la ciudad con más desempleo de España, Cádiz, en la que gobiernan.

Y es que Podemos había sido el partido que más claramente quiso colocar a España frente al régimen saudí que dirige plenipotenciariamente el príncipe heredero Mohamed bin Salman (MBS). La semana pasada Noelia Vera esquivaba las críticas a Sánchez por sus reticencias a cortar relaciones y tiraba hacia arriba la polémica señalando al Rey Felipe VI.

Lo hizo no por iniciativa propia de la formación de los círculo, sino sólo cuando este periódico le inquirió una toma de postura en la rueda de prensa posterior al Consejo Político de cada lunes -"es horrible el asesinato de Khashoggi, pero mucho más horrible es la relación de estrecha amistad enttre la Casa Real y la monarquía saudí"-. Ahora ha sido Echenique el que ha salido en Twitter a exigir el fin de la venta de armas de nuestro país a Riad acompañándo su sentencia de una foto de MBS con el Rey durante la visita del príncipe saudí a España el pasado mes de abril.

La explicación a todo este embrollo de intereses políticos que dejan atrás la supuesta defensa de los derechos humanos del Gobierno y sus socios está en el pasado mes de septiembre, cuandp la ministra de Defensa, Margarita Robles, trató de frenar la ejecución de un contrato de venta de 400 bombas láser inteligente acordada dentro del paquete de relaciones comerciales entre ambos países con el anterior Ejecutivo, de Mariano Rajoy.

Esta decisión puso en riesgo casi 6.000 empleos en la bahía de Cádiz, ciudad donde también gobierna Podemos a través de José María González Kichi. Los astilleros de Navantia habían sido los elegidos para construir cinco corbetas para la armada saudí a razón de 2.000 millones de euros, y las autoridades del país árabe dejaron que corriera la especie de que una cosa iba con la otra. Fuentes de la embajada saudí en España explicaron a este periódico que "no tenía sentido ponber en riesgo la relación de dos socios estratégicos por un contrato tan pequeño".

El caso es que entonces Podemos se dividió. Kichi dejó claro que "entre el pan y la paz, elijo lo primero", al tiempo que la maquinaria nacional de Iglesias daba la razón a Robles y exigía cortar relaciones con "una monarquía promotora del terrorismo internacional, de la matanza en Yemen y que no respeta los derecho humanos". Pedro Sánchez se tentó la ropa y se tragó el sapo de desautorizar a su titular de Defensa en una entrevista en La Sexta: "La ministra no ha medido las consecuencias de una decisión así".

Se justificó la rectificación utilizando al jefe de la diplomacia, Josep Borrell, quien explicó públicamente que "revisado el contrato, no hay nada que reprochar, no hay modo de romperlo". Y én Podemos lo dejaron correr. 

Posición tibia

Pero ahora no. España ha mantenido una posición tibia mientras el resto de potencias occidentales han exigido a Arabia Saudí explicaciones creíbles y una investigación independente de la desaparición de Khashoggi, columnista del Washington Post muy crítico con el régimen de su país. Khashoggi entró en el consulado de su país en Estambul el pasado 2 de octubre a tramitar unos papeles para unm atrimonio y nunca más se le vio salir del edificio.

Las autoridades de Turquía, enfrentradas con las saudíes por la influencia sobre el terreno en Oriente Próximo, denunciaron públicamente el presunto asesinato y descuartizamiento del periodista y solicitaron la ayuda de Estados Unidos para sancionar a Riad. Trump prometió "un severo castigo" a su socio principal en la región. Decenas de empresas patrocinadoras y participantes en el foro económico convocado para esta semana en el país -el llamado "Davos del desierto"- declinaron su participación. Los ministros de Exteriores de Reino Unido, Francia y Alemania emitieron un comunicado conjunto advirtiendo al Gobierno de MBS, Berlín suspendió este domingo la venta de armas a Riad... y España calló.

Desde entonces, ninguna fuente oficial de Moncloa ha emitido una sola frase ccrítica con Riad, simplemente Borrell se ha limitado a mostrar su "preocupación" y, cuando las investigaciones avanzaban y Turquía hizo públicos detalles de que Khashoggi habría sido "descuartizado vivo" en las dependencias del consulado por un equipo de agentes secretos saudíes que vaiajaron el mismo día desde Riad a Estambul en dos aviones, el Ejecutivo español mostró su "consternación" ante las revelaciones.

Veinte días después de los hechos, el principal socio de Sánchez lo libera de su responsabilidad en la toma de posición internacional ante un escándalo global, obvia su división interna basada en intereses económicos y, sobre todo, políticos -las elecciones municipales están al avuelta de la esquina-, y exige sanciones contra Arabia Saudí implicando, una vez más, al Rey Felipe VI en el asunto.