Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo de EL ESPAÑOL junto a Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta.

Pedro J. Ramírez, presidente ejecutivo de EL ESPAÑOL junto a Cruz Sánchez de Lara, vicepresidenta. Javier Carbajal.

España

El blues del autobús: El Español celebra su tercer año de liderazgo consecutivo

El formato es ya una tradición: hay autobuses de Madrid que tienen publicidad de EL ESPAÑOL y hemos reservado uno para hacernos la foto de familia.

Más información: El Español, líder total en 2025: único diario que supera los 19M promedio en usuarios al mes y los 3M diarios

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Las claves

EL ESPAÑOL celebra su tercer año consecutivo como líder en audiencia, superando los 19 millones de usuarios mensuales y más de 3 millones diarios.

La redacción del periódico organizó una celebración en la glorieta de Canalejas, subiendo y bajando de un autobús decorado con la publicidad del diario.

El décimo aniversario de EL ESPAÑOL sigue siendo motivo de festejo entre los empleados, que recuerdan anécdotas y el considerable crecimiento del equipo.

El ambiente en la redacción se caracteriza por la diversidad, el sentido del humor y el espíritu de camaradería, reflejando el éxito y la expansión del medio.

Debe de ir muy bien el periódico. El responsable de Audiencias cree en Dios, el director hace tiempo que no se pone su abrigo de fusilar –piel negra acolchada con plumas en la capucha– y casi toda la redacción se ha plantado en la glorieta de Canalejas para bailar el blues del autobús… siendo una convocatoria no imperativa.

El formato es sencillo, ya una tradición: hay autobuses de Madrid, los azules, que tienen publicidad de EL ESPAÑOL a la espalda. Hemos secuestrado uno. Se trata de subir y bajar sonriendo mucho, como si en vez de periodistas fuéramos ingenieros.

“Tranquilo, tú déjate grabar”. Y aquí estamos, escribiendo, dejándonos grabar.

De zarpazo en zarpazo: el autobús del liderazgo

El teletrabajo tiene sus efectos secundarios. A algunos, cuando el conductor dice en broma que, ya que estamos, pone rumbo al periódico, casi nos da un infarto. Pero estamos muchos, redactores presentes y ausentes, reunidos para felicitarnos el décimo aniversario.

A los del teletrabajo se les distingue fácil, como a los honestos en el Madrid de la República: barba y tres kilos menos.

–¡Felicidades, amigo!

–Joder, ¿otra vez? Y dale con el décimo aniversario.

–Ven, dame un abrazo, que nos están grabando.

Con el décimo aniversario de EL ESPAÑOL ocurre como con el año nuevo. Nos lo seguimos felicitando, aunque hayan pasado dos o tres meses. Y con el liderazgo en el medidor oficial, ocurre como con las Champions del Madrid: se celebran todas a la vez todo el tiempo.

Parte de la redacción de EL ESPAÑOL con Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara al frente.

Parte de la redacción de EL ESPAÑOL con Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara al frente. Javier Carbajal

EL ESPAÑOL se ha ido de las manos. La dirección trabaja estilo Trump. Van por ahí abriendo delegaciones y comprando medios con inusitada voracidad. Yo no les doy mi domicilio ni en el contrato por si me abren una oficina en casa.

Sólo les falta, nos falta, Groenlandia. Si el periódico tiene un defecto importante, es que no hay manera de leerlo entero. Ahora también somos expertos en mascotas.

Qué pena. Cómo me he acordado de aquel chow chow, creo que ya muerto, que correteaba por la redacción en los días dorados del estreno. El primero de nuestros caídos.

La mejor prueba del crecimiento del periódico es que hay muchísima gente que no me suena; igual que noto que saludo y muchos piensan que soy un voluntario de Intermón Oxfam.

Voy abrazando a hombres y mujeres cerca del autobús, junto a la puerta del Four Seasons, hasta que me doy cuenta de que muchos me responden en inglés y en alemán.

Lo mismo pasa con el organigrama, que no entra en siete pizarras. Creo que ha habido cambios. Me lo explican un par de compañeros cuando ya estamos apelotonados en el autobús. No entiendo nada; y eso que aquí los nombres de los cargos se ponen todavía en castellano.

Qué rostros, qué frentes marchitas, menudo tango el que vamos bailando. Dice Carbajal, el jefe de Fotografía, que hay que repetir. Subimos, bajamos, volvemos a subir. Somos el tango de Gardel. ¿Qué haremos, si estamos ahora así, cuando el periódico cumpla veinte años que no son nada?

Nos hemos ido haciendo todos mayores. Nos miramos por el rabillo del ojo. Las canas, los hijos dejados en alguna parte, las relaciones rotas, las relaciones nuevas, el roce esporádico, los divorcios, los segundos matrimonios, las hipotecas, los libros publicados, las investigaciones exitosas y las investigaciones fallidas.

Cada vez hay más gente que sale en la tele, más gente que habla por la radio, más gente que gana premios, más premios organizados por nosotros mismos… Este año tengo la esperanza de que, con lo mal que va el Madrid, le demos el premio de deportes a alguien que no sea el Madrid o no sea del Madrid.

Quizá la cosa no sea para tanto, pero las americanas rosas de Alberto Prieto y sus abrigos estilo George Harrison cunden mucho. Eso es como aparecer en la tele treinta veces en un día.

Miembros de la redacción de EL ESPAÑOL subiendo al autobús del diario líder de la prensa española.

Miembros de la redacción de EL ESPAÑOL subiendo al autobús del diario líder de la prensa española. Javier Carbajal

Volvemos a subir al autobús. Volvemos a bajar. Reina un poco el desconcierto. Parecemos una coalición. Menos mal que está Carbajal. Subido a una especie de balcón del Four Seasons, ordenándonos con las manos como si dirigiera el concierto de Año Nuevo.

Aprovecho para apartarme y mirar. Recuerdo que, en los primeros días, íbamos por la redacción en un patinete eléctrico de todo el espacio que había. Ahora tenemos que hacernos la foto en la calle, y no entramos en el autobús. No entramos en la acera. Qué rica está la gripe.

–¿Te acuerdas de lo de aquel presidente?

–No.

–Llamaste pidiendo una entrevista para EL ESPAÑOL y pensaron que llamabas de Barcelona, del equipo de fútbol.

Camba tenía razón. Los periódicos se escriben solos. Llegan las alertas a la app. ¡Pero si estamos todos aquí! ¡Quién coño está escribiendo el periódico!

Puede que aquellos ladrones, que entraron en la redacción una tarde y se llevaron los mejores ordenadores, los de los despachos. Sí, ese fue el día que el periódico se hizo mayor.

Sólo en un lugar consolidado, grande, te pueden entrar dos tíos en plena hora del cierre, ir saludando por ahí a los redactores, que piensan que son otros redactores, entrar en los despachos, coger los ordenadores y pirarse.

Autobús con la campaña promocional de EL ESPAÑOL.

Autobús con la campaña promocional de EL ESPAÑOL. Javier Carbajal

Pregunto a la IA por nuestra andadura; la de esta multitud de pirados que trata de colocarse en el marco. Dentro del dúplex de Juan Carlos y Corinna en Suiza, la red para evadir impuestos de Juan Carlos, la fortuna oculta de Jordi Pujol, los manuscritos de Rato para burlar a la justicia, los pagos de Bárcenas en Suiza, el Supremo inclinándose por permitir la exhumación de Franco, los mensajes desvelando el reparto de los jueces, las grabaciones de los Koldos…

–¡Tú! Al autobús.

–Un momento, que estaba mirando…

–¡Al autobús, coñe ya!

El periódico será más grande –maldigo entre codazos y abrazos con desconocidos–, pero en el fondo siempre hacemos lo mismo. Y no, no me refiero a eso del periodismo combativo, libre, independiente… todas esas cosas que serigrafiaron hasta en las paredes acristaladas de la redacción.

Me refiero, simplemente, a pasárnoslo muy bien.