Haidar Ali Moracho fotografiado antes de su entrevista con ENCLAVE ODS.

Haidar Ali Moracho fotografiado antes de su entrevista con ENCLAVE ODS. Javier Carbajal

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Memorias de un cautiverio en Irak y la mirada de Haidar Moracho a un espejo entre dos mundos: "Quería hacer justicia"

El joven recoge en su primer libro el secuestro al que le sometió su padre en el país árabe cuando era solo un niño.

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La última vez que Haidar Ali Moracho (Madrid, 28 años) vio a su padre fue en 2009, en Irak, donde había vivido con él desde 2006 contra su voluntad. El día que se despidieron, tras un largo juicio, fue cuando su madre logró traerle de vuelta a España

Tras la separación de sus padres, su progenitor le llevó a la nación árabe –de la que es originario– aprovechando una visita de fin de semana. Le dijo que eran unas vacaciones para que pudiera conocer su cultura y a toda la familia que allí le esperaba.

Una noticia que a Haidar le hizo mucha ilusión en un principio, pero que se volvió oscura al poco de dejar Madrid, donde residían. A pesar de su corta edad –tenía solo 8 años– no tardó mucho en darse cuenta de que algo no iba bien.

La señal principal fue que su padre no le dejó comunicarse con su madre hasta que estuvieron en Bagdad, la capital iraquí. Aún no lo sabía, pero lo que tenía por delante no eran unos días en familia.

Le esperaban tres años en una cultura completamente nueva con un idioma que no dominaba, pero que acabaría desplazando a su español nativo. En cuestión de horas todo cambió en su vida: los hábitos, las costumbres, la comida, la lengua, pero hubo algo que mantuvo inmutable. El deseo de regresar con su madre.

Ahora ha plasmado esta historia, su historia, en el libro El espejo de dos mundos: Memorias de mi cautiverio en Iraq y de mi liberación (Libros del K.O., 2026).

Un proceso compartido

En este proceso, Haidar no ha estado solo. Le ha acompañado Cory Ibáñez (Madrid, 31 años), su pareja e ilustrador de la obra. Se conocen desde 2010 y son pareja desde hace 15 años, por lo que para ellos esta colaboración ha sido un paso más. "Hemos plasmado nuestra convivencia en estas páginas", reconocen.

Haidar tenía claro que no quería vivir esto con ninguna otra persona y Cory relata cómo el hecho de ser conocedor de toda su historia desde hace años le ha ayudado en el proceso artístico. "Le ha dado la esencia que yo esperaba", dice contento el autor.

El trabajo conjunto también les ha ayudado a ambos a reconocer mejor al niño que vivió aquel cautiverio en Irak.

Ahora que lo han podido ver desde la distancia y la madurez que dan los años, Haidar le lanza a ese pequeño un mensaje de comprensión y valora su capacidad de adaptación. "Es lo mejor, aunque sea difícil. Si estás yendo todo el día en contra de la situación, lo pasas mucho peor".

Haidar Moracho y Cory Ibañez ojean libros en un puesto en la calle.

Haidar Moracho y Cory Ibañez ojean libros en un puesto en la calle. Javier Carbajal

Eso sí, reconoce que no es algo que pueda hacer cualquiera. Su experiencia, sus circunstancias, fueron, en cierta manera, especiales. A pesar del cautiverio, tenía un padre "que estaba presente, se preocupó y que me ha dado todo lo que podía y más".

Precisamente por eso, lo más traumático para él no fue estar lejos de España o de toda su familia aquí. Fue darse cuenta de que su padre había sido una figura de confianza que le había fallado estrepitosamente.

"Cuando te das cuenta de que te han mentido y que se ha aprovechado de tu inocencia para llevarte a otro sitio, es una decepción muy grande", expone.

Por su parte, Cory tiene claro que si pudiera hablar con aquel pequeño Haidar le animaría a hablar sin vergüenza ni miedo. "A manifestar lo que le gusta y decir que no". Algo que, como el propio autor cuenta en el libro, le costaba mucho entonces.

Su verdad

Hace 20 años, cuando todo empezó, los medios de comunicación se llenaron de noticias y reportajes sobre lo que le había ocurrido a Haidar y la lucha de su madre para traerle de vuelta.

Lo mismo cuando regresó a España. Incluso, se han publicado libros. Todos habían hablado de lo que le ocurrió menos él.

Por eso comenzó este proceso literario, porque, por primera vez, quería ser él quien contara su historia, la verdad de lo que vivió durante esos tres años. Una experiencia "bastante catártica" que le ha permitido adentrarse en esos recuerdos y reflexionar sobre todo lo que vivió.

Un ejercicio con el que ha podido "poner las cosas en la balanza y sacar lo bueno y lo malo de la experiencia" porque, cuando regresó a España, no tuvo la oportunidad de hablar con un psicólogo.

"Me ha servido para asegurarme de que realmente había pasado porque se había quedado como una pesadilla, como un sueño lejano", recoge en conversación con ENCLAVE ODS. Lo que más choca cuando uno comienza a recorrer sus páginas es que no se trata de un relato oscuro y traumático.

Por supuesto, Haidar no oculta los momentos de malestar, en los que llega, incluso, a rechazar las llamadas telefónicas de su madre por el sufrimiento que le provocaba tenerla lejos. No obstante, también refleja a un padre y una familia cariñosos, sus días en el colegio y las tardes de juegos con sus primos.

Haidar y Cory posan en el edificio donde se encuentra la editorial Libros del K.O.

Haidar y Cory posan en el edificio donde se encuentra la editorial Libros del K.O. JavierCarbajal

La comida, la cultura y la lengua son las tres cosas que más añora. De hecho, el libro es también una reivindicación, sobre todo, de la segunda. Cuando se habla de Irak desde Occidente solo se centran en el conflicto y se olvidan por completo del factor humano, del factor cultural que es indudable".

El joven recuerda que esta nación fue la cuna de civilizaciones antiguas, como Babilonia o Sumeria, algo que hoy en día parece que ha desaparecido del imaginario colectivo, lamenta. Ahora se relaciona automáticamente con el conflicto, "pero nadie piensa qué puede ofrecer el iraquí más allá de eso".

Satisfecho, Haidar considera que su obra también ha servido para "hacer justicia" a él y a su padre, que llegó a ser tachado de talibán y fundamentalista por algunos medios durante aquellos años. Algo que no se corresponde con la realidad reflejada entre las páginas de estas memorias.

Transición

Durante el relato, el lector puede ver algo que, quizá, parezca un poco desconcertante. Haidar habla de sí mismo en masculino, pero recoge cómo su familia lo hace en femenino y se refieren a él como Sara.

Esto se debe a que es un chico trans. En 2010 comenzó a dudar de su género asignado y encontró en Cory alguien que no solo se sentía como él, sino que fue "un referente".

Como el propio autor reconoce en su obra, compartir este proceso con su pareja –entonces solo era su amigo– le ayudó a ver que ni estaba solo en el mundo ni estaba loco. Curiosamente, él también lo fue para Cory cuando inició el proceso de hormonación y todos los trámites burocráticos para cambiar su documentación.

Haidar cuenta que la cultura de su padre y su inmersión durante tres años en Irak, donde el colectivo LGTBIQ+ es severamente perseguido, no le han influido. "Me daba más miedo la reacción de mi familia en España", indica. Afortunadamente, casi todos le apoyan enormemente.

Sin embargo, sí que lamenta que su identidad ha sido motivo para perder el poco contacto que le quedaba con su padre y su familia iraquí. No le aceptan y su propio progenitor le ha repudiado, como cuenta en el libro. Entre las páginas, incluso, le reprocha que haya antepuesto la religión a su hijo.

Con todo, no se arrepiente, ni por asomo, de quién es y de las decisiones que ha tomado para llegar hasta aquí. "A un menor trans le diría que priorice a la gente que le apoye desde el primer momento y no sacralice las relaciones familiares".

Le gustaría volver a Irak. No tanto para visitar a sus familiares, a los que da por perdidos, sino para volver a conectar con la cultura de la nación árabe. "El país se está reconstruyendo y tiene mucho que ofrecer".

Sin embargo, sabe que el hecho de ser una persona trans lo complica, ya que está penalizado por ley. Aun así, no descarta poder hacerlo, quizá, algún día.

De momento, él y Cory se conforman con remover alguna conciencia y, a lo mejor, ayudar a alguien que, como ellos, se sienta perdido y no se explique muy bien qué le ocurre. "Si conseguimos cambiar la vida de alguien, con eso ya me sirve", apunta el ilustrador.

Parece que lo están logrando. Han estado en una de las casetas de esta última Feria del Libro de Madrid y una chica de Sevilla llegó desde la capital andaluza únicamente para conseguir su firma. Inmediatamente después volvió a su ciudad. "En ese momento vimos que había merecido la pena".