'Almas comunes' reúne 11 canciones inéditas compuestas entre La Habana, Madrid y Asturias durante los últimos años.

'Almas comunes' reúne 11 canciones inéditas compuestas entre La Habana, Madrid y Asturias durante los últimos años. Cedida

Referentes

La cantautora cubana Liuba María Hevia presenta su última obra: "La nostalgia se hereda, como también lo hace el amor"

La artista presenta en Madrid 'Almas comunes', un álbum que recorre la memoria, la identidad, Cuba, Asturias y los afectos perennes en la distancia.

Más información: La cantante Clara Montes sobre la poesía para concienciar: "Si vas envolviéndolos con la belleza es mucho más fácil"

Publicada

Escuché muchas veces a Liuba María Hevia durante mis años en la Universidad de La Habana. Eran tiempos en los que una canción podía explicar lo que sucedía en la calle o, al menos, ayudarnos a soportarlo.

Nunca imaginé que, varias décadas después, acabaríamos conversando en Madrid. Pero la capital tiene esa magia: pliega la distancia, convierte el Paseo del Prado en un puente transatlántico y reúne a dos cubanos cuando la casualidad ya parecía haber perdido sus papeles.

Hevia comenzó a tocar la guitarra siendo una niña y entró en la Nueva Trova con apenas 18 años. Desde entonces ha levantado una obra donde conviven la guajira y la música de cámara, la habanera y el son, la canción infantil y esa otra música destinada a los adultos que aún conservan alguna herida de la infancia.

Ahora presenta Almas comunes, su vigésimo sexto álbum: 11 canciones nacidas entre La Habana, Madrid y Asturias. El disco se dará a conocer el sábado 19 de septiembre, a las ocho de la tarde, en la Cátedra Mayor del Ateneo de Madrid.

Debo confesar que he reducido la conversación a diez preguntas porque todo encuentro respetable merece un decálogo. Su álbum, sin embargo, contiene 11 canciones. Muy cubanamente, Hevia ha empezado por desobedecer la aritmética.

Pregunta: Hevia, la escuchaba cuando estudiaba en la Universidad de La Habana. Usted cantaba y yo intentaba convertirme en científico, dos actividades que entonces parecían igual de improbables. Nunca pensé que terminaríamos sentados en Madrid hablando de la memoria, liderazgo femenino, Cuba y un disco nuevo. Si pudiera contarle esta escena a la muchacha de 18 años que entró en la Nueva Trova, ¿se la creería o pensaría que le estamos haciendo un cuento?

Respuesta: ¡Qué va! Creo que aquella muchacha primero se reiría y pensaría que le estamos haciendo un cuento. Aunque, pensándolo bien, a los 18 años una está bastante dispuesta a creer en lo imposible.Yo quería cantar, hacer canciones, aprender. Tenía una guitarra y una cantidad enorme de sueños, pero ¿cómo iba a imaginar todo lo que vendría después?

Los países, los escenarios, las personas maravillosas que he conocido gracias a la música, las pérdidas también, porque la vida trae el equipaje completo. Y ahora Madrid, tú y yo hablando de aquellos años en La Habana... Es realmente especial.

Si pudiera encontrarme con aquella muchacha le diría: "Sigue. Toca la guitarra, escribe, equivócate, aprende y no pierdas la capacidad de asombro en esta segunda infancia". Y quizá otra cosa: "Cuida a la gente que quieres".

Con los años una descubre que eso era mucho más importante de lo que imaginaba. También te confieso que de muchos modos sigo siendo aquella muchacha, porque la edad del rostro ante el espejo no es precisamente la del alma.

P.: El título Almas comunes contiene una provocación. Vivimos obsesionados con ser excepcionales y usted reivindica lo común, aquello que nos hermana y nos vuelve reconocibles. ¿De dónde nació el nombre del disco y qué une, en lo más profundo, estas 11 canciones?

R.: Es que a mí lo 'común' me parece extraordinario. Ahí empieza todo. Nos empeñamos mucho en diferenciarnos y después resulta que nos enamoramos, extrañamos, tenemos miedo, perdemos a alguien, recordamos la infancia, queremos volver a una casa, nos desvela un hijo, una madre, un país... y en esas cosas terminamos pareciéndonos muchísimo.

Las canciones no nacieron pensando: "Voy a hacer un disco que se llame Almas comunes". Eso habría sido demasiado ordenado para mí (risas). Fueron apareciendo. Y un día entendí que estaban conversando entre ellas.

En este disco están el amor, la patria, la infancia, la familia, los desvelos, la nostalgia, la alegría, la esperanza, que, sin proponérmelo, es como mi brújula en este duro y maravilloso viaje. Está mucho de lo que hoy habita mi mundo. Pero no quería que fueran solamente 'mis' historias.

Una canción empieza a ser realmente canción cuando alguien la escucha y dice: "Esto también me pasó a mí". Ahí están las almas comunes. No porque seamos iguales, sino porque, por debajo de todas nuestras diferencias, hay emociones que nos reconocen.

Liuba María Hevia presentará el disco el 19 de septiembre en el Ateneo de Madrid.

Liuba María Hevia presentará el disco el 19 de septiembre en el Ateneo de Madrid. Cedida

P.: En el álbum aparecen la guitarra, el tres, el laúd, el violín, el chelo y la percusión; pero también resuenan la trova, el Caribe, el blues, el country, Asturias y la música de cámara. Esa mezcla podría convertirse fácilmente en una romería con exceso de invitados y, sin embargo, en su obra suele sonar como una misma sangre. ¿Cómo construyó la identidad musical del disco y qué sonoridad le sorprendió incluso a usted durante la grabación?

R.: Bueno, primero intentamos que la romería no se nos fuera de las manos (risas). Nunca he sabido ponerle demasiadas fronteras a la música. Me gusta diseñar los formatos de cada uno de mis discos, definir los colores que distingan cada álbum, claro, hay colores que nos definen, en mi caso es notoria la presencia de las cuerdas frotadas y sin dudas la guitarra en sus múltiples maneras, también el tres, el laúd, un bajo, el cuatro, etc.

Creo que toda esta inquietud tiene mucho que ver con la fortuna de haber crecido en un hogar lleno de música, con una madre melómana y un padre también enamorado de cuanto género se moviera a su alrededor.

Tengo dentro la trova y todos los géneros en los que puede reconocerse, la habanera, el son, la guajira... en el transcurrir de la vida te vas implicando en otros sonidos y, si te emocionan, ¿por qué no llevarlos a esa casa que es tu nuevo álbum?

Eso sí: para concebir los instrumentos que van a componer un nuevo trabajo, me remito a las canciones, ellas son siempre la prioridad, ellas mandan, tienen la última palabra. Los arreglos tienen que acompañar la canción, no son el motivo del hecho artístico, son una consecuencia de la obra, deben ser cómplices de las canciones, abrigo y guarida, distinguiendo el carácter de cada una.

He tenido la dicha de tener una vez más, arreglistas de lujo, ellos fueron Miguel Núñez, Pepe Ordas, Christopher Simpson, Arnulfo Guerra. La producción musical siempre la trabajo en equipo, me acompañaron haciendo equipo, el joven y talentoso violinista Christopher Simpson, y Javier Monteverde, a quien sumé al equipo por su certera implicación en mis canciones, pero, además, Javier ha sido el ingeniero que ha grabado, mezclado y masterizado el álbum con especial acierto y delicadeza.

Almas comunes lo conforman 11 canciones inéditas, creadas en los últimos tres-cuatro años entre Madrid, Asturias y La Habana. Y, por cierto, una de las canciones se llama 'Entre Madrid y la Habana' y en esta he tenido el privilegio y el placer de contar por segunda vez, con la inmensa Ana Belén.

P.: El 19 de septiembre presenta Almas comunes en la Cátedra Mayor del Ateneo de Madrid, una casa hecha para la palabra, la discusión y cierta saludable irreverencia. ¿Qué sucederá esa noche, quiénes le acompañarán y por qué debemos acudir al Ateneo en lugar de quedarnos oyendo el disco, muy cómodos y bastante menos elegantes, desde el sofá?

R.: El sofá tiene muchas virtudes, no vamos ahora a subestimarlo. Pero hay algo que el sofá todavía no sabe hacer: respirar contigo. Un concierto es irrepetible. Puedes tocar una canción cientos de veces y una noche sucede algo diferente. Un silencio del público, una mirada entre los músicos, alguien que respira justo cuando terminas una frase... y la canción cambia.

Y presentar Almas comunes en el Ateneo de Madrid me emociona especialmente. Es una casa donde la palabra tiene historia. Han pasado por allí tantas voces, tantas ideas, tantas discusiones, tanta cultura, he postergado mi presencia en ese lugar, esperando el nacimiento de una nueva producción, para estrenar allí algunos temas...

Llegar al Ateneo será la oportunidad de llevar, además, canciones emblemáticas de mi repertorio a ese espacio, eso me produce muchísimo respeto y también una alegría enorme. Estaré acompañada por cuatro excelentes músicos cubanos: Eilyn Marquetti (percusión) José Ernesto Hermida (bajo) Christopher Simpson (violín) y Yabrán Rivero (tres y guitarra).

El disco pueden escucharlo después en casa todas las veces que quieran. Pero lo que suceda esa noche, sucede una sola vez. Así que el sofá puede esperar.

P.: Una de las canciones se titula 'Entre Madrid y La Habana' y otra, 'Asturias, bendito sea el amor'. Su abuelo Eloy salió de Asturias rumbo a Cuba y terminó convirtiéndose en tu 'primera escuela' y en el origen de 'Con los hilos de la luna'. Ahora recorre el viaje en sentido contrario. ¿Siente que está regresando a un lugar donde nunca había vivido, pero que ya formaba parte de usted? ¿Puede heredarse la nostalgia?

R.: Sí. Absolutamente. Mi abuelo Eloy llevó Asturias a Cuba. La llevó dentro. En sus recuerdos, en su manera de hablar, en las historias que contaba, en sus costumbres. Y yo recibí todo eso siendo una niña, sin saber todavía hasta qué punto iba a acompañarme.

Mi abuelo fue mi primera escuela. Eso no es una frase bonita: en varios aspectos fue así. Mucho antes de conocer Asturias yo ya tenía una Asturias dentro, construida con los recuerdos de mi abuelo, pude verla desde sus ojos. Por eso, cuando llegué, me ocurrió algo muy extraño y hermoso: estaba descubriendo un lugar y reconociéndolo al mismo tiempo.

Hay paisajes que uno ve por primera vez y, sin embargo, algo dentro dice: "Yo esto lo conozco". ¿De dónde? No lo sé. Quizá de haberlo escuchado tantas veces. Quizá del amor con que te lo contaron. Así que sí, creo que la nostalgia se hereda. Como también se hereda el amor.

'Con los hilos de la luna' tiene mucho que ver con ese abuelo y con aquella niña. 'Asturias, bendito sea el amor' nace muchos años después, cuando ya puedo mirar esa historia desde la otra orilla.

Él hizo el viaje de Asturias a Cuba. Yo he hecho el camino contrario. Y mira qué cosa: al final nos hemos encontrado en una canción. Y por cierto en este tema tuve la colaboración de Marisa Valle Roso, una voz mágica que resume la esencia de Asturias, y también del amigo, 'primo', Hevia, el gaitero más importante a mi juicio de Asturias.

P.: Los cubanos hemos gastado muchas palabras intentando explicar por qué nos vamos de la Isla Metafórica —es decir, de Cuba—: emigración, exilio, destierro, diáspora, partida. Ninguna alcanza y todas duelen un poco. Usted vive entre Cuba y España y ha dicho que los artistas no pertenecen únicamente al país donde nacieron. ¿Con cuál de esas palabras nombra su viaje? ¿Qué parte de la patria cabe en una guitarra y cuál se queda irremediablemente en la otra orilla?

R.: Mira, yo no sé si tengo una palabra para nombrarlo. Y quizá ya no la necesito. Cada cubano tiene una historia diferente. Hay quien se fue, quien tuvo que irse, quien quiere regresar, quien no puede, quien vive mirando hacia allá, quien intenta construir una vida nueva sin dejar de pensar en la anterior. ¿Cómo metemos todo eso dentro de una sola palabra?

Yo soy cubana. Profundamente cubana. Vivir también en España no me ha quitado un centímetro de Cuba. Eso no funciona así.

Cuba viaja conmigo. Está en mi guitarra, en mi manera de reconstruir mi vida, mi canción, en mi sentido del humor, en mis afectos, en mi memoria. Y al mismo tiempo España forma parte ya de mi vida. Asturias se me ha ido metiendo dentro de una manera muy profunda y Madrid es también un lugar de encuentros, de trabajo, de amigos, de presente.

Con los años he entendido que querer una tierra no obliga a dejar de querer otra, que no dejas de estar en el suelo amado, aunque tus pies no lo pisen siempre. El corazón, por suerte, no funciona con aduanas. Me encantará que escuches el single de este disco: 'Amada tierra mía', creo que resume la esencia de lo que te expreso aquí.

¿Qué cabe de la patria en una guitarra? Muchísimo. Tal vez casi todo. Pero no todo. Hay un olor, una esquina, una voz que ya no está, la luz de una determinada hora, un gesto, una conversación en la cocina... cosas que no caben ni siquiera en una canción. Y quizá por eso escribimos canciones: para traerlas, caminar de su mano.

La cantautora habla de su vínculo con ambos países y asegura que Cuba viaja con ella.

La cantautora habla de su vínculo con ambos países y asegura que Cuba "viaja" con ella. Cedida

P.: Llegó a una Nueva Trova poblada y narrada sobre todo por hombres. Después vino Alma creadora para rescatar la obra de las mujeres que le precedieron y acompañar a las que vienen detrás. Ha dirigido músicos, proyectos y su propia carrera sin adoptar la gesticulación aparatosa que tantas veces se confunde con autoridad. ¿Qué significa para usted liderar? ¿Se puede ejercer el liderazgo desde la ternura sin que nadie la confunda con debilidad?

R.: Claro que sí. La ternura no tiene nada que ver con la debilidad. A veces hace falta ser muy fuerte para conservarla.

Yo entré muy joven en un mundo donde la mayoría de los referentes visibles eran hombres. Había mujeres extraordinarias, Teresita, Sara, Miriam, por supuesto, pero muchas veces sus historias no estaban contadas con la misma fuerza.

Alma creadora nace también de esa necesidad de mirar atrás y decir: "Un momento, ellas estaban aquí. Ellas fundaron este camino y nosotras debemos dar continuidad". Hoy yo soy más defensora del concepto trova, creo que aquí se resume lo que unos y otros han hecho, Prefiero sentirme parte de la trova cubana, la que pertenece a todos los tiempos.

¿Liderar? Para mí tiene mucho que ver con saber qué quieres, trabajar muchísimo y escuchar. He dirigido a músicos extraordinarios y sería bastante absurdo pensar que dirigirlos consiste en decirles todo el tiempo lo que tienen que hacer. Cuando tienes delante a un gran músico, también tienes que permitir que aflore su grandeza y realización.

Eso no significa que yo no sea exigente. Lo soy. Mucho. Sé cuándo algo no me convence y puedo defender una idea hasta el final. Pero no necesito maltratar a nadie para demostrar que sé lo que quiero. Se puede decir «no» con respeto. Se puede exigir cuidando. Se puede dirigir escuchando. Y si alguien confunde ternura con debilidad, bueno... ese ya es un problema suyo.

P.: Las cubanas han sostenido casas, hijos, padres, escaseces, apagones y despedidas; muchas han cuidado además a la familia que se quedó en la isla desde una habitación alquilada en Madrid, Miami o cualquier otra ciudad. Usted lleva más de tres décadas cantando en hospitales, barrios y hogares infantiles. ¿De dónde ha sacado la fuerza para cuidar mientras creaba? ¿Cómo se conserva la ternura cuando la vida pretende convertirla en otra obligación doméstica?

R.: No sé si siempre tengo fuerza. Hay días en que una tiene fuerza y otros en que simplemente hace lo que puede. Y eso también hay que decirlo.

He conocido mujeres extraordinarias que han sostenido mundos enteros casi sin que nadie se diera cuenta. Siento un respeto infinito por la mujer cubana, por el pueblo cubano, ese pueblo, y sobre todo el más humilde y vulnerable, que pese a todo lo que dices y es verdad, es capaz de sobrevivir y no perder la esperanza de que un día la vida no sea un sacrificio, sino un camino por el que podamos transitar todos los cubanos, pensemos como pensemos y vivamos donde vivamos. Mi pueblo merece eso.

Yo sostengo ese trabajo social, porque me siento viva, porque es lo que dicta mi corazón, lo poco que puedo hacer por la gente de a pie, que es para mí, la verdadera Cuba, de esa gente he recibido muchísimo más de lo que he dado. Lo aprendí cantando para niños, para los ancianos, en hospitales, en barrios, en lugares donde a veces llegaba pensando que llevaba una canción y terminaba regresando con una lección. Más de una vez he dicho que los países son de su pueblo, no de los gobernantes.

Una canción no cura una enfermedad. Yo nunca diría eso. Pero acompaña. Y hay momentos en la vida en que sentirse acompañado es enorme. La creación también me ha cuidado a mí. La guitarra ha sido muchas veces mi refugio. He escrito canciones para entender cosas que no sabía y aún no sé explicarme de otra manera.

¿Cómo conservar la ternura? No sé si tengo una fórmula. Tal vez recordando que endurecerse no siempre nos hace más fuertes. Yo prefiero seguir emocionándome, aunque a veces duela.

P.: Una de las piezas del nuevo álbum se llama 'A pesar del poder'. Cuba atraviesa una situación insoportable: apagones interminables, falta de alimentos y medicinas, hospitales exhaustos, familias partidas y ciudadanos encarcelados por disentir. A esa realidad se añade una presión exterior que suele descargar su peso sobre la gente común. Después del 11 de julio rechazó públicamente el uso de la fuerza y, en 2025, cantó a Violeta Parra en apoyo de los estudiantes cubanos. ¿Qué responsabilidad tiene hoy un artista ante su país? ¿En qué momento la prudencia deja de ser prudencia y comienza a parecerse demasiado al silencio?

R.: Esta es una pregunta difícil, porque cuando hablamos de Cuba no hablo de una idea. Hablo de mi país. Hablo de personas que quiero. Hablo del pueblo. Y Cuba está sufriendo. Mucho.

Detrás de las cifras, de los discursos y de todas las explicaciones políticas hay personas intentando vivir. Hay familias separadas, jóvenes que no encuentran un horizonte, personas mayores atravesando enormes dificultades, madres haciendo milagros todos los días. Eso duele. Y a mí me duele.

Creo profundamente en la dignidad de las personas, en su derecho a expresarse con libertad y en que la violencia nunca puede ser la respuesta frente a quien piensa diferente. Estoy en contra de que existan presos políticos, solo por disentir, ni en Cuba, ni en ningún lugar del planeta, eso es un horror y una vergüenza.

¿Dónde termina la prudencia y comienza el silencio? Eso cada uno tendrá que responderlo frente a su propia conciencia. En mi caso particular, mis canciones como he dicho con mucha frecuencia son una crónica de mi vida, por eso en este disco encontrarás canciones como 'Amada tierra mía', 'Soledad de multitudes', 'A pesar del poder' y 'Tan solo una señal', por ejemplo.

Estas canciones recogen lo que siento y pienso, pero yo siempre apelaré a la esperanza y al amor como vías de sanación. Cuba me toca de cerca, pero te confieso que el mundo actual también me espanta.

A pesar del poder habla de algo que para mí es muy importante, hay una parte del ser humano que ningún poder debería lograr arrebatarnos: la dignidad, la memoria, la libertad interior, la capacidad de amar. Y yo quiero seguir cantando desde esos espacios.

P.: Llegamos al décimo mandamiento, aunque este decálogo no prohíbe nada y, tratándose de cubanos, tampoco estaba destinado a ser obedecido. Almas comunes habla de memoria, dignidad y esperanza sin ignorar el dolor. Cuando termine el concierto y el público salga del Ateneo hacia la noche de Madrid, ¿qué quisiera que cada persona llevara consigo: una melodía, una certeza, una pregunta o el deseo de volver a alguna parte?

R.: ¡Qué responsabilidad me acabas de poner para terminar! No quisiera decidir qué tiene que llevarse cada persona. Esa es precisamente una de las maravillas de la música: tú entregas una canción y después ella hace su recorrido. Ese susto, es lo que me cautiva de los conciertos. Pero sí me gustaría que alguien saliera del Ateneo sintiéndose un poquito menos solo.

Una canción nace muchas veces de algo muy íntimo. Escribes pensando en tu madre, en un amor, en tu país, en una ausencia, en una alegría. Y de pronto alguien que no conoces se acerca y te dice: "Esa canción habla de mí". Eso sigue pareciéndome un milagro.

Almas comunes habla de muchas cosas que son mías, claro, pero que seguramente son también de otros. La familia, la infancia, la patria, el amor, las pérdidas, la esperanza. Quizá ahí está el verdadero sentido del título. Creemos que estamos contando nuestra historia y, de repente, descubrimos que alguien estaba viviendo algo parecido al otro lado del mundo.

Así que me conformaría con poco y con muchísimo: que alguien salga tarareando una canción; que recuerde a una persona querida; que tenga ganas de hacer una llamada pendiente; que piense en una casa a la que quisiera volver. O simplemente que salga a la noche de Madrid un poco más acompañado. Después puede regresar tranquilamente al sofá (risas).