Guillermina Mekuy, aterrizó en España con seis años, portando en su maleta una historia que ahora comparte con el mundo.

Guillermina Mekuy, aterrizó en España con seis años, portando en su maleta una historia que ahora comparte con el mundo.

Referentes

Guillermina Mekuy, escritora ecuatoguineana: "En Tombuctú existía una de las universidades medievales más importantes"

La ex Ministra de Cultura y Turismo de Guinea Ecuatorial ha publicado su cuatra obra en la que reivindica las "cicatrices imborrables" del colonialismo.

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Tania Ortega
Publicada

Llegó a España con seis años. En su maleta no solo traía la herencia cultural de la tierra roja de Guinea Ecuatorial, su país de origen, sino un silencio que tardaría décadas en romperse.

Hoy, su voz resuena dentro del pensamiento descolonial en España. La escritora, política y empresaria Guillermina Mekuy ha decidido que la historia de su continente, África, no puede seguir contándose desde la periferia del trauma, sino desde una soberanía intelectual que proyecta su propio futuro.

Quien fuera ministra de Cultura y Turismo en Guinea Ecuatorial presenta su cuarto libro: Las cicatrices imborrables del colonialismo en África. De madre a hijo: una carta de amor y esperanza. Un ensayo que concibe como "una obra híbrida que entrelaza historia, política y narración. Una propuesta que combina datos técnicos con la memoria y la identidad africana".

Decidió escribir el libro en formato de carta dirigida a su hijo, Luis Guillermo, que actúa como el interlocutor simbólico que recorre cada capítulo.

Mekuy sostiene: "A través de cartas dirigidas a él, explico qué fue y qué sigue siendo el colonialismo, con la intención de despertar conciencia y sentido de pertenencia".

La autora articula un ensayo que recorre desde la génesis y el impacto del sistema colonial, entendido como un proceso de extracción de recursos y desarticulación social, hasta el complejo tránsito a la descolonización y el surgimiento de los nuevos Estados africanos.

La obra también analiza el papel de la globalización y la persistente explotación de recursos que genera desigualdades estructurales.

El libro es una obra escrita en forma de carta a su hijo para despertar su conciencia y sentido de pertenencia.

El libro es una obra escrita en forma de carta a su hijo para despertar su conciencia y sentido de pertenencia. Foto Cedida.

El relato culmina proyectando a África como un actor geopolítico con agenda propia, impulsado por un espíritu panafricano que no busca venganza, "sino justicia por derecho y porvenir".

Como señala la autora, con más del 60% de la población menor de 25 años, esta juventud ya lidera referentes globales y demanda modelos de desarrollo, tecnología y educación que respeten su historia.

En esta entrevista para ENCLAVE ODS, Mekuy desnuda las estructuras del neocolonialismo y explica por qué la memoria es la única vía hacia una justicia global real.

Una conversación que huye del paternalismo para situar a África no como un sujeto que necesita tutores, sino como un interlocutor clave de la agenda geopolítica actual.

Memoria frente al olvido

Pregunta: ¿Por qué decidió usar como herramienta narrativa una carta para su hijo?

Respuesta: Es probablemente la conversación más íntima que he tenido con la historia. Podía haber escrito un ensayo histórico sobre el colonialismo, pero sentí que eso no bastaba. Necesitaba una forma de explicar esas heridas desde un lugar más humano.

La carta nace de una preocupación muy sencilla y profundamente maternal: no quería que mi hijo creciera sin saber quién es ni qué historia corre por sus venas. Muchos jóvenes africanos conocen mejor la historia de Europa que la de su propio continente. Ese vacío deja preguntas que nadie responde.

La carta me permitió hablarle con claridad, sin convertir el libro en un discurso amargo. Era la manera de explicarle el pasado sin transmitir miedo ni resentimiento, y al mismo tiempo dejarle un legado de conciencia.

P: ¿Qué quiso contar que ha quedado fuera de los relatos oficiales sobre África?

R: Quise contar que África tenía una historia sólida mucho antes de la llegada de Europa. Imperios como Mali o Songhai fueron centros de comercio, de administración política y de conocimiento.

En Tombuctú existía una de las universidades más importantes del mundo medieval, donde se estudiaban matemáticas, derecho, filosofía o astronomía. Las grandes rutas comerciales del Sáhara conectaban África con el Mediterráneo y Oriente mucho antes del periodo colonial.

Pero también quise hablarle de algo más difícil de explicar: del daño interior que puede producirse cuando durante generaciones se repite a un pueblo que su cultura vale menos.

Ese daño no aparece en los libros de historia, pero existe. África no empezó con la llegada de Europa; África ya pensaba, comerciaba y enseñaba cuando muchos de esos relatos aún no existían.

Muchas veces se sigue contando una historia incompleta. África aparece como si hubiera comenzado con la colonización. Cuando se borra la memoria de un pueblo, también se debilita la forma en que ese pueblo se reconoce a sí mismo.

Guillermina Mekuy analiza el nexo entre el desarrollo europeo y la explotación de África: No hay justicia global sin mirar la herida.

Guillermina Mekuy analiza el nexo entre el desarrollo europeo y la explotación de África: "No hay justicia global sin mirar la herida". Foto Cedida

Identidad frente al rencor

P: ¿Cómo se escribe sobre estas heridas para que el legado sea de conciencia y no de resentimiento o prisión emocional?

R: Significa intentar comprender sin vivir atrapada en el rencor. El resentimiento puede convertirse en otra forma de prisión emocional. Y mi intención no era escribir un libro que mantuviera a África encerrada en el pasado. Quería explicar lo ocurrido con claridad, pero también dejar espacio para pensar el futuro.

Frantz Fanon escribió que el verdadero desafío después de la colonización era que los pueblos colonizados pudieran reconstruir su propia conciencia sin repetir el odio que habían sufrido. Mi hijo merece conocer la historia. Pero también merece vivir sin sentirse prisionero de ella.

Más que un legado de datos históricos me gustaría que heredara conciencia de quién es. Que pueda caminar por el mundo sin sentir que tiene que justificarse por su origen. Que conozca su historia, pero que no viva atrapado en ella. Si este libro le ayuda a hacerse preguntas sobre su identidad y su lugar en el mundo, entonces habrá cumplido su propósito.

P: ¿Cuando se habla de colonialismo se piensa en pasado, ¿qué estructuras de neocolonialismo y dependencia económica identifica hoy?

R: El colonialismo clásico terminó, pero algunas estructuras continúan bajo otras formas. Muchas economías africanas siguen dependiendo de la exportación de materias primas mientras el valor económico se genera fuera del continente.

Multinacionales extranjeras explotan recursos minerales, energéticos o agrícolas, mientras muchos territorios continúan cargando con deudas externas que condicionan sus políticas económicas.

Hace décadas, líderes africanos ya advirtieron sobre este riesgo. Kwame Nkrumah hablaba de neocolonialismo para describir esta situación: países políticamente independientes, pero económicamente dependientes. Un país puede parecer libre y, sin embargo, seguir siendo prisionero de estructuras que otros controlan.

P: ¿Qué cree que Europa todavía no termina de mirar de frente en su relación con el continente?

R: Europa mantiene con África una relación profundamente marcada por la historia. Durante siglos, el desarrollo europeo estuvo ligado a la explotación de nuestras tierras y a la reorganización de sus economías. Ese vínculo rara vez aparece cuando hoy se habla de desigualdad global.

A veces Europa se acerca a África desde una mirada paternalista, como si el continente necesitara ser guiado. No necesita tutores; necesita interlocutores.

P: ¿Es posible hablar de justicia global y esperanza sin revisar primero la memoria y la herida colonial?

R: No. La desigualdad global no apareció de la nada. Tiene raíces muy claras en la historia. Cuando se analizan las economías, las fronteras o las dependencias financieras actuales, muchas de ellas nacen en el periodo colonial y continúan influyendo en el presente.

Hablar de justicia global sin revisar esa memoria sería como intentar curar una herida sin mirar primero dónde está. No se puede hablar de justicia global sin comprender primero cómo se construyó el mundo en el que vivimos.

Porque contar solo la violencia sería aceptar que esa es la única historia posible. África ha sufrido enormemente, pero también ha producido pensamiento, cultura, música, literatura y conocimiento.

Ha seguido avanzando incluso en las circunstancias más difíciles. Si un libro sobre el colonialismo terminara únicamente en el trauma, dejaría a las nuevas generaciones sin horizonte. Quería que mi hijo entendiera el pasado, pero también que pudiera imaginar el futuro.