La trajeron en una camilla improvisada mientras el sol de la tarde caía con fuerza sobre el techo de nuestra sala de maternidad. Durante dos días, su familia y una partera tradicional habían intentado todo lo que sabían para ayudarla a dar a luz. Solo cuando comenzó a sangrar abundantemente su marido decidió llevarla al Hospital Regional de Bay (Baidoa, Somalia), apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF). Cuando llegó, estaba inconsciente. Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos. Su bebé sobrevivió, pero ella no. Murió al día siguiente.

Cada día veo lo que ocurre cuando las mujeres no logran llegar a tiempo a recibir atención médica. No es porque no quieran venir. Es porque el camino —tanto el físico como el marcado por decisiones tomadas por otras personas— es largo y difícil.

En Somalia, las familias suelen intentar primero atender el parto en casa. Es lo que conocen. Es lo que hicieron sus madres y sus abuelas. Llaman a parteras tradicionales, mujeres de la comunidad que han ayudado a muchas madres a dar a luz. Pero cuando algo sale mal, cuando el sangrado no se detiene o el bebé no nace, la familia debe tomar una decisión: emprender el viaje al hospital.

Ese viaje no es fácil. Alrededor del 70% de las mujeres que atendemos vienen de fuera de la ciudad de Baidoa. Algunas recorren 30 kilómetros o más. En esta región, 30 kilómetros pueden significar un día entero de viaje. Las carreteras están en mal estado. La inseguridad y los controles retrasan el trayecto. Y para muchas familias está el coste del transporte, un gasto que tal vez no puedan permitirse.

Somalia tiene una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo: alrededor de 563 muertes por cada 100.000 nacimientos vivos. Solo aproximadamente uno de cada tres partos es atendido por personal sanitario cualificado. Hay apenas 1,5 matronas por cada 10.000 personas. Esto significa que demasiadas mujeres dan a luz solas o con ayuda que no puede hacer frente a las complicaciones cuando aparecen.

Lo que más me preocupa ahora es que los pocos servicios que existen están en riesgo. El sistema sanitario de Somalia depende casi por completo del apoyo externo. Los recientes recortes de financiación ya han obligado a cerrar algunos centros de salud. La Organización Mundial de la Salud advierte que más de 600 instalaciones sanitarias en todo el país podrían cerrar. Si eso ocurre, las mujeres tendrán que recorrer distancias aún mayores, y algunas no lograrán llegar.

La ciudad de Baidoa acoge a más de 700.000 personas que han huido de la sequía y del conflicto. Viven en campamentos, lejos de sus hogares. La presión sobre el hospital que apoyamos es enorme. Cada día vemos mujeres que han caminado o viajado durante horas mientras sangraban, o que llegan demasiado tarde para que podamos salvar a sus bebés.

Aun así, seguimos aquí. En 2025, nuestro equipo en el Hospital Regional de Bay asistió cerca de 4.000 partos. Tratamos a 19.000 niños por desnutrición. Realizamos decenas de miles de consultas, de forma gratuita. Detrás de cada cifra hay una vida: una madre que sobrevivió, un bebé que respiró por primera vez, un niño que logró recuperarse.

A veces, incluso después de que una mujer llega hasta nosotros, nos enfrentamos a momentos difíciles. Cuando se necesita cirugía o una transfusión de sangre, los miembros de la familia deben dar su aprobación. Esto puede llevar tiempo. Las familias quieren hacer lo mejor, pero quizá no comprendan plenamente la urgencia de la situación. Pueden sentir miedo o tener ideas equivocadas. Explicamos, orientamos, esperamos. A veces, esperamos demasiado.

Lo que Somalia necesita no es complicado, pero sí requiere compromiso: más matronas y trabajadores sanitarios, formados y desplegados en las comunidades para que las mujeres tengan apoyo cerca de casa; carreteras y ambulancias que funcionen, para que el viaje al hospital no dure un día entero; y centros de salud que permanezcan abiertos, financiados y con personal suficiente.

Toda madre tiene derecho a dar a luz con seguridad. Todo bebé tiene derecho a respirar por primera vez. El llanto de un recién nacido en una sala de maternidad es un sonido de esperanza. Debemos asegurarnos de que más madres y más bebés en Somalia puedan escucharlo.

*** Shaheen Bibi es responsable de matronas de MSF en el Hospital Regional de Bay.