En España, el desperdicio alimentario sigue siendo un problema estructural que, paradójicamente, se gesta en el lugar donde más conciencia creemos tener: el hogar.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en nuestro país tiramos a la basura cerca de 1,2 millones de toneladas de alimentos al año, y más de la mitad de ese desperdicio se produce en los hogares. No en la gran distribución ni en los restaurantes, en nuestras cocinas y en nuestro día a día.
A pesar de que se están produciendo avances significativos y las cifras han alcanzado los niveles más bajos desde que se tienen registros, el margen de mejora tiene el foco puesto en nuestros hogares.
No se trata de grandes errores, sino de pequeñas y repetidas decisiones que a menudo, sin mala intención, acaban teniendo un impacto en el sistema alimentario y en el medioambiente.
La planificación de la alimentación permite establecer una relación más ordenada y consciente de los alimentos que entran a los hogares.
Pensar las comidas con una visión semanal, anticipar qué productos se van a necesitar y organizar su uso a lo largo de varios días contribuye a reducir de forma notable el desperdicio, alinear la compra con el consumo real y facilitar la gestión diaria de las comidas.
Cuando existe una organización previa, los alimentos encuentran un propósito desde el momento en que se adquieren. Esto no solo tiene un impacto positivo en la reducción del desperdicio, sino también en otros ámbitos clave del día a día.
Permite optimizar el tiempo dedicado a la cocina, mejorar el control del presupuesto y reforzar la percepción de que comer bien es compatible con los ritmos de vida actuales. Además, combatir el desperdicio alimentario tiene un impacto directo en el medioambiente.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) el desperdicio de alimentos genera cerca del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, una cifra similar a la de todo el transporte por carretera.
Por lo tanto, en un contexto en el que las personas son cada vez más conscientes de la importancia de cuidar el planeta, reducir el desperdicio en los hogares es una de las acciones más inmediatas y efectivas que podemos asumir como sociedad.
De hecho, esta realidad ha llevado a que en España se impulse una ley específica para la prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que pretende reducir a la mitad las pérdidas de comida para 2030, a través de un consumo más responsable en todos los eslabones de la cadena, incluidos los hogares.
El cambio, por tanto, no requiere gestos heroicos, sino soluciones prácticas y conscientes, adaptadas a la vida real. Educación alimentaria, información clara y propuestas que simplifiquen la gestión diaria de las comidas son claves para poder seguir avanzando.
Cuando las personas cuentan con herramientas que les permiten planificar, medir las cantidades y consumir de forma más consciente, el desperdicio deja de ser parte del día a día.
***Efrén Álvarez es co-CEO y cofundador de Wetaca.