Fran Panella.

Fran Panella. Cedida

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Fran Panella, ganadero: "Para mí, trabajar en la naturaleza es estar todos los días de fiesta. No me voy a jubilar"

El ganadero recupera la trashumancia tradicional en Oliva-Pego como herramienta clave para la biodiversidad y el territorio.

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La ganadería extensiva y tradicional lucha por sobrevivir, pese a la tecnificación del sector. Sin embargo, en el corazón del Parque Natural de la Marjal de Oliva-Pego, un hombre demuestra a diario que el pastoreo sigue siendo un motor insustituible para la conservación del paisaje mediterráneo.

Fran Panella gestiona un rebaño que produce de forma sostenible, además de moldear y proteger el ecosistema. Para el ganadero, el campo no es una obligación pesada, sino una elección vital que abraza con orgullo.

Su historia forma parte de Vidas Protegidas, la webserie audiovisual de la campaña Nuestros Espacios Protegidos, que muestra el vínculo de las personas con estos entornos naturales.

La rutina empieza al amanecer, recorriendo un humedal de alto valor ecológico donde sus animales juegan un papel crucial en la prevención de incendios, el desbroce natural y la conservación de la biodiversidad.

El arraigo de Panella al campo comenzó en su infancia, lejos de las lógicas comerciales y muy cerca de las costumbres familiares. Siendo apenas un niño, el pastoreo se convirtió en su actividad favorita al salir del colegio.

"Mi afición por la ganadería me viene desde pequeño, cuando tenía 10 o 12 años e iba con mi tío Miguel a pastar las ovejas". Aquel juego infantil, en el que ayudaba a encerrar el ganado, fue el germen de una trayectoria que ha definido toda su existencia.

Su relación con los animales evolucionó rápidamente de un entretenimiento a una vocación inquebrantable. "Era una afición que llegó a ser luego una pasión y ha sido toda mi vida la pasión por la ganadería, por las ovejas, las cabras y los caballos".

Equilibrio en el humedal

En la actualidad, Panella maneja un rebaño mixto que incluye vacas, ovejas y cabras. Juntos pasan la mayor parte del año en la Marjal de Oliva-Pego, un entorno que el ganadero describe como un territorio clave para el bienestar de sus animales debido a la abundancia de vegetación.

Parque Natural de la Marjal de Oliva-Pego.

Parque Natural de la Marjal de Oliva-Pego. Cedida

"El parque natural para nosotros es un sitio entrañable, precioso, que nos da mucha vida". A pesar de ser un espacio protegido donde confluyen múltiples intereses económicos, vecinales y turísticos, la gestión del pastoreo ha logrado convertirse en un nexo de unión. Aquí, el entendimiento mutuo entre todos los actores locales es la clave de su éxito.

"Tenemos una gran colaboración por parte de la dirección del parque y los ayuntamientos de Pego y Oliva. Convivimos todos con armonía y muy buen rollo", apunta.

Aliados del ecosistema

El ganado que Panella introduce en la marjal además de alimentarse, realiza una labor de desbroce mecánico natural. Y es que al consumir la vegetación más densa y los carrizales, los animales abren pasillos que limpian el terreno y previenen incendios destructivos.

"A través de la ganadería, hemos conseguido crear un ambiente fantástico para las aves migratorias y autóctonas", explica.

Esta limpieza del entorno permite que la luz solar penetre mejor y que el agua fluya adecuadamente. Las aves encuentran así espacios limpios y seguros, lejos de los depredadores terrestres, transformando la presencia del ganado en un beneficio directo para la fauna.

"Traemos las vacas para hacer caminos y abrir zonas en las cuales las aves pueden anidar mejor y tener una calidad de vida superior", comenta Panella.

Rutas vivas

El ciclo de manejo animal en la explotación de Panella se rige estrictamente por el calendario de las estaciones. "Cuando se termina el mes de septiembre, ya tenemos que empezar a recoger el ganado y a trasladarnos a hacer la trashumancia", indica.

Los animales pasan todo el invierno resguardados en los montes del interior hasta que el buen tiempo regresa en primavera. En mayo, el rebaño vuelve a descender al humedal para reanudar el ciclo, un movimiento estacional que salva del olvido una red de caminos históricos indispensables.

"Gracias a estas trashumancias continúan en vigor las vías pecuarias, que ahora se estaban perdiendo y las estamos volviendo a activar".

Vocación eterna

La dureza del oficio y el sacrificio que exige no merman el optimismo de Panella. Para él, el día a día rodeado de campos de arroz, agua y animales compensa cualquier madrugón o inclemencia del tiempo. "Para el que le gusta la naturaleza y vive esto, es estar todos los días de fiesta porque le apasiona lo que hace".

A sus años, mientras muchos compañeros de generación planean el descanso laboral, el pastor de la marjal no concibe su vida lejos de sus animales. El retiro no entra en sus planes a corto ni a largo plazo: "Si no es por un motivo de enfermedad, no creo que me vaya a jubilar. Yo voy a continuar trabajando hasta que Dios quiera".

El testimonio de Panella refleja la importancia de defender un modelo rural donde la tradición y el cuidado del planeta se retroalimentan.

Cuidar de nuestros espacios protegidos nos permite prevenir incendios, proteger ecosistemas clave y garantizar que la vida en el campo siga ofreciendo un futuro sostenible, cimentado en el respeto a la naturaleza y el orgullo de nuestras raíces.