239 personas han muerto y 3.755 han resultado heridas, según el último balance.

239 personas han muerto y 3.755 han resultado heridas, según el último balance. Sergio Acero REUTERS

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El terremoto de Colombia deja una segunda emergencia tras los escombros: desigualdad, miedo y vidas por reconstruir

El seísmo de magnitud 7,4 deja cientos de muertos, miles de heridos y miles de familias afectadas, mientras la ayuda se enfrenta ahora a las consecuencias.

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El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el lunes 10 de agosto ha dejado al menos 239 muertos, 3.755 heridos y 287 desaparecidos, según el último balance de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), divulgado este miércoles 12 de agosto.

El epicentro se situó en San José del Palmar, en el departamento del Chocó. El sismo ha afectado a 24.324 familias y ha obligado a desplegar equipos de búsqueda y rescate mientras las autoridades continúan evaluando la magnitud de los daños.

El Instituto de Medicina Legal había recibido hasta este miércoles 202 cuerpos y había identificado 121 para entregarlos a sus familias. Entre los desaparecidos figuran 75 españoles, según las autoridades nacionales.

Por el momento, el Gobierno español ha anunciado un primer paquete de un millón de euros a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) para atender las necesidades básicas.

La destrucción alcanza también a viviendas, centros sanitarios, escuelas y carreteras: 1.136 hogares han quedado destruidos y 8.357 afectados, mientras que al menos 85 centros de salud, unos 807 centros educativos y 74 tramos viarios presentan daños. Mientras tanto, las réplicas mantienen activa la sensación de amenaza en las zonas afectadas.

El problema, además, se agrava cuando se tiene en cuenta que el impacto de un terremoto no termina cuando deja de moverse el suelo. Tan solo comienza. Detrás de las cifras existe otra emergencia, menos visible, marcada por el miedo, la incertidumbre y la ruptura repentina de las rutinas.

El miedo permanece

Cruz Roja Española explica que, durante las primeras horas y días, el cerebro interpreta el seísmo como una amenaza para la vida y activa mecanismos de supervivencia.

El miedo, la tristeza, la angustia, los problemas de sueño, la irritabilidad, las dificultades de concentración o la sensación de irrealidad pueden aparecer después de una catástrofe de esta magnitud.

En el caso de los terremotos se añade el temor a las réplicas, que puede llevar a evitar edificios, permanecer alerta ante cualquier ruido o movimiento o preferir dormir al aire libre.

Estas reacciones no implican necesariamente la aparición de un trastorno mental. Lo importante es observar su intensidad, duración y evolución.

Eso sí, Cruz Roja recomienda buscar ayuda profesional cuando el sufrimiento persiste, empeora o interfiere de manera significativa en la vida cotidiana.

1.136 viviendas quedaron destruidas y otras 8.357 resultaron dañadas.

1.136 viviendas quedaron destruidas y otras 8.357 resultaron dañadas. Luisa Gonzalez REUTERS

Entre las señales de alerta se encuentran el insomnio persistente, las pesadillas frecuentes, la ansiedad intensa, el aislamiento social, la evitación extrema de lugares relacionados con el desastre o la incapacidad para retomar actividades básicas semanas después.

La recuperación también pasa por devolver a las personas pequeñas parcelas de control.

En ese sentido, mantener horarios para dormir y comer, organizar tareas sencillas, conservar el contacto con familiares y personas de confianza y disponer de información fiable puede reducir la incertidumbre. En los albergues, contar con privacidad, actividades comunitarias y capacidad para participar en decisiones cotidianas también ayuda a recuperar cierta estabilidad.

La información puede convertirse, sin embargo, en una fuente adicional de angustia. Las redes sociales permiten localizar personas y organizar ayuda, pero la exposición constante a imágenes de destrucción, testimonios y rumores puede mantener activado el estado de alerta.

Por ese motivo, Cruz Roja recomienda recurrir a fuentes oficiales, evitar contenidos no verificados y establecer momentos concretos para informarse.

El acompañamiento de familiares, vecinos y voluntarios adquiere especial importancia.

Los expertos apuntan a que escuchar sin juzgar, reconocer las emociones y preguntar qué necesita la persona afectada resulta más útil que intentar minimizar lo ocurrido con frases como "Todo va a salir bien" o "Lo importante es que estás vivo".

Y es que, cuando alguien está especialmente alterado, tampoco es necesario que relate inmediatamente lo sucedido. Hablar con calma, ofrecer agua, acompañarle a un lugar tranquilo o ayudarle a concentrarse en elementos concretos de su entorno puede contribuir a recuperar una mínima sensación de seguridad.

Infancia, educación y protección

Los niños y adolescentes afrontan además una ruptura particular de aquello que les permite sentirse seguros. La pérdida o interrupción de la vivienda, la escuela, los espacios de juego y el contacto con sus referentes adultos puede transformar de golpe su vida cotidiana.

Claudia Montealegre, gerente territorial de World Vision Colombia, señala que, aunque las primeras horas se concentran necesariamente en salvar vidas, garantizar agua, alimentos, alojamiento y atención médica, existen necesidades infantiles que pueden quedar menos visibles, como la protección frente a la violencia, la explotación y el abuso y el acompañamiento psicosocial.

"Proteger a un menor también es salvar su vida y garantizar sus derechos", subraya Montealegre. De ahí que, para World Vision, identificar desde el comienzo quién es la población infantil afectada, con quién se encuentra y cuáles son sus necesidades resulte fundamental.

La pérdida de la vivienda puede agravar los riesgos. Pese a que un albergue ofrece protección frente a la intemperie, también puede generar problemas de privacidad y nuevas situaciones de vulnerabilidad.

Entre los peligros adicionales figuran la separación familiar, la violencia, el abuso sexual, la explotación, el trabajo infantil y la interrupción educativa.

Recuperar una rutina aparentemente sencilla adquiere así un valor decisivo. Saber dónde se va a dormir, cuándo se va a comer, dónde están los padres o cuidadores y cuándo será posible volver a jugar o estudiar ayuda a reconstruir referencias después de una experiencia que las ha alterado.

El juego tampoco es un elemento accesorio. World Vision lo considera un espacio para expresar emociones, relacionarse y procesar experiencias difíciles. Razón por la que recuperar lugares seguros, mantener el contacto familiar y facilitar actividades educativas y recreativas forma parte de la protección infantil.

La interrupción de las clases afecta a unos 807 centros educativos.

La interrupción de las clases afecta a unos 807 centros educativos. Raquel Cunha REUTERS

La escuela desempeña una función similar. Para Ángela Anzola De Toro, presidenta ejecutiva de Fundación PLAN de la oficina de Plan Internacional en Colombia, los centros educativos proporcionan aprendizaje, pero también permiten detectar situaciones de riesgo, mantener vínculos con adultos de confianza y facilitar el acceso a otros servicios.

De hecho, cuando dejan de funcionar, pueden aumentar riesgos como la violencia basada en género, la explotación, los matrimonios y uniones infantiles, tempranas y forzadas, el embarazo infantil forzado o la sobrecarga de cuidados.

Por ello, Fundación PLAN considera prioritario recuperar cuanto antes espacios seguros de aprendizaje, aunque los edificios hayan quedado dañados. Y, cuando no sea posible reabrirlos, plantea áreas temporales, materiales educativos y apoyo psicosocial junto al trabajo con docentes, familias y comunidades.

"La educación en una emergencia salva vidas y protege", sostiene Anzola De Toro.

Amplificar desigualdades

La magnitud de una catástrofe depende de la fuerza del terremoto, pero a eso se suman también las condiciones que encuentra. La seguridad de las viviendas, el acceso a servicios sanitarios, las carreteras, las comunicaciones, los recursos económicos y las redes familiares condicionan la capacidad de una comunidad para afrontar el desastre.

Para Montealegre, quienes ya vivían en condiciones de pobreza, aislamiento o dificultades de acceso a servicios parten de una posición más vulnerable. Y es que, para estas familias, una emergencia como la ocurrida se traduce en la pérdida simultánea de vivienda, medios de vida, educación y atención sanitaria.

"La desigualdad no nace con el terremoto, este solo la amplifica", afirma Anzola De Toro. Por ese motivo, Fundación PLAN pone especialmente el foco en Chocó, donde las dificultades de infraestructura y comunicación ya condicionaban la vida cotidiana antes del sismo.

La falta de conectividad también puede determinar quién recibe ayuda y cuándo. Noelia Monge, responsable del equipo de emergencias de Acción contra el Hambre, explica que las primeras evaluaciones se realizan necesariamente con información incompleta.

287 personas continúan desaparecidas, entre ellas 75 españoles, según las autoridades españolas.

287 personas continúan desaparecidas, entre ellas 75 españoles, según las autoridades españolas. Sergio Acero REUTERS

Es decir, las organizaciones deben decidir dónde intervenir mientras todavía desconocen parte del alcance de los daños y revisar sus prioridades a medida que llegan nuevos datos.

"La clave es no esperar a tener toda la información para empezar a actuar", señala Monge. En las zonas de difícil acceso, las organizaciones recurren a autoridades locales, comunidades y entidades que ya trabajan sobre el terreno.

En ese sentido, las carreteras cortadas, los puentes destruidos y las comunicaciones interrumpidas pueden dificultar tanto el traslado de suministros como el conocimiento de las necesidades. Incluso, en algunos territorios puede ser necesario recurrir a embarcaciones o animales de carga para llegar hasta poblaciones aisladas.

Esta dificultad logística explica por qué una necesidad detectada no siempre puede atenderse de inmediato. Pues, en estas ocasiones, disponer de agua, alimentos o material sanitario en un almacén no significa que esos recursos hayan llegado a las personas que los necesitan.

La emergencia, además, no afecta de la misma manera a todos los territorios. Las necesidades dependen del grado de destrucción y de las condiciones previas. Por eso, según las organizaciones consultadas, la respuesta debe adaptarse a cada comunidad y reforzar especialmente a quienes ya se encontraban en una situación de mayor vulnerabilidad.

La acción humanitaria también cambia con el paso de las horas. En las primeras 72, el objetivo principal es salvar vidas, rescatar supervivientes y atender a los heridos.

Adquirir agua potable, un refugio seguro y atención médica de urgencia adquieren un peso inmediato, mientras los primeros auxilios psicológicos permiten acompañar a quienes se encuentran en estado de shock o sufren un impacto emocional intenso.

Después cobran importancia el saneamiento, la distribución de alimentos y las soluciones de alojamiento que puedan mantenerse durante semanas. Más adelante aparecen necesidades relacionadas con la recuperación de los medios de vida, los ingresos familiares, la vivienda y la continuidad educativa.

No existe, sin embargo, una frontera exacta entre estas etapas. Una familia puede necesitar alojamiento mientras intenta recuperar sus ingresos, y un niño puede requerir apoyo psicológico al mismo tiempo que vuelve a estudiar.

El agua segura, el saneamiento y el alojamiento son algunas de las prioridades tras el terremoto.

El agua segura, el saneamiento y el alojamiento son algunas de las prioridades tras el terremoto. Luisa Gonzalez REUTERS

El agua y el saneamiento constituyen uno de los primeros desafíos. De hecho, Acción contra el Hambre advierte de que la falta de hidratación segura dificulta mantener unas condiciones adecuadas de higiene y puede aumentar el riesgo de enfermedades, especialmente en asentamientos improvisados.

El alojamiento también debe contemplarse desde la perspectiva de la protección. No basta con disponer de un techo, los espacios temporales deben ofrecer unas condiciones mínimas de seguridad y privacidad, especialmente para mujeres, niñas, niños y otras personas expuestas a riesgos específicos.

La misma lógica se aplica a la salud mental. Los primeros auxilios psicológicos pueden ser necesarios inmediatamente después del desastre, pero algunas personas necesitarán acompañamiento durante mucho más tiempo.

Cruz Roja recuerda que no existe un plazo estándar para recuperar la normalidad y que el apoyo familiar, comunitario e institucional puede favorecer el proceso.

Qué ocurre después

Uno de los grandes retos comienza cuando desaparecen las imágenes de los equipos de rescate, dado que la atención pública suele concentrarse en los primeros días. Sin embargo, la reducción de la cobertura informativa no significa que las necesidades hayan desaparecido.

"Un terremoto puede durar segundos o minutos, pero sus daños y consecuencias pueden permanecer meses o incluso años", recuerda Anzola De Toro.

La recuperación temprana implica comprobar si las escuelas pueden funcionar de forma segura, si los centros sanitarios y los servicios de protección han retomado su actividad, si las familias pueden volver a generar ingresos y si las autoridades locales tienen capacidad para responder.

Para las familias, esta etapa puede significar reconstruir una vivienda, recuperar los medios de vida y restablecer las redes de apoyo.

Para los niños, implica volver a espacios seguros de aprendizaje y juego. Y, en el caso de las niñas y adolescentes, mantener los mecanismos de protección resulta especialmente importante cuando las estructuras comunitarias todavía no funcionan con normalidad.

Fundación PLAN defiende además que las comunidades afectadas participen en las decisiones sobre la ayuda. Bajo su punto de vista, las personas damnificadas no deberían limitarse a recibir asistencia diseñada desde fuera, porque las soluciones pueden no responder a sus necesidades reales.

"Cuando decidimos desde afuera qué necesitan las personas afectadas por una emergencia, podemos equivocarnos incluso teniendo las mejores intenciones", explica Anzola De Toro. Por esa razón, escuchar a las comunidades permite adaptar la asistencia a las características de cada territorio y evitar que una ayuda bien intencionada termine siendo poco útil.

Esa participación resulta especialmente relevante en lugares donde las condiciones previas ya dificultaban el acceso a servicios. En concreto, en Chocó, las deficiencias de infraestructura y conectividad pueden prolongar la llegada de la ayuda y dificultar la recuperación.

Coordinar la solidaridad

La ayuda particular tampoco está exenta de dificultades. Acción contra el Hambre advierte de que enviar alimentos, ropa u otros productos sin coordinación puede generar problemas de transporte, almacenamiento y distribución. Además, los materiales pueden no coincidir con las necesidades reales o concentrarse en unas zonas mientras otras quedan desatendidas.

"La ayuda humanitaria no siempre consiste en enviar cosas", explica Monge. Y es que tras un terremoto puede ser más urgente reparar una infraestructura de agua, instalar letrinas, habilitar un punto de distribución o proporcionar atención sanitaria y psicológica.

Los envíos no coordinados pueden generar problemas de transporte, almacenamiento y distribución.

Los envíos no coordinados pueden generar problemas de transporte, almacenamiento y distribución. Andres Camilo Valencia REUTERS

Por ello, las organizaciones especializadas defienden las donaciones económicas como una forma de adaptar la respuesta a las necesidades que van apareciendo y, cuando es posible, realizar compras cerca de las zonas afectadas.

La logística constituye una emergencia dentro de la propia catástrofe. Razón de más por la que la coordinación también permite evitar duplicidades y aprovechar mejor los recursos.