Un hombre emplea fitosanitarios en un viñedo.

Un hombre emplea fitosanitarios en un viñedo. iStock

Historias

De los alteradores endocrinos a subestimar el riesgo: la amenaza invisible de los fitosanitarios en el campo español

El mayor peligro para quienes manipulan estas sustancias es el exceso de confianza que les hace prescindir de las medidas de protección.

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La agricultura moderna se enfrenta al desafío de producir alimentos de forma sostenible reduciendo los riesgos químicos y eso pasa por proteger a quienes trabajan la tierra. Es una prioridad sanitaria absoluta en la que la rutina diaria es el mayor enemigo preventivo, explica Javier Doñas, enfermero del trabajo de Quirónprevención.

El peligro no está en falta de formación o conocimiento, sino en el exceso de confianza, que suele relajar el uso imprescindible de los equipos de protección individual.

El especialista advierte de que la frase "nunca ha pasado nada" es la que precede a la manipulación peligrosa de concentrados. Asimismo, subraya que es muy habitual que los agricultores preparen químicos con las manos desnudas.

Los errores operativos graves incluyen la reutilización inadecuada de envases vacíos y omitir los tiempos de reentrada en una parcela donde se han esparcido antes los químicos. Respecto a esto, el enfermero recalca que la habituación al peligro rebaja la percepción del riesgo real. Para Doñas, el personal agrícola asume exposiciones que amenazan su bienestar.

La exposición accidental a plaguicidas por vía dérmica o respiratoria puede desencadenar cuadros clínicos agudos muy preocupantes. Ante la aparición de señales físicas alarmantes, Doñas sostiene que ningún síntoma percibido durante la aplicación de un fitosanitario puede considerarse normal. La interiorización de esta premisa resulta vital.

El portavoz detalla que hay que reaccionar ante cualquier afección que pueda derivar de la exposición a estos productos.

Manifestaciones como mareos, cefaleas intensas, náuseas, dificultad respiratoria o visión borrosa exigen intervención médica. "Ante cualquiera de estos síntomas hay que detener la actividad", sentencia tajante el enfermero. El afectado debe alejarse de forma urgente de la zona de exposición.

El peligro se vuelve invisible cuando entran en juego los denominados alteradores endocrinos. Doñas expone cómo este tipo de sustancias exógenas poseen la capacidad de imitar o bloquear la acción normal de las hormonas en el cuerpo humano.

Además, aclara que, debido a que el sistema endocrino funciona con cantidades moleculares muy pequeñas, dosis imperceptibles pueden provocar alteraciones severas. "Algunas sustancias son capaces de modificar su funcionamiento incluso a dosis muy bajas", recuerda el enfermero, desmontando la falsa seguridad de la baja exposición.

Aunque parezca que no se están sufriendo consecuencias, los efectos crónicos de los fitosanitarios con propiedades disruptoras pueden manifestarse décadas después de terminar la exposición laboral.

Por eso, Doñas argumenta que protegerse en el presente es la única vía real para proteger la salud del futuro, evitando el posterior desarrollo de patologías graves.

Estudios epidemiológicos vinculan exposiciones repetidas con linfomas, leucemia, párkinson, alteraciones espermáticas y tumores en la descendencia, como advierte Quirónprevención en su página web.

Incluso, el enfermero insiste en que no siempre existe una relación entre notar síntomas y sufrir daños. Una desconexión temporal que dificulta la concienciación de los operarios expuestos.

Es lo que ocurre con los disruptores endocrinos. La toxicología tradicional se quiebra ante ellos porque no presentan una respuesta lineal. El experto enfatiza que estas sustancias muestran efectos muy dispares, provocando daños severos a dosis bajas pero ninguno a niveles intermedios. Algo que obliga a modificar los esquemas preventivos tradicionales.

Para gestionar este paradigma, Doñas propone que la acción preventiva sectorial debe volverse altamente rigurosa e intransigente. Según explica el especialista, ya no basta con reducir la dosis recibida; es imprescindible sustituir los compuestos peligrosos y minimizar el contacto directo mediante protecciones eficaces.

El marco regulatorio europeo avanza firmemente en la prohibición de sustancias preocupantes para garantizar la protección de la salud. Para ilustrarlo, el enfermero menciona el caso del fungicida mancozeb, retirado tras ser calificado formalmente como alterador endocrino por las autoridades comunitarias competentes, priorizando el principio de precaución.

El portavoz de Quirónprevención se muestra categórico al decir que la autorización de un producto "no significa que esté exento de riesgos". Para él, solo se puede alcanzar un uso seguro cuando los protocolos técnicos se ejecutan impecablemente desde el principio hasta el final, respetando siempre las dosis recomendadas.

Gestos preventivos como leer las etiquetas, revisar la maquinaria y respetar los tiempos de seguridad salvan vidas en el campo. El enfermero asegura que estas pautas básicas de seguridad no son meros trámites burocráticos, sino decisiones conscientes que marcan la diferencia en la salud colectiva.

En esta transición necesaria hacia un modelo agrícola sostenible, el papel de las entidades especializadas resulta estratégico. Por eso, Doñas destaca el valor de los equipos multidisciplinares de Quirónprevención. Recalca que la formación continua permite transformar la forma en que el operario percibe el riesgo químico.

"La vigilancia de la salud, especialmente liderada desde enfermería, actúa como un sistema de alerta precoz", afirma con orgullo profesional. Esta labor permite detectar posibles efectos adversos antes de que se hagan evidentes, logrando ajustar de forma dinámica todas las medidas preventivas necesarias.

El especialista sintetiza su experiencia en tres consejos innegociables para el sector: usar siempre la protección adecuada, leer la etiqueta y jamás ignorar una señal física. "Adelantarse sigue siendo la forma más eficaz de evitar problemas serios", concluye Doñas firmemente.